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45 AÑOS DESPUÉS DE SU MUERTE

Elvis: diez motivos por los que sigue siendo el rey

El artista, de cuya muerte se cumplen este 16 de agosto 45 años, acuñó a lo largo de su vida casi todos los relatos que conforman la narrativa rock, de tal manera que es difícil que un artista firme un episodio que no firmara ya Elvis

Se cumplen 45 años de la muerte de Elvis.

Se cumplen 45 años de la muerte de Elvis. / ARCHIVO

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Ramón Vendrell

Elvis Aaron Presley, de cuya muerte se cumplen este 16 de agosto 45 años, acuñó a lo largo de su vida casi todos los relatos que conforman la narrativa rock, de tal manera que es difícil que un artista firme un episodio que no firmara ya Elvis. Hay una excepción notable, y es todo lo relacionado con la creatividad: Elvis no era compositor de canciones y digamos que no ardía en su interior la llama del artista con necesidades expresivas sino más bien la del igualmente respetable entertainer. Por estos motivos su obra tiene una influencia nula en la música popular desde hace mucho, a diferencia de la de Bob Dylan o los Beatles. Pero como icono de la cultura moderna no tiene rival. Veamos por qué.

1. Tuvo un origen pobre

La pobreza familiar forma parte de la biografía de infinidad de artistas musicales e incluso hay una teoría popular que trata de explicar el hecho incontestable, no por poco científica menos verosímil: si no tienes dónde caerte muerto, te tomas muy en serio tu carrera en el inseguro mundo del espectáculo. Así se explicaría, en combinación con herencias culturales en las que la música, tan barata y fácil de armar ella, ocupa el lugar principal como fuente de consuelo y diversión, la desmesurada cantidad de superclases negroamericanos, jamaicanos o gitanos.

Nacido en East Tupelo (Misisipí) el 8 de junio de 1935, Elvis tuvo una infancia pobre y con mudanzas cada vez que sus padres no podían pagar el alquiler o la hipoteca, esto es, cada dos por tres. La mudanza más traumática llegó en verano de 1946, cuando el núcleo tuvo que trasladarse a una choza del centro de Tupelo, territorio negro. Elvis es la encarnación más resplandeciente de la remota posibilidad de alcanzar la cima saliendo del arroyo que brinda la música popular. A diferencia de muchos creadores (más europeos y sobre todo británicos que estadounidenses) de origen humilde que se dan pisto con su hazaña, Elvis prefería dedicar el tiempo a derrochar dinero que a hablar de cuando no lo tenía.

Nacido en East Tupelo (Misisipí) el 8 de junio de 1935, Elvis tuvo una infancia pobre.

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2. Inició una revolución

La pobreza brindó a Elvis contacto directo con el góspel y el blues negros, algo inhabitual entre los blancos de una sociedad racialmente segregada. El contacto directo con el góspel blanco le vino por vía familiar y con el country, por imposición de grupo social.

Ni mucho menos inventó Elvis el rock and roll, para empezar porque en la música popular inventar, lo que se dice inventar, nadie inventa nada, pero sí brindó al todavía innominado estilo el recipiente que estaba esperando para iniciar una revolución social y musical en toda regla. Un recipiente rebosante de carisma sexual. Nótese que los afroamericanos nunca han sentido debilidad por el rock and roll, quizá por verlo más como un robo que como una revolución mestiza. Los debates sobre apropiacionismo cultural vienen de lejos, ya ven.

La pobreza brindó a Elvis contacto directo con el góspel y el blues negros.

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3. Fue un traidor

Si Bob Dylan fue considerado un Judas por los partisanos del folk cuando electrificó su música a mediados de la década de 1960, ¿cómo debieron de sentirse los fans del rebelde Elvis cuando aceptó ingresar en el Ejército en 1958? No existía todavía una prensa rock y por tanto no se hizo mucha sangre del movimiento, que por otro lado le liberó de problemas con las autoridades derivados del terremoto que había originado y redefinió su imagen como buen chico americano, pero fue un chasco mayúsculo para muchos.

No contento con eso, a su regresó casi se olvidó de la música para concentrarse (es un decir) en una insensata carrera cinematográfica, con lo que a la traición a su público añadió la traición a su talento.

En 1970 la cultura juvenil ya no esperaba nada de Elvis, así que su encuentro con el presidente republicano Richard Nixon no puede considerarse una traición, pero resulta un episodio revelador sobre el mundo paralelo en el que vivía el artista. Resumiendo: Elvis volaba en primera clase a Washington el 20 de diciembre cuando tuvo el arrebato de escribir una carta a Nixon en la que más o menos se ofrecía como fabuloso agente antidrogas encubierto, ya que, escribió, los elementos subversivos de todo pelaje no le veían como miembro de lo que “ellos llaman el establishment”. Una vez en tierra, decidió que lo mejor era entregar la misiva en mano y a la Casa Blanca se fue en limusina. Allí le dijeron que por mucho Elvis que fuera el presidente no podía recibirle así como así y se vio obligado a dejar en manos inciertas la carta (y la tira de números de teléfono para que le contactaran). Por increíble que parezca, fue contactado cuando aún estaba en Washington y citado en el Despacho Oval el día siguiente. Elvis obsequió a Nixon con una pistola Colt conmemorativa de la Segunda Guerra Mundial y siete balas de plata, y le reafirmó que estaba de su lado y contra los Beatles, a los que al parecer consideraba responsables de todos los males de Estados Unidos. Nixon, por su parte, hizo a Elvis agente federal honorario y le regaló un parche del Federal Bureau of Narcotics. Que era lo que el cantante quería de verdad, no en balde coleccionaba parches policiales y este no lo había podido conseguir. No es extraño que Elvis despierte fuertes simpatías en la ultraderecha estadounidense.

Hubo un tiempo en que quiso centrarse en una insensata carrera cinematográfica.

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4. Y luego resucitó

Tras años de molicie creativa, grabando bandas sonoras cada vez peores para las películas cada vez peores que protagonizaba, en 1969 publicó From Elvis in Memphis, no solo un majestuoso elepé de country-soul sino el que acuñó la idea de disco de resurrección, desde entonces un lugar común del rock al que intentan agarrarse todos los artistas que llevan tiempo de capa caída. Asimismo, el título formula otro cliché del rock al que después de Elvis se han asido como si fuera un salvavidas numerosos artistas de carrera extraviada: el regreso a los orígenes.

Con canciones de compositores de primera y bien elegidas, producido en el estudio American Sound por el gran Chips Moman e interpretado por instrumentistas killers (básicamente los Memphis Boys, el grupo de la casa de American Sound), el álbum muestra a un Elvis que ha añadido capas de vulnerabilidad, hondura y empatía a su poder atómico original.

5. Fijó el cuero como material rockero

De hecho la apoteósica resurrección de Elvis había comenzado un año antes con el programa de televisión 68 Comeback Special. Lo dirigió Steve Binder, que supo pinchar al intérprete para que saliera de su acartonada zona de confort ("tu carrera está en el retrete" fue una de las primeras cosas que le dijo). En el tramo central del musical de la NBC Elvis llevó un reluciente conjunto de chaqueta y pantalón de cuero negro diseñado por Bill Belew. Había precedentes, pero de impacto mucho menor.

Los Beatles se hicieron confeccionar conjuntos de cuero negro para su fogueo en clubs de Hamburgo, que Brian Epstein descartó en cuanto se hizo su mánager, y el rocker Gene Vincent había hecho del cuero negro su uniforme escénico. También Jim Morrison era aficionado en escena al cuero, sin olvidar que Salvaje (1953) había introducido en el imaginario colectivo la cazadora de cuero como prenda levantisca. Pero fue Elvis quien sancionó ante millones de telespectadores el cuero negro como nobilísimo material rockero.

6. Desarrolló una imagen única

Los ídolos musicales siempre han prestado mucha atención a su imagen. Sin ir más lejos la música country había desarrollado un estilo particular, con camisas, trajes y vestidos personalizados con bordados y pedrería; Nudie era el sastre estrella. Pero los monos, cinturones y, ocasionalmente, capas que el citado Bill Belew confeccionó para que Elvis luciera en sus espectáculos a partir de 1970 siguen siendo el no va más en cuanto a transferir unicidad a un artista.

El tipo que llevaba esa indumentaria, en la que confluían influencias napoleónicas (los cuellos), del rhinestone country, del kárate, del wrestling y hasta aztecas, fue Ziggy Stardust antes de Ziggy Stardust y la Madonna de Gaultier antes de la Madonna de Gaultier.  

7. Sigue vivo gracias a sus clones

Los tuvo antes que nadie, cuando ni siquiera existía el concepto de artista de tributo, y a patadas. Es significativo que casi todos los impersonators de Elvis lo sean de su etapa Las Vegas: es más fácil imitar a un hombre con sobrepeso y patillas, gafas y mono instantáneamente identificables que al apolíneo y electrizante semidiós de los años 50. Mención aparte merece El Vez, nombre artístico de Robert Alan Lopez, que adapta canciones y el imaginario de Elvis a la cultura chicana. Puede parecer el bromazo de un artista conceptual, y algo de eso hay, pero los resultados son muy serios.

8. Creó el rock duro

Elvis creó el rock adulto cuando aún era dogma de fe que un rockero estaba acabado a los 30 años, como mucho. Sus conciertos de los años 70 (a menudo formidables, en contra de la idea popular), para públicos no precisamente juveniles, forjaron el molde que en la actualidad permite a tantas y tantas bandas llenar grandes recintos sin necesidad de tener nada nuevo que mostrar: viejos éxitos ensamblados en un espectáculo imponente. En la otra acepción de rock adulto, la que se refiere a los artistas que se resisten a la congelación creativa, no busquen a Elvis.

9. Conquistó el mundo por televisión

Elvis no habría sido Elvis sin la televisión, que, cuando él la asaltó, estaba en su primera edad de oro. Sus apariciones en 1956 en los shows de Tommy y Jimmy Dorsey, Milton Berle, Steve Allen y, sobre todo, Ed Sullivan desataron una gigantesca ola de locura y enojo casi a partes iguales. Ni de broma habría tenido el impacto que tuvo sin la televisión, para la cual parecía haber nacido. En 1968, ya lo hemos visto, reclamó el trono abandonado en sus largos años de decadencia con el 68 Comeback Special.

Y con el concierto Aloha Fron Hawai Via Satellite, emitido en directo para Asia y Oceanía el 14 de enero de 1973, en diferido para Europa y condensado en un especial de la NBC en Estados Unidos el 4 de abril, logró audiencias astronómicas en todo el planeta sin salir de su país. Que era lo que de ninguna manera quería hacer Tom Parker, su turbio mánager, inmigrante irregular en Estados Unidos y por tanto alérgico a cruzar las fronteras estadounidenses. Por este motivo y pese a las ofertas Elvis nunca actuó en el extranjero.  

10. Y al morir fue santificado

En la madrugada (española) del 15 al 16 de agosto, día de la muerte de Elvis, Graceland, la mansión del cantante en Graceland, acoge cada año la Candlelight Vigil, procesión laica en toda regla a la que este año se estima que han podido asistir hasta 25.000 fans llegados de todo el mundo. Si esto no es un fenómeno como mínimo pararreligioso, que baje Dios y lo vea.

El lado oscuro

El culto a Elvis tiene un lado oscuro que, no obstante, también predica su potencia. Solo un segundo después de su muerte por sobredosis de drogas (aquí no fue pionero) comenzó a formarse una monstruosa bola de basura mediática compuesta de sensacionalismo extremo, teorías conspiratorias, explotación de devociones alucinadas y directamente bulos. Da vértigo pensar qué habría pasado si hubiera existido internet en 1977. En cualquier caso, para la posteridad y fuera de los círculos de fieles, el Elvis grotesco nacido tras la defunción de Elvis parece haber ganado la partida a la supernova original. Eso solo tiene una explicación: la humanidad es mala. Con un poco de suerte el radiante biopic Elvis, de Bazz Luhrmann, contribuye a enmendar esa perversión.


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