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FESTIVAL DE SAN SEBASTIÁN

González Iñárritu: "'Bardo' me ha dejado tan agotado que no tengo ganas de acercarme a una cámara"

El mexicano presenta en San Sebastián 'Bardo (o falsa crónica de una cuantas verdades)', su obra más ambiciosa y autobiográfica, en una versión recortada respecto a la que estrenó en Venecia y que despertó una gran controversia

El director mexicano Alejandro González Iñárritu, en San Sebastián.

El director mexicano Alejandro González Iñárritu, en San Sebastián. / EFE

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Nando Salvà

‘Bardo (o falsa crónica de unas cuantas verdades)’ es la primera película que el mexicano estrena después de ganar, de forma consecutiva, sendos premios Oscar a la Mejor Dirección gracias a ‘Birdman’ (2014) y ‘El renacido’ (2015), y también su obra más ambiciosa, más autobiográfica, más arriesgada y más larga (casi tres horas). Su presentación mundial hace unas semanas en la Mostra de Venecia se saldó con peleas, tanto entre los aplausos y los abucheos como entre las críticas positivas y las rotundamente desfavorables. Casualidad o causalidad, ahora el director presenta en San Sebastián un nuevo montaje de la película, 22 minutos más corto que el original.

Dada la carga autobiográfica de ‘Bardo’, ¿le duele especialmente haber cortado el metraje de la película después de estrenarla en Venecia?

¡Para nada! La esencia de la película permanece intacta. Sucede que la terminé tan solo dos días antes de proyectarla en Venecia y, por tanto, no tuve tiempo de verla al lado de otras personas antes de ese estreno. La percepción que un artista tiene de su obra varía en cuanto la expone a la energía del público y experimenta sus reacciones; con ‘Bardo’, yo me di cuenta de que hacía falta fortalecer el ritmo interno de algunas escenas a través de un proceso de síntesis. Yo soy muy riguroso, y muy duro conmigo mismo. Y no me tiembla el pulso a la hora de cortar. Soy muy carnicero.

¿Qué necesidad personal lo impulsó a dirigir ‘Bardo’?

Empecé a sentir que, de forma incontrolable por mi parte, mis recuerdos empezaron a empujar por salir a la luz y encontrar entre sí un orden emocional. Ya tengo una edad, y a menudo pienso: “Ya viene la muerte, cabrón, ¡ponte a trabajar!”. Sentí que debía tratar de entender qué me ha pasado en estos últimos 25 años, no desde un ángulo factual o biográfico sino a través de la ficción y de un ‘alter ego’. Creo que, en tanto que artista, tengo el derecho a reflexionar sobre cosas que me resultan muy personales como la paternidad, la pérdida de un hijo y la relación con un país tan complejo como México. Desafortunadamente, muchos me han tachado de narcisista y autoindulgente. Es una pena que no hayan entendido la película.

"Muchos me han tachado de narcisista y autoindulgente. Es una pena que no hayan entendido la película"

¿A usted le ha resultado terapéutico hacerla?

Diría que me ha proporcionado cierta catarsis, sí, porque me he concedido de hablar de cosas que son extremadamente importantes para mí y mi familia, y que probablemente no le importen a nadie más. Eso, claro, irrita a mucha gente. A un escritor se le permite publicar siete u ocho libros de memorias, y es casi obligatorio que un pintor tenga al menos un autorretrato en su catálogo, pero a los cineastas no se nos permite ese tipo de introspección. Sea como sea, yo estoy satisfecho. Ahora, ‘Bardo’ no me ha proporcionado ni momentos epifánicos ni respuestas. Al contrario: me ha dejado con más dudas.

¿Hay algo de testamentario en ‘Bardo’? Usted ha llegado a afirmar que no sabe si hará más peliculas.

Porque no lo sé, de verdad. Es como si me preguntan qué voy a cenar justo cuando acabo de comer. Esta película me ha dejado tan agotado que ahora mismo no tengo ningunas ganas de acercarme a una cámara de cine. Pero sí sé que me encuentro en un momento crucial de mi vida, que exige de mí reflexiones profundas.

"El éxito puede llegar a ser un veneno, si uno se lo cree demasiado"

¿Qué le ha aportado el éxito?

Mi padre siempre decía: “Al éxito dale una probadita, haz unos buches y escúpelo porque, si no, te envenena”, y me parece una frase muy sabia. El éxito, en efecto, puede llegar a ser un veneno, si uno se lo cree demasiado. Y lo mismo, claro, sucede con los fracasos. Además, yo me he dado cuenta de que experimentar el éxito nunca proporciona satisfacción, o al menos nunca ofrece el tipo de recompensa que uno imaginaba mientras trataba de alcanzarlo. Al final solo deja desilusión.

Como le sucede al ‘alter ego’ que protagoniza ‘Bardo’, ¿usted también se siente extranjero tanto en el país en el que nació como en el que reside desde hace años?

Sí, y me causa un gran desasosiego. Sé que, aunque volviera a México, nunca podría recuperar lo que perdí al irme, y sé que Estados Unidos nunca dejarán de verme como un foráneo. Siento que mi identidad está cada vez más fracturada, también porque mis memorias, y el resto de conexiones que tengo con mi pasado y mis raíces, son cada vez más borrosas. He descuidado demasiados afectos, y me he perdido demasiados funerales. En cuanto emigras, empiezas a morir.

"He descuidado demasiados afectos, y me he perdido demasiados funerales. En cuanto emigras, empiezas a morir"

Las fronteras de las que habla ‘Bardo’ no son solo existenciales sino también políticas. En un momento de la película, un noticiario anuncia que Amazon planea comprar Baja California...

Sí, es un momneto de humor, pero es cierto que las democracias se están convirtiendo en materia de negocio para grandes corporaciones. Estados Unidos ya no invade físicamente, como lo hizo en 1846 en territorio mexicano. Ahora nos invaden a través de la economía y de la ideología, están colonizando nuestras propias ideas.

Su película ha sido financiada por Netflix...

Sí, es cierto. Y Netflix me dio el apoyo que los estudios de Hollywood me negaron. Yo siempre he pensado que la sala de cine es un espacio sagrado, un templo. Pero lo cierto es que actualmente todas las películas, sean producidas o no por Netflix, acaban alojadas en catálogos de plataformas de ‘streaming’ y disponibles para ser visionadas a través de la pantalla de un teléfono. ¿Es inquietante? Sí. ¿Desolador? Sin duda. Pero es lo que hay, cabrón.

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