FRANCIA

Los caminos del flamenco pasan por Nimes

La ciudad del sur de Francia acaba de celebrar la 33 edición de un festival imprescindible para la creación actual

El guitarrista Rafael Riqueni, durante la presentación de su disco ’Herencia’. / Sandy Korzekwa / Festival de Flamenco de Nîmes

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“Cuando vino Camarón estaba ya muy cansado, casi no podía caminar solo, pero se sentó en el escenario y se hizo la magia. Recuerdo ese recital como si hubiera sido ayer”. A François Noël se le encienden los ojos y sonríe ampliamente al recordar el penúltimo concierto de Camarón de la Isla. Fue en el Festival de Flamenco de Nimes de 1992, una de sus primeras ediciones. Noël dirige el teatro y el festival de esta localidad del sur de Francia próxima a Arlés, Avignon y Marsella, que ha celebrado este mes de enero su 33 edición, la última bajo su batuta, ya que a finales de mes se jubila.

Todas las grandes figuras del flamenco de las últimas décadas han pasado por los escenarios de esta ciudad de poco más de 150.000 habitantes. En la de 2023, bailaores como Rocío Molina, Israel Galván o Andrés Marín reconocían públicamente que sus carreras no serían las que son sin el apoyo de un festival que dedica una parte de su presupuesto a financiar la creación, bien coproduciendo o también ofreciendo residencias -el teatro les cubre la vivienda y les permite ensayar en su espacio-. Nacido como un concurso de guitarra en 1990 por el impulso de un inmigrante español aficionado al flamenco, José Poza Baeza, más conocido como Pepe Linares, el festival se ha convertido en una cita imprescindible para este arte.

“Nimes es un cruce de caminos entre diferentes regiones de Francia, está próxima a España y también próxima a Andalucía por la cantidad de gente de allá que ha venido a trabajar aquí”, explica Noël. Desde la posguerra primero, y con la oleada de emigrantes de los años 60-70 después, la presencia española en la ciudad es abrumadora. “Yo creo que realmente está anclada aquí hasta el punto de formar parte de la cultura local, diría incluso regional. Lo veo a través del público”.

Por número de asistentes, es el segundo festival de flamenco en importancia del país galo, por detrás del que tiene lugar en Mont-de-Marsan -en la región de Las Landas, suroeste- en verano. Pero si se tiene en cuenta el nivel de apoyo a este arte, el de Nimes está al mismo nivel de relevancia que las dos grandes citas del flamenco, la Bienal de Sevilla y el Festival de Jerez.

La programación ha ido evolucionando desde sus inicios hasta consolidar una muestra que, durante diez días, trata de subir a las tablas las diferentes corrientes que conviven en el flamenco. Este año, las mayores ovaciones han sido tanto para las propuestas más contemporáneas de la reciente Premio Nacional de Danza, Ana Morales, con su obra Peculiar, o la Yinka Esi Graves, que con el estreno de The Disappearing Act puso en pie al público, como las más tradicionales: la de la cantaora Marina Heredia o la del bailaor madrileño Alfonso Losa. El cierre del guitarrista Rafael Riqueni, que hizo un recital sin ningún acompañante en el escenario, fue tan aplaudido que el sevillano llegó a hacer tres bises. “¡Esto es increíble!” dijo el músico, abrumado por la respuesta del público.

Primero fue el concurso

El festival nació como un concurso de guitarra al que después se añadió otro de cante. Pepe Linares, su artífice, consiguió que el teatro les apoyara dejando que los ganadores se presentaran allí en concierto, y ese fue el verdadero origen del festival. El presidente del jurado era entonces el cantaor Fosforito. Noël trabajaba ya en el teatro como personal técnico, y cuenta que así descubrió el flamenco. “Le escuché cantar y dije: ¿Esto qué es?”. Se enamoró de un arte por el que después ha trabajado desde la dirección del teatro, de 2003 en adelante. Ha sido su gran apuesta desde entonces, algo para lo que, además de seguir contando con el apoyo de Linares, incorporó la figura de asesor artístico, cargo que hasta 2018 ocupó otro inmigrante español, Patrick Bellito.

“Patrick es un apasionado del flamenco”, explica Ana Morales, una de las artistas cuya carrera ha crecido en paralelo al festival de Nimes. “Venía a vernos a otras presentaciones y siempre quería estar con nosotros, conocernos. Él tenía una visión más tradicional del flamenco, pero se interesaba por todo lo nuevo que hacíamos, quería entender a los artistas más jóvenes y siempre nos respaldó”.

20 años, 20 días

Año tras año, el festival iba creciendo en duración y en ambición de programación. Este año se han vendido prácticamente la totalidad de las entradas, superando los 8.000 espectadores de la edición pasada.

Pero para llegar ahí, en Nimes se vivió un punto de inflexión en 2010 cuando, con motivo del 20 aniversario, Noël decidió celebrar a lo grande. “Me dije: 20 años, 20 días de festival. Y fue enorme”, explica. Mayte Martín, Miguel Poveda, Rocío Molina o Andrés Marín, son algunos de los nombres que componían el cartel. Hubo un espectáculo de especial relevancia. José Galván, padre de Israel y Pastora Galván, bailaor y profesor de baile, ya era asiduo al festival nimeño, pero aquel año le hicieron un encargo concreto: compartir tablas con sus dos hijos, cada uno con su propio lenguaje artístico. Bailó también Eugenia de los Reyes, su mujer y madre de los bailaores, retirada de los escenarios desde hacía décadas; el hijo mayor de Israel, Jacob, que recibía clases de ballet en el colegio, y el tercer hermano, José Antonio, el único que no se dedica al flamenco profesionalmente.

“Fue una cosa verdaderamente increíble. Y ni siquiera estábamos seguros de que fuésemos a ser capaces de hacerlo”. Noël se emociona y da un respingo en su asiento cuando se le pregunta por aquel momento único, que nunca más volvió a producirse. “Significó mucho para el festival: fuimos testigos de cómo el padre, la tradición, pasaba el testigo a la nueva generación, más abierta y en la búsqueda de un nuevo lenguaje”.

Precisamente ligado a Israel Galván estaba, en aquel momento, Chema Blanco, asesor artístico del festival desde 2018. Noël sustituyó a Bellito, tras su jubilación, por alguien que pudiera ayudarle en una transición hacia un festival que prestase más atención a lo contemporáneo y con mayor trabajo de coproducciones y residencias, más en línea con el resto de la programación de la temporada del teatro, pero sin dejar de atender a las propuestas más tradicionales. “En los últimos 20 años del flamenco ha habido una transformación increíble, y he tenido la oportunidad de haberlo acompañado. Para mí, eso es extraordinario”, explica el director.

Blanco, que este año ha vivido su quinta edición del festival como asesor, siente que la de 2023 ha sido la consolidación del encargo que recibió. Es justamente esa renovación, explica, la que el público nimeño le agradece más. “Recuerdo a una pareja de señores mayores, en mi primer año como asesor artístico, que me pararon por el pasillo del teatro y me dieron la enhorabuena por descubrirles a la bailaora Leonor Leal y a la cantaora Rocío Márquez. El público aquí valora mucho eso, continuar descubriendo las nuevas corrientes del flamenco”.

Si algo destacan los artistas cuando se les pregunta qué hace especial al Festival de Nimes es la calidez del trato, tanto a nivel de organización como de público. El personal se esmera por atender y acompañar la estancia de los artistas, pero también al público. Entre las actividades paralelas que se ofrecen destacan los encuentros públicos que se desarrollan con quienes horas más tarde suben al escenario, a modo de entrevista. En esta edición, el veterano poeta y periodista José María Velázquez-Gaztelu ha protagonizado uno de los momentos más especiales del festival, una de esas conversaciones abiertas al público, junto al bailaor Andrés Marín. El periodista le pidió al bailaor que cantara, y el bailaor accedió, a cambio de que Velázquez-Gaztelu le acompañase con alguno de sus poemas. “Yo sé que tú cantas muy bien”, le dijo el poeta al bailaor. "Yo te canto si tú me dedicas un poema", le respondió este.

“Si tanto el artista como el público se sienten como en casa, se produce un intercambio muy bonito”, explica Noël. “Sólo así van a dar lo mejor de sí mismos en el escenario y el público está predispuesto para recibir al artista”.

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Blanco, asesor artístico, lo corrobora. Los flamencos, dice, se sienten con más libertad porque no hay tanta presión como en otras plazas. “Siempre he tenido una relación muy bonita con ese festival. Se crea como una pequeña familia”, añade Ana Morales. “Yo he visto bailar a Ana este año como nunca la había visto bailar, estaba como fuera de sí, entregada”, confirma Blanco.

Ahora, tras la jubilación del director y artífice del actual festival, tiene que aterrizar una nueva directora, Amélie Casasole, quien ya ha confesado que no conoce nada de flamenco. “Estuvo este año para el arranque”, explica Blanco, “y se quedó abrumada por la calidad de los artistas y la comunión con el público”. El festival es el evento que mayor beneficio económico reporta al teatro en toda la temporada, y entre las funciones de la dirección está claramente explicitado que debe darle continuidad, pero nadie sabe cómo lo afrontará. “Este año hemos hecho una taquilla importante, con casi todas las entradas vendidas. Es una muestra de la importancia que tiene el festival en la ciudad”, confía Blanco. “La misión del teatro es presentar y acompañar al flamenco de hoy y de mañana. Es una cultura local, y por tanto, es nuestra responsabilidad hacerlo”, resuelve Noël.