ESPEJO DE PAPEL

La Feria del Libro de Guadalajara abraza a Europa

La edición que ahora termina es la primera presencial desde que, hace tres años, la pandemia cerró las puertas de esta exhibición anual del libro, considerada la mayor del mundo español en su género

Asistentes acuden a la edición 36 de la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara.

Asistentes acuden a la edición 36 de la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara. / EFE/ Francisco Guasco

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El expresidente de Chile, Ricardo Lagos, estaba ayer exultante porque por primera vez en su existencia de 36 años la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) convoca como invitado a todo un continente y no sólo a un país o a una región, pues acaba de anunciarse en la edición que termina este domingo en la ciudad de Guadalajara (México), su sede de siempre, que será la Unión Europea la que el próximo año vendrá con una metáfora de su enorme acervo cultural.

Ha sido una laboriosa gestión, cuyo contenido van a perfilar las autoridades respectivas en uno y el otro lado del Atlántico que esta feria ha tratado de surcar convocando año tras año a países o regiones (este año ha sido el arte literario del mundo árabe el invitado) para que muestren aquí el pasado y el porvenir de sus distintas maneras de abordar la vida y la literatura.

Lagos expresó su alborozo como latinoamericano porque como entidad cultural la UE jamás había aceptado una convocatoria así. Él cree, y así lo dijo en la presentación de un libro con sus ideas sobre el porvenir de esta parte del mundo (La nueva soledad de América Latina, conversaciones con Jorge Castañeda y Héctor Aguilar Camín, Debate), que así se puede atenuar la soledad secular que denuncia su título.

El presidente de la Feria, Raúl Padilla, está en contacto con las autoridades europeas para que esta decisión insólita sea un parteaguas de la nueva relación cultural de América con la vieja Europa.

La edición que ahora termina de la FIL es la primera presencial desde que, hace tres años, la pandemia cerró las puertas de esta exhibición anual del libro, considerada la mayor del mundo español en su género. La pandemia no cerró “radicalmente” la actividad, nos dijo ayer la directora de la FIL, Marisol Schultz. Cuando arreció el covid, en marzo de 2020, ferias de todo el mundo vivieron el temblor de la suspensión como un parteaguas de su existencia; suspendieron las de Londres, Buenos Aires o Bogotá. La FIL y otras crearon entre todos “una especie de “club de directores de ferias” que se reunían en Fráncfort, aunque cada mes evaluaban las perspectivas de lo que durante meses era la evidencia de un desastre.

El confinamiento duró una eternidad que acaba precisamente ahora. Epidemiólogos de la Universidad de Guadalajara (de la que proviene esta FIL) ayudaron a vislumbrar el fin de la crisis, y gracias a eso se guiaron en medio de una oscuridad que compartían con todo el mundo. Eligieron hacer ferias virtuales mientras durara la incertidumbre y en 2021 se pasaron a “lo híbrido”, una combinación de presencia física e internet. “Ya no podíamos recibir, como habitualmente, tres mil actividades, sino trescientas muy buenas para que la gente las siguiera desde casa. ¡Nos vieron veintiocho millones de personas en 81 países! Así que nos dimos a conocer en países que ni sabían que existíamos”. Ese año, además, recibieron el premio Príncipe de Asturias, “de modo que así y todo fue un año extraño y extraordinario. Fue entonces cuando empezamos a ser 'híbridos', presenciales y en vivo”.

¿Y ahora? “Somos más fuertes. Aprendimos mucho. Aprendimos que a la gente le gusta el contacto físico. A los lectores les gusta encontrarse aquí, conocer autores, abrazarlos, sonreírse… Las pantallas son muy frías y eso ya lo tenemos bien aprendido”. La FIL, dice Marisol Schultz, “está unida a los pensadores de México y del mundo, es un espacio para reflexionar sobre lo que nos sucede y sucederá. Cada vez es mayor la demanda de contenidos. Y uno de ellos será el análisis del grave abismo que acabamos de pasar. En ese vislumbre del futuro intervienen incluso las actividades en las que los niños son protagonistas. Este año han estado los muchachos analizando el tema del cambio climático. Yo soy madre de una chica que vino por primera vez a la FIL cuando tenía cuatro años, y ahora tiene un niño de cuatro y un niño de seis, mis nietos, que están aquí y que esperan con ansia todo el año para venir”.

Este año de la recuperación ha conocido aquí la presencia del autor rumano Mircea Cartarescu (publicado en español por Impedimenta), que ganó el premio anual de la Fil y fue presentado por el nicaragüense Sergio Ramírez (los dos hicieron discursos conmovedores, era el primero que hacía en su exilio el autor de Adiós Muchachos…) Adonis, el poeta sirio también exiliado de su país, fue uno de los principales exponentes del mundo árabe, que llenó salas con su poesía y sus relatos acerca del pasado y la vida de los países que han recibido este agasajo en Guadalajara.

Fueron homenajeados José Saramago (por su centenario) y Carlos Fuentes (hace diez años de la muerte del escritor mexicano que, con Gabriel García Márquez, marcaron el inicio de la FIL); por aquí estuvieron, ante multitudes, Elena Poniatowska (“un suceso anual en la Fil”) y Rosa Montero, que presentó su último libro (El peligro de estar cuerda, Sexis Barral), juntó a mil estudiantes y no cesó de firmar, como si fuera (así se le siente) parte de la feria y de México. “También han venido gente como la vicepresidenta española Yolanda Díaz, que me ha parecido extraordinaria, por su actitud, por lo que dijo, y otros políticos, como Ricardo Lagos. Pero no somos una feria política, como algunos nos quieren ver. ¡Pa-ra-na-da! Aquí hay de todo: niños, jóvenes, adultos, científicos… Y estamos felices con el resultado, después de hibernar un poco, como los osos, pero ya estamos de vuelta”.

Ahora el porvenir es Europa, un continente que ha de resumir en la FIL la esencia, literaria, sobre todo, de su inmensa cultura. A la FIL le tiemblan las piernas, de responsabilidad, pero también de alegría. Escuché decir, en una reunión en la que el presidente chileno Lagos se congratulaba de esa futura presencia europea en Guadalajara, que esa ocasión “será un símbolo de la nueva América Latina que nace. Europa y América juntas, por el símbolo de las literaturas”.

La mirada española

En 2024 será España (otra vez) el país invitado. Para comprobar la estatura del reto ha estado aquí estos días la directora de la Feria del Libro de Madrid, Eva Orúe. Le dijo a este periódico: “Esta es la más relevante de su tipo en el mundo de habla hispana y la segunda en representación editorial después de la de Fráncfort. Lo excepcional es su condición de feria híbrida: acoge a los profesionales del libro, agentes, bibliotecarios, distribuidores o libreros hacen aquí sus negocios; al mismo tiempo, se abre al público general programando actos, mesas y debates con escritores con enorme tirón y categoría. Es admirable que, siendo una feria organizada por la Universidad de Guadalajara, cuenta con la implicación de cientos de estudiantes que se vuelcan y colaboran con el evento”.

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Es su primer año en la FIL. ¿España podría ser en Europa un reflejo de esta historia que representa la Feria de Guadalajara? “En nuestro país hay ferias populares y comerciales, de las que la de Madrid es la más relevante, y una, Liber, profesional, promovida por el Gremio de Editores… La industria cultural española tiene una trascendencia extraordinaria, una vocación internacional evidente, y un peso notable en el PIB, y estaría en condiciones de organizar un evento similar si ese fuera el objetivo de los actores del sector; pero, el camino elegido ha sido otro distinto, por lo que establecer paralelismos o competencias no tiene mucho sentido”.

Esta noticia de que ahora la Unión Europea va a ser el país invitado acelera el paso de la FIL, y quién sabe si también el de la relación de Europa como entidad con la industria global del libro. El alborozo de Lagos es el de un americano ilustre que ha conocido, en su país y en toda América, la consecuencia de una soledad desde la que se escribió la gran escritura de nuestra lengua, que es de dos orillas y de una tercera, la orilla europea, que se acerca a la geografía intelectual que dio de sí esta feria insólita de Guadalajara.