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MÚSICA

La cara b del DCODE: lo que Crystal Fighters, The Kooks y The Hives taparon

Detrás de los cabezas de cartel se esconden gratas sorpresas que, habitualmente, tienden a pasar (un tanto) desapercibidas: eso es lo que ha ocurrido con St. Woods, The K's y Sir Chloe en la décima edición del festival madrileño

Viva Suecia, durante un instante de su actuación.

Viva Suecia, durante un instante de su actuación. / JAVIER ROSA | DCODE

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Está a punto de terminar el verano. El de la recuperación. El de la ilusión. El de siempre. Ese que, hace un par de años, el covid-19 congeló sin esperarlo. Desde entonces, hemos vivido dos sucedáneos bastante extraños. Por ello, la décima edición del DCODE resulta tan especial: es la confirmación de que la normalidad ha vuelto. Ayer quedó más que patente: 20.000 almas abarrotaron el campus de la Universidad Complutense de Madrid para celebrar la vida. Crystal Fighters, Years and Years, The Hives y The Kooks eran los principales reclamos y los que, sin duda, movilizaron a la masa. Ahora bien, como suele ocurrir en estas citas, hubo otros tantos nombres no tan conocidos que brillaron con la misma intensidad: a Ginebras, Fuel Fandango, Viva Suecia, Shinova, Delaporte y Carlos Sadness hubo que sumar a Abby Roberts, St. Woods, The K's, Sir Chloe, Molina Molina y Goa. Seis artistas que, desde el escenario 3, ofrecieron una alternativa atractiva y seductora a los cabezas de cartel. 

El espacio era mucho más reducido. Más íntimo, quizá. Aunque su situación frente al parque infantil le daba cierto halo bucólico. Para llegar hasta él había que atravesar todo el recinto. De esquina a esquina. Y ahí, justo detrás de los puestos de cerveza, se escondía como si de un tesoro se tratase. Una idea no demasiado descabellada dadas las propuestas que se sucedieron. La primera de ellas fue la de Abby Roberts. ¿Una influencer reconvertida en cantante? Así es. Esta joven de 21 años es todo un fenómeno beauty en las redes sociales. De hecho, se la considera una de las mejores creadoras de contenidos de belleza en TikTok e Instagram. Dicho esto, la música siempre ha sido una de sus grandes pasiones. Una que, precisamente, ha rescatado ya encumbrada en el mundillo virtual. Con un estilo personal de tintes folk y esencia pop, presentó su debut: Ashes rezuma lo mejor de Lana del Rey y Arctic Monkeys, pero con una vuelta de tuerca que lo vuelve delicioso. Su voz rota y melancólica fue su principal atractivo. 

Bajo el pseudónimo St. Woods se esconde Nacho García. Si por algo se caracteriza el proyecto de este madrileño es por su intensidad emocional: sus canciones son férreas y dolientes, pero al mismo tiempo luminosas. Un matiz harto complicado que él consigue gracias a su registro vocal. Esa es su principal seña de identidad: tiene una garganta capaz de abstraer a cualquiera. Así lo hizo durante los 35 minutos que duró su actuación: rodeado por su banda, creó una atmósfera cálida y con altas dosis de soledad que recordó a Damien Rice o Bon Iver. Su bagaje por las calles de Londres y Ámsterdam se percibió desde el segundo que empezó a desmenuzar Bones: su primer disco hace bandera de la fragilidad y honestidad que le definen. Robó miradas, muchas de ellas nuevas.The K's vivieron algo similar, aunque ellos partían con ventaja tras haber conquistado La Riviera el pasado miércoles. Su britpop fue pura adrenalina. Sobre todo, cuando interpretaron Sarajevo. Jamie Boyle y los suyos revitalizaron, pantalones pitillo por delante, una jornada de sobra tenue hasta el momento. 

La cercanía de los aseos atrajo, de vez en cuando, a algún despistado que aprovechaba la cola de turno para escuchar a la artista que reinaba a este lado del DCODE. Mientras unos se preguntaban entre sí de quién se trataba, otros optaban por grabarla para luego buscarla. En los festivales siempre hay que elegir, aunque se pueden tomar medidas desesperadas como ésta. Eso es lo que ocurrió a varios asistentes con Too Close, de Sir Chloe. La banda de Dane Foote destacó por su particular modo de mezclar la tradición con la vanguardia. Su sonido fue oscuro e intimista. Algodonado, a veces. En ese sentido, recordó a St. Vincent o Lianne La Havas. Pero con delicados ecos de Lily Allen. Casi sin mediar palabra, disparó un repertorio formado mayoritariamente por los temas de Party Flavors. Su primer álbum nació casi de casualidad, después de que un trabajo universitario empezase a cobrar relevancia. A partir de ahí, todo han sido mieles para ellos. Por el momento, ya tienen la mira puesta en su próximo elepé. 

Ya de noche, Molina Molina se asomó al escenario con la intención de reventarlo: el pop vitalista de vena discotequera es su especialidad. Es verdad que el envoltorio de sus composiciones ha ido cambiando a lo largo del tiempo, pero la esencia se ha mantenido intacta. Sus Siento que muero y Parece que agitaron a un público deseoso de baile: así Pepe logró rebajar la magnitud afectiva y elevar al máximo las pulsaciones. Un testigo que recogió Goa más tarde. El rock urbano y el trap emo de Jaime Cotino llegaron para dejar claro un dato: en la parte baja de los carteles hay nombres interesantes que habría que disfrutar antes de que comiencen a liderarlos. Porque lo harán. Riffs de guitarras y salpicaduras electrónicas se intercalaron con las métricas del rap que tan bien gestiona este músico. Él fue el encargado de cerrar el escenario 3 en torno a las 23:15 horas, dejando paso así a los grupos más esperados. Tal vez, en un futuro la historia se repita. Pero al revés.

Los 'bofetones' de Deluxe

Mención especial merece Deluxe. El alter ego de Xoel López dejó los escenarios en 2008, después de que éste tomase la decisión de cambiar su rumbo. A partir de ahí, comenzó una nueva carrera que tampoco ha estado exenta de éxitos. Ahora bien, su proyecto de juventud siempre ha estado revoloteando de alguna u otra manera. Es verdad que reunió a la banda el pasado octubre en el festival pontevedrés Portamérica, pero la del DCODE ha sido una fecha de más calado si cabe. Al menos, en número de personas. Pues, aunque la formación abrió la cita al mediodía, el público que congregó sobrepasaba los miles. "Tenemos poco tiempo, así que voy a dejar de hablar. A tocar", bromeó el artista, que repasó buena parte de su discografía.


La idea surgió durante la pandemia, cuando convenció a sus colegas para grabar una versión especial de Reconstrucción. El furor que causó les hizo pensar en un posible homenaje. Sólo ellos saben si volveremos a verlos juntos. Quizá, la de ayer haya sido la última vez. Sin embargo, lo que está claro es que el poder de atracción que tienen los seis es incomparable: recuperaron Colillas en el suelo, Ver en la oscuridad, El cielo de Madrid, Tendremos que esperar… Puro magnetismo pop. Cerraron la fiesta con Historia universal y Que no, dos bofetones que recordaron por qué echamos tanto de menos a Deluxe: al éxtasis de sus melodías hay que sumar la capacidad de su autor para perforar el pecho. En el momento, es indoloro. Pero, al rato, escuece. Entonces, te das cuenta de todas las cosas que estas canciones llevan adheridas. 


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