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Juan Diego Botto: "Hay una enorme violencia estructural contra la precariedad, una violencia sistémica"

Transmite lo que ningún noticiario te cuenta, sacudiendo la anestesia informativa en apenas una frase. Lo lleva en los genes, hijo de Cristina Rota y un padre actor que mataron los militares (JDBotto, Buenos Aires, 1975); guionista, director e intérprete de 'En los márgenes' que hoy se estrena aquí. Sí, la película de Penélope en los abismos de la miseria: España 2008-2022

El actor y director argentino-español Juan Diego Botto en Madrid.

El actor y director argentino-español Juan Diego Botto en Madrid. / Alba Vigaray

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-¿Cómo se pasa de escuchar y reproducir la historia de estos desheredados al sofá de casa, a su propio confort?

La pregunta habría que hacerla a la inversa: me asombra que quien tiene las necesidades cubiertas no se interese por los que nada tienen, y que no contribuya.

-Cierto, pero ¿no hay un escalofrío en ese momento en que te tumbas en el sofá?

Hay un texto de juventud de García Lorca, en el que relata “la primera impresión trágica que tuve de la miseria”. Visitando con su padre el extrarradio de Fuente Vaqueros (1918), vi gente –aprecia– que apenas tiene una muda para vestirse y, cuando la lavan, han de esperar desnudos a que la ropa seque. “Cuando llegué a casa y vi mi armario, con mi ropa limpia y doblada, sentí un peso frío en el corazón” –escribe. Ese peso frío no debiera ser algo titánico, sino normal, habitual. Y tampoco titánica debiera ser la lucha por tener lo básico, lo mínimo, como es un techo.

-La crisis de los desahucios arranca con el crack financiero de 2008, pero en lo que va de 2022 unas 12.000 familias se han quedado sin techo. ¿La nueva ley que se debate logrará acabar con este drama?

De momento no hay ley, ha quedado descolgada de la aprobación de los presupuestos generales. No hay vivienda pública en este país, apenas un 1% del alquiler se dedica a lo social, frente al 17% en el Reino Unido, por ejemplo. Miles de familias llevan 15 años esperando una vivienda. No hay una segunda oportunidad para muchos que, simplemente, han tenido un tropezón en la vida, del que no pueden salir porque el mal es sistémico, como un bucle.

-¿El Estado tiene la obligación de procurar una vivienda digna a los ciudadanos que no puedan pagársela?

Constitucionalmente, sí. También la Constitución prohíbe la especulación financiera con la vivienda, y es el bien más especulativo del mercado. Los bancos y grandes propietarios mantienen las casas cerradas para que no caiga su precio.

-¿Y la solución, o sea ese dinero para alojar a tantos sin techo, saldría de las rentas que a duras penas llegan a fin de mes, como es habitual?

Es que ya está solucionado, no hay que recurrir a los impuestos: los españoles hemos pagado 40.000 millones de euros en la compra de activos del banco malo, la Sareb la hemos pagado entre todos y las casas que posee solucionarían al menos el 80% del problema si se dedicaran a vivienda de precio social, consiste en cambiar los estatutos fundacionales de la sociedad. 

-¿Y tiene este país capacidad para sostener el bienestar de los miles de migrantes que engrosan estas bolsas de pobreza año tras año?

¿Tiene la orilla del mar la capacidad para resistir el empuje de las olas? Es que es algo inevitable que va a suceder siempre: en Occidente, el norte siempre ha sostenido al sur, no hay más remedio. Y en un momento tan bajo de la natalidad, la media España vaciada podría absorber y administrar los recursos que puede suponer esta migración. Su planificación es responsabilidad del Estado, todo se puede repartir: el reto de gobernar es conseguir la igualdad de accesos y oportunidades.

-¿Qué falla, fundamentalmente?, ¿qué es lo que están contando en esta película?

Que hay una enorme violencia estructural contra la precariedad, una violencia sistémica, como un complot que hace imposible salir de determinadas situaciones en un Estado sobrepasado como éste. Sufrir un desahucio, recurrir al banco de alimentos, pedir velas en lugar de un bono social para la luz, ser explotado laboralmente, son situaciones muy violentas que afectan a las relaciones afectivas de las personas que las sufren. 

-¿Y por qué esta violencia se escribe mayormente en femenino?

Es algo que fuimos observando. Cuando vas a una asamblea contra el desahucio o de los afectados por la hipoteca (PAH), la mayoría allí son mujeres buscando respuesta. El hombre vive con mucha vergüenza el fracaso social, lo ve de forma absoluta, en cambio la mujer saca fuerza y grita frente al abismo, su vergüenza no es un precio cuestionable para salvar a la familia, el cuidado es algo muy introyectado en ellas.

-¿Qué haría usted si al llegar de unas vacaciones encuentra su casa ocupada?

Sencillo, recurrir a la policía y denunciar un delito tipificado: allanamiento de morada, que se resuelve en cuestión de horas.

-¿Y si la casa es de un familiar fallecido, usted proyecta alquilarla y en el ínterin le entran?

Hay un error interpretativo: la mayor ocupación aquí se da en viviendas de grandes especuladores y bancos, y si hubiera vivienda de protección social te aseguro que esto dejaría de pasar. ¿Vivimos con los niños en la calle o hacemos lo que sea? Lo que sea antes de que las calles se llenen de familias con hijos.

-¿Por qué está tan polarizada la legislación, que no protege ni a unos ni a otros? Y ¿quién lo va a arreglar si no lo ha conseguido el Gobierno más de izquierdas que hemos tenido desde la II República?

Nadie lo hará si este gobierno no es capaz de aprobar la ley que le están proponiendo. 

-Botto, ¿de quién fue la idea?

Penélope (Cruz) me sugirió que escribiera algo para interpretarlo juntos: una historia de celos, me propuso. Lo primero que me salió fue la historia de una pareja que discute en la víspera de su desahucio. Se lo comenté a Olga (Rodríguez, su pareja, periodista) y ella me introdujo en toda esta problemática de asuntos sociales y familias sin recursos mínimos, y nos fue atrapando. Cuando teníamos una primera versión Penélope lo leyó y le gustó aunque “claramente no trata de celos”, me dijo. Fue ella quien me pidió que dirigiera la película.

-A muchos les choca que Penélope produzca una historia así, ¿le sorprende esta opinión?

Conociéndola no choca en absoluto, de hecho acaba de entregar su Premio Nacional de Cinematografía a la PAH y otros asuntos sociales

-Esto de la dirección lo llevaba en los genes y lo había hecho en teatro, ¿fue difícil pasarlo al cine?

Disfruté muchísimo el trabajo con los actores y los equipos técnicos, del rodaje en sí, pero me pareció extenuante que el 80% del esfuerzo de un directo haya que dedicarlo a las cuestiones financieras.

-Y ¿cómo es esto de escribir a cuatro manos con tu pareja? ¿Quién pulsa la tecla?

Lo hicimos por capas, unos personajes y secuencias son más míos y otros, más de Olga, y el primer ensamblaje lo hice yo y lo corrigió ella. Tenemos mucha costumbre de leernos y matizarnos mutuamente lo que cada uno escribe.

-¿Y quién acuesta a la niña?

Bueno, tiene ya 13 años; pero siempre lo hemos tenido muy fácil: le das un libro y no necesita nada más, ama la lectura.

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