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LA HISTORIA DETRÁS DE… (IV)

'Que la detengan', la oda al pene que daba 15.000 euros por concierto a David Civera: “Surgieron discrepancias con Alejandro Abad”

Con ’Que la detengan’, David Civera empezó a desarrollar su nuevo rol de ’showman’.

Con ’Que la detengan’, David Civera empezó a desarrollar su nuevo rol de ’showman’. / EPE

  • El productor reconoció en Sálvame que compuso la canción al salir de la ducha y mientras se miraba en el espejo. En cambio, el artista rechaza que ese fuese su significado inicial: “Dudo que tuviera un sentido sexual. Nuestra relación fue buena y, en la actualidad, es cordial”

  • Arrasó en los 2000, pero el cantante decidió parar tras desgastar la fórmula que le había llevado al estrellato: “Mi música se convirtió en un negocio para muchos”. Se casó y tuvo dos hijos, a quienes se ha dedicado sin condiciones hasta su reciente regreso con ‘Entre amigos’

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La primera vez que David Civera escuchó Que la detengan pensó que no iba a triunfar. O, al menos, no de la forma en la que lo hizo. Esta canción fue el primer sencillo de En cuerpo alma (2002), su segundo trabajo. El de la consolidación, dado el enorme éxito que cosechó con su debut. Era algo sumo complicado, teniendo en cuenta que se gestó en pleno fenómeno Operación Triunfo. Y que, además, la sombra de Dile que la quiero (2001) era demasiada alargada. Sin embargo, logró hacerle frente con una propuesta radicalmente opuesta. Sin esperarlo, el cantante se sacó de la manga uno de esos ases ganadores que pocos son capaces de aventurar. “Explotamos mi lado más canalla”, confiesa. Y le funcionó. Así, no sólo consiguió diferenciarse de David Bisbal o Manuel Carrasco, sino también afianzar un trono del que no pensaba moverse durante años: “Tenía que reaparecer con algo impactante. Pasé de ser Sergio Dalma a Ricky Martin”.

La estrategia de Vale Music fue acertada. Sobre todo, si se tiene en cuenta el número de copias vendidas: 150.000. Parte de la culpa la tuvo el videoclip, donde Civera empezó a desarrollar su nuevo rol de showman. “Quisimos recrear una cena entre amigos que intentan conquistar a una mujer. El final es brutal, cuando ella termina yéndose con otra chica. Con este tipo de propuestas, que luego seguí explorando en Bye, Bye y Perdóname, saqué a relucir mi faceta de actor”, rememora. A pesar del petardazo, él siempre se ha identificado más con su anterior elepé. Aunque no reniega de las mieles que saboreó gracias al segundo. Al contrario: lo colocó como uno de los nombres más influyentes del momento. “Era un tema con un marcado carácter patrio. Eso me flipaba. Sonaba a plaza de toros. Cada vez que la tocábamos, se armaba una fiesta. Ha sido mi hit más significativo”, añade. De hecho, a día de hoy, sigue vivo.

P. “Que la detengan, que es una mentirosa, malvada y peligrosa. Yo no la puedo controlar”, dice la letra. Una que ha abierto diversos debates en torno a su significado. En 2016, por ejemplo, Alejandro Abad desveló en Sálvame que es una oda al pene. Según sus palabras, la compuso al salir de la ducha y mientras se miraba en el espejo. ¿Usted qué piensa?

R. Creo que no nació así. Decir eso estuvo fuera de lugar. Dudo que tuviera un sentido sexual. Para mí, habla de una mujer posesiva… pero tampoco quiero profundizar en esta cuestión. Mi relación con él fue buena y, en la actualidad, es cordial. Nos reencontramos hace nada. Hemos hecho grandes cosas juntos y eso no lo puede borrar nadie. Durante una etapa fue también mi manager y ahí, como con cualquier artista, surgieron discrepancias.

Desde su lanzamiento, Que la detengan lideró las listas españolas, mexicanas, chilenas, peruanas, estadounidenses, venezolanas… Pese a sus 23 primaveras, estuvo a la altura del estallido que protagonizó. “Hicimos una gira de 180 fechas. Recuerdo terminar una y, al día siguiente, comenzar la nueva. Fue algo increíble, pero ahora me da pánico”, reconoce David, que ya cuenta con la experiencia que dan dos décadas de distancia. Entonces, se pateó el país de arriba a abajo. No había pueblo que no quisiera tenerle. Hasta el punto de que, si uno lo contrataba para sus fiestas, el de al lado lo anunciaba a los próximos días: “Arrastraba mucho público. Llevábamos una producción única, con siete instrumentistas y cuatro bailarines. Actuábamos ante miles de personas que conocían nuestras canciones. Las cantaban a pleno pulmón. Bailaban sin parar. Era un sueño”.

Él jamás imaginó volar tan alto. Ni siquiera cuando era niño y componía para la iglesia. Estudió piano en el conservatorio para satisfacer esa curiosidad artística que los más pequeños desarrollan en sus inicios. Incluso compitió en varios concursos. Aun así, la música se le antojaba como algo lejano. Hasta que lo intentó en el popularísimo Lluvia de Estrellas. En su primera aparición televisiva, se atrevió con la Experiencia religiosa de Enrique Iglesias. Tenía 17 años y, gracias a este arrebato, conoció a Abad. Éste se percató del potencial que el joven albergaba, por lo que decidió apostar por él. En un lustro, estaba representando a España en Eurovisión. “Si tuviese que elegir, me quedaría con Dile que la quiero. Es mi talismán. La que permitió dedicarme a esta profesión”, subraya. Alcanzó un sexto puesto con 76 puntos, la mejor clasificación de nuestro país entre 1997 y 2022. Un logro que sólo Chanel ha superado 21 ediciones después.

15.000 euros por concierto

El furor que despertó a principios de los 2000 se expandió a otras áreas. En televisión, por ejemplo, participó en ¡Ala...Dina! y ganó la segunda edición de Mira quién baila. Y, a escala publicitaria, protagonizó un spot dirigido por Bigas Luna. Inspirado en su Jamón, jamón, el objetivo era promocionar este típico producto de Teruel. La estrategia de marketing no terminó aquí: el autobús utilizado para las giras fue serigrafiado con una imagen del cantante acompañado por este ibérico. “Era un cantazo. Si pudiera cambiar algo del pasado, sería esto. No volvería a viajar en él. Había sitios donde no podíamos parar. Nos reconocían rápidamente y se montaba gorda. Llegué incluso a acabar en salones de boda, donde entrábamos a comer y nos llevaban a la fiesta”, sostiene. Sin pretenderlo, Que la detengan se convirtió en una de las imprescindibles de cualquier banquete. Hoy, en cambio, el tono es bien distinto: “Se usa más a nivel político”.

P. Tuvo que ganar mucho dinero.

R. Curré bastante, pero no llevaba un caché estratosférico: empezamos con 15.000 euros. Hay que tener en cuenta que yo no soy el autor de los temas ni el dueño del master, por lo que la cantidad que ingresaba no era tan boyante como la gente piensa. Girábamos con un megahit a buen precio. Por eso hicimos tantísimos bolos. Visité ciudades y pueblos. No se nos fue la pinza con la fama. Queríamos disfrutar de las tablas y así lo hicimos. Es verdad que, de vez en cuando, hemos hecho subidas simbólicas de 3.000 euros. E, incluso, hemos alcanzado los 30.000. Cualquier mejora siempre iba destinada a mejorar el show. Mi obsesión era montar el mejor espectáculo posible. En cualquier caso, no me he podido retirar.

P. ¿Necesitó ayuda profesional para encarar esa montaña rusa de emociones?

R. Hubo un tiempo en el que no me paraba a pensar. No tenía vida personal. Vivía por y para el escenario. Echando la vista hacia atrás, me he dado cuenta de que fue duro. Fueron los mejores años de mi vida, pero también hubo malos momentos. Llegamos a un ritmo tan frenético que nadie se paraba a preguntarme qué tal estaba. Iba a los sitios sin apenas dormir. A lo que hay que sumar que debía cuidar la voz. Eso hizo que no pudiera disfrutar demasiado del mundo artístico. Por suerte, siempre tuve a mi lado a mi mujer. Teruel ha sido mi refugio en numerosas ocasiones. Eso me ha dado estabilidad.

Este 2022, David Civera ha regresado con 'Entre amigos'.

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Este pico de popularidad sólo ha podido revalidarlo una vez más. Ocurrió con Bye, Bye, el primer single de su tercer álbum. La Chiqui Big Band (2003) fue disco de platino e, igualmente, se coronó en las radios. Civera parecía imparable. Sin embargo, el puntito bribón que lo encumbró comenzó a dar señales de desgaste. A partir de ahí, la repercusión fue mermando. Y, aunque Perdóname (2005) y Ni el primero ni el último (2006) mantuvieron el tipo, los números se resintieron. No obstante, lejos de producirse una caída en picado, el intérprete supo cómo gestionar la situación. “Conforme avanzaba mi carrera, la industria me fue apretando cada vez más. Yo deseaba evolucionar, pero ellos querían más de lo mismo. No renegaré jamás porque considero que la estrategia que siguieron conmigo fue la correcta”, explica. En ese momento, decidió cambiar sus prioridades y centrarse en la familia.

En 2007, se casó en la catedral de Santa María de Mediavilla. Tres meses antes había publicado No bastará, su sexta incursión. A la que siguieron Para vivir contigo (2008), Podemos elegir (2009) y A ritmo de clásicos (2011). Si bien le permitieron seguir haciendo conciertos, llegó un momento en el que David quiso parar. Uno que coincidió, precisamente, con el nacimiento de sus hijos. "Les di total prioridad. Quise disfrutarlos. Compaginar mi vida normal de hoy con la que tenía entonces es imposible. Todo tiene su época", apunta. Desde entonces, sus apariciones han sido limitadas: en 2013, publicó Versión original; en 2016, 15 aniversario; y, en 2019, Empatía. Ninguno de ellos tuvo la repercusión esperada: "Hubo un momento en que mi música se convirtió en un negocio para muchos. Trabajando desde el respeto y la humildad se obtienen buenos resultados". Este 2022 ha regresado con Entre amigos, una canción que le ha devuelto el interés y con la que está celebrando los 20 años de su mayor éxito.

P. ¿Que la detengan hubiese quedado mejor que Dile que la quiero en Eurovisión?

R. No. Lo tengo claro. La primera es muy española, mientras que la segunda es más internacional. Se trata de una especie de rumba europea cercana a los Gipsy Kings.

P. ¿Qué melodía nunca se cansa de bailar cada verano?

R. María, de Ricky Martin.

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