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'La consagración de la primavera': el sexo de las personas discapacitadas

Fernando Franco rompe los tabús sobre la asistencia sexual en su nueva película, 'La consagración de la primavera', presentada a concurso en San Sebastián

Fernando Franco (segundo por la dcha.), con Emma Suárez, Telmo Irureta y Valeria Sorolla, antes de presentar ’La consagración de la primavera’ en San Sebastián

Fernando Franco (segundo por la dcha.), con Emma Suárez, Telmo Irureta y Valeria Sorolla, antes de presentar ’La consagración de la primavera’ en San Sebastián / JUAN HERRERO / EFE

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Beatriz Martínez

El cine de Fernando Franco no suele ser una experiencia agradable para el espectador. En La herida, su ópera prima, seguía los pasos de una chica con trastorno límite de personalidad, y en Morir, los de una pareja que tenía que afrontar un cáncer terminal. Su última película, La consagración de la primavera, es, a pesar de lo que pudiera parecer por su tema, el de la asistencia sexual a personas con discapacidad, mucho más cálida y luminosa.

En ella, Laura (Valeria Sorolla, increíble descubrimiento) acaba de llegar a Madrid para estudiar la carrera de Química. Su familia es muy religiosa y ella se aloja en un colegio de monjas. No conoce a nadie, pero una noche de fiesta, en casa de unos desconocidos, entra en contacto con David (Telmo Irureta), que tiene parálisis cerebral. Ese encuentro será el inicio de una amistad, al mismo tiempo que Laura comience a interesarse por el tema de la ayuda a personas con discapacidad, algo que en realidad será el detonante del descubrimiento de su propia sexualidad, hasta el momento reprimida, bloqueada por los complejos que arrastra hacia su propio cuerpo. 

 “Cuando hice La herida conocí a dos chicas con parálisis cerebral y ellas me contaron el tema de la asistencia sexual hacia personas que tienen algún tipo de discapacidad. En ese momento no sabía nada de eso, así que me puse a investigar, a documentarme, a leer y hacer entrevistas”, cuenta Fernando Franco. “Tuve claro que quería hacer una película sobre eso, pero que no fuera la única tesis, que esa cuestión latiera de fondo y que a partir de ahí se reflexionara sobre el concepto de intimidad, sobre los prejuicios que tenemos, tanto educacionales como culturales”.

Cuando les contó a sus compañeros de trabajo el tema que quería abordar, intentaron disuadirle. Te vas a equivocar, no lo hagas, no te arriesgues a eso. Pero siempre tuvo claro que el actor que interpretara al personaje de David debía tener parálisis cerebral. Encontró a Telmo Irureta y fue cuando de verdad la película cobró forma. “Le dio una verdadera dimensión a la película, porque es muy inteligente, hace monólogos que destilan humor negro, que es algo que también comparte con el protagonista, pero también tiene una enorme calidez y humanidad”.

Luces y sombras

Fernando Franco es consciente de que el tema de la asistencia sexual tiene sus luces y sus sombras. Para algunos es prostitución, pero para los que la ejercen supone una ayuda, ya que ellos ceden sus manos. “No es que tengas sexo con otra persona, sino que esta te ayuda para que lo tengas contigo mismo. Abarca un paraguas muy grande y los que están en contra no van a cambiar de opinión, porque se amparan en que se hace desde la mujer al hombre, cuando esto no es siempre así”.

La consagración de la primavera puede que en un principio ponga al espectador en una situación incómoda, pero en este caso la posición en la que coloca la cámara Fernando Franco resulta fundamental, siguiendo esa máxima de Godard que decía que cualquier plano (en este caso, planos secuencia) o encuadre responde a una cuestión moral. “Como cineasta, siempre tengo presente en qué lugar me coloco, con qué distancia filmo, qué es lo que muestro y lo que no. Es un trabajo de funambulismo, para no caer en el morbo, en el sensacionalismo, pero tampoco pecar de pazguato. Cuando hablas de temas delicados, esto todavía cobra un mayor sentido, una mayor responsabilidad, porque va a ser tu mirada la que vehicule la historia”.

Una 'coming-of-age'

En realidad, La consagración de la primavera, es una coming-of-age, una película de crecimiento, solo que, en vez de poner al típico chico guapo de instituto, tenemos a un joven en silla de ruedas. “Es una estructura que me gusta mucho, porque sirve para hablar de muchas cosas. A Valeria le puse como ejemplo la película de Eliza Hittman Nunca, casi nunca, a veces, siempre, porque habla de la experiencia del aborto a través de esa fórmula, pero lo hace como a mí me gusta, de manera minimalista, con un sentido muy férreo del estilo y la puesta en escena”.

A Fernando Franco le interesan los temas en los que la sociedad suele mirar hacia otro lado. Quiere poner el foco en ellos para generar reflexiones, en este caso hacia los prejuicios que tenemos frente a los demás, y también hacia nosotros mismos. La película toma su nombre de la pieza de Ígor Stravinski. “La primavera supone florecimiento, consagración es un término que se vincula a lo sagrado. Y para mí lo que pasa entre ellos en esa habitación, en vez de sórdido, tiene algo de renacimiento. Además, es una obra bastante transgresora a nivel musical, y eso entronca con el espíritu de la adolescencia”. 

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