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UNA AMBICIOSA NOVELA

El Goncourt africano que ama a Roberto Bolaño

El joven Mohamed Mbougar Sarr, ganador del gran premio de las letras francesas, rinde homenaje al autor chileno con su novela 'La más recóndita memoria de los hombres'

El escritor senegalés en lengua francesa Mohamed Mbougar Sarr.

El escritor senegalés en lengua francesa Mohamed Mbougar Sarr. / JORDI OTIX

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Elena Hevia

Que la literatura de Roberto Bolaño ha sido el punto de partida de muchos jóvenes escritores –“valientes, maleducados”, como solía decir él- que siguen sus pasos es algo conocido, porque si algo es Bolaño es un autor para los más apasionados por las letras, para los jóvenes. Alex Chico y Diego Gándara, un catalán y un latinoamericano, han escrito siguiendo esa vía salvaje que invita a vivir de forma radical lanzándose a los caminos, y leyendo de la misma manera. Lo que quizá no esperábamos es la peculiar reescritura de Los detectives salvajes con la que el joven senegalés (31 años) Mohamed Mbougar Sarr ha logrado el último premio Goncourt.  Ya saben, diez euros de dotación y la posibilidad de vender un millón de ejemplares. En Francia la recepción ha sido entusiasta.

La más recóndita memoria de los hombres (Anagrama / Les Hores), título extraído de una cita directa, de la oceánica novela del autor chileno, tiene también una estructura similar a la de aquella novela enferma de literatura. Una serie de jóvenes románticos africanos se dedican a buscar a un mítico escritor T. C. Elijmane , el Rimbaud negro, que se aisló del mundo después de que una de sus novelas, convertida ahora en obra de culto, fuera masacrada y tildada de plagio por la crítica. Esa búsqueda trasladará al protagonista a través de varios continentes, a través de una prosa tan humorística y adictiva como la del autor chileno.  

Tras las huellas de Yambo Ouologuem

Elijmane, cuenta Mbougar Sarr, es el retrato de ficción de la historia real del escritor de Mali en lengua francesa Yambo Ouologuem, ganador del Renaudot en 1949, a quien acusaron de “haber plagiado a Graham Greene, Maupassant , Flaubert, la Biblia y la Torá y que, de vuelta a su país se recluye en su casa, recibe a las visitas a punta de fusil y se convierte en un ermitaño”. 70 años más tarde Sarr, en su visita a Barcelona, se pregunta qué es un plagio: “¿Tiene ver con la utilización de la misma estructura, de los temas, los razonamientos o las obsesiones? Lo que hizo Ouologuem fue construir su propia y personal obras a partir de todas esas referencias y no fue comprendido en absoluto”. Un posmoderno avant la lettre. Considera el autor que todos los escritores llevan una mochila con su biblioteca escondida en la propia obra. “A mí me gusta pensar que pertenezco a la familia de Bolaño, he creado un vínculo que al principio no existía, pero el mismo Bolaño no es el principio de esta historia, él es un eslabón más en una genealogía anterior”. Y recuerda cómo Gabriel García Márquez admitió que había encontrado sus raíces en el realismo mágico del haitano Jean-Stephen Alexis.

La más recóndita memoria de los hombres rinde homenaje a Bolaño pero sigue otro camino, el de las preocupaciones de un joven escritor cuya lenguas maternas son el wolog y el serere, que sabe hablar y pero escribir porque no se las enseñaron en la escuela y que trasladado a París para estudiar escribe en la lengua de los colonizadores. Es la eterna contradicción de un autor africano (con Léopold Sédar Senghor y Chinua Achebe como polos extremos, el primero a favor, el otro en contra). “Mi libro se plantea esa cuestión. Utilizar una lengua como el inglés o, en este caso el francés, nos ofrece la posibilidad de crear con ella algo que es sumamente propio, una herramienta para crear tu estética y a la vez permite no limitarte al continente africano. Sé que en Senegal poca gente puede leerme en francés, pero también me leerían poco en las lenguas autóctonas. Es un consuelo y una tranquilidad saber que no puedes escribir para todo el mundo y a la vez asumes una cierta soledad”. 

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