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Marta González de Vega: "Nada libera más que dejar de juzgar al otro"

Forma un trío trepidante con Santiago Segura y José Mota, es su guionista y actriz fetiche. Llegó a la comedia a través del budismo. No juzgues, ríete y serás libre. Escribió un monólogo que el 1 de octubre arranca su 7ª temporada en el Fígaro de Madrid y que pronto llegará al cine dirigido por Chus Gutiérrez: 'De Caperucita a loba en solo seis tíos'

La escritora, actriz y guionista Marta González de Vega en el teatro Fígaro, en Madrid.

La escritora, actriz y guionista Marta González de Vega en el teatro Fígaro, en Madrid. / ALBA VIGARAY

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-Dice usted que es invisible pero ¡por dios que la estoy viendo!

Los guionistas somos invisibles, sí, y yo soy muy reivindicativa de nuestra visibilidad. Si Shakespeare viviera hoy, sería guionista.

-¿Perdió el sortilegio al pasarse a la escena? ¿Dónde se siente más a gusto, delante o detrás de bambalinas?

En ambos lugares. El proceso de escribir lo comparo con el de enamorarse, con todos sus tormentos: sufres mucho hasta que la escritura fluye, y luego ya el placer es brutal. En cambio actuar es hacer el amor directamente: un orgasmo pleno.

-¿Siempre fue así, la graciosa de la clase?

En absoluto, y en realidad sigo sin ser especialmente graciosa. Solo lo soy cuando estoy creando algo.

-No la imagino en Derecho, ¿cómo se pasa del código civil a escribir los guiones de Santiago Segura y de José Mota?

Siempre tuve claro que quería ser actriz, la escritura vino después. Mi padre es abogado porque no le dejaron dedicarse al teatro, pero el dramaturgo sigue ahí: ha escrito y publicado bastante. Yo estudié la carrera por responsabilidad, pero nunca me planteé otra cosa que ser actriz, y mis padres me apoyaron a muerte. Con 24 años entré en Club de la Comedia como guionista.

-¿Con qué méritos la ficharon si no había publicado nada?

Mi madre había visto la primera temporada del programa y me dijo: “Escriben muy de tu estilo”. Así que llamé a Globomedia: ¿cómo puedo hacer para…? Me pidieron una prueba, que escribiera un monólogo de aeropuerto, lo entregué y me dijeron empiezas el lunes. Escribí unos 400 monólogos para el programa y luego fui coordinadora de guión.

-'De Caperucita a loba en solo seis tíos' libro, obra de teatro, película; escribe, dirige, interpreta. Dice Luis Piedrahíta que este libro cambia vidas, ¿también es maga?

Intento no sólo hacer reír sino transmitir la habilidad de hacer humor. Todos llevamos un humorista dentro: es una actitud y una capacidad vital.

-¿Nos cuenta el primer secreto de la mente femenina? Porque de esto va el aprendizaje lobezna, ¿no?

Exponer sin vergüenza tu emocionalidad: nos dijeron que era una debilidad y en realidad es un superpoder. Y con los hombres ocurre lo mismo ¡eh!, nos enamoramos y somos igual de patéticos unos y otras.

La escritora, actriz y guionista Marta González de Vega en el teatro Fígaro, en Madrid.

/ ALBA VIGARAY

-¿Con la risa ha logrado enamorarse sin sufrir o acaso usted no se enamora?

Síiii, pero yo estoy en el videojuego, no en el sufrimiento de la relación. Hay que aprender a reírse del drama del enamoramiento, acortar el tiempo que va de la tragedia a la comedia. En eso consiste el convertirse en loba: pasar rápido al fondo del drama, porque al final siempre está la risa: el lugar donde el tonto y el sabio se encuentran.

-¿Las mujeres somos enrevesadas de c… (exabrupto)?

No, somos muy empáticas, pero hemos de aprender a darle la vuelta a tanta profundización. Llamamos simples a los hombres porque en el fondo nos dan mucha envidia.

-¿Es un tópico o es real que hay mujeres que asustan a los hombres por su inteligencia y nunca al revés?

Eso suelen decirte cuando eres una mujer soltera e independiente. Pero me cuesta creerlo: ninguno de los hombres inteligentes que me interesan se asustan de las mujeres inteligentes.

-¿Amor o posesión, que motiva mayormente a la pareja?

Desgraciadamente, opera más el apego que el amor. Punset, a quien dedico el libro porque ha sido mi gran faro, decía que para ser feliz tienes que desaprender el 90% de lo que llevas en la cabeza. Hay que vivir el amor desde el desapego, y no me refiero a una relación “abierta”, sino que cuando conviertes al otro en objeto de posesión le pierdes el respeto como ser humano.

-Sus teorías me suenan a filosofía budista, ¿acierto?

Sí, llegué a esta forma de pensar a través de la meditación y la práctica budista, y a partir de ahí me lancé a leer ciencia para buscar un razonamiento más empírico. Convertirte al humor como religión te da la salvación para ahora, sin esperar a otras vidas.

-Dice que la risa y la autocrítica son los mayores poderes de la mente humana. ¿Reírse de una misma es sinónimo de libertad?

Totalmente, no hay mayor expresión de libertad que no depender de la opinión de nadie y no juzgar a nadie. La risa es la máxima manifestación de la falta de enjuiciamiento: nada libera más que dejar de juzgar al otro.

-“Para llegar a la comedia hay que haber conocido a fondo el drama”. ¿Así ha sido?

La verdad es que no: he tenido mucha suerte en mi vida, pero tengo muchos compañeros que hacen humor de auténticas desgracias personales.

-Ha patentado el método “ensayo-ostión” (sin “h”). ¿Lleva muchos de esos encima?

Llevaba unos cuantos seguidos, míos y de amigas, cuando empecé a escribir el libro, situaciones dramáticas en plan Caperucita a las que me propuse sacarles la parte buena y contarlas para que pueda servir a otros.

-Y para terminar, una muy fácil: ¿cuál es el político más irrisorio de esta tan movidita legislatura?

Sería injusto elegir a uno solo dado el nivelón que tenemos.

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