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LA HISTORIA DETRÁS DE… (II)

'La canción del velero', el grito sexual que obligó a Cristina a adelgazar para triunfar: "Lloré bastante por mi físico"

Cristina Conde tuvo que pasar un casting para ingresar en el grupo creado por Alejandro Abad.

Cristina Conde tuvo que pasar un casting para ingresar en el grupo creado por Alejandro Abad. / EPE | INSTAGRAM

  • Bajo la batuta del productor Alejandro Abad, La Fiesta fue uno de los grupos revelación de principios de los 2000. Tras el éxito cosechado con 'Toma vitamina', la formación editó su tema más polémico: “Hicimos la mayor campaña anticonceptiva de la historia”

  • En esta segunda etapa, su imagen se radicalizó. Sobre todo, la de las chicas: "En las fotos del disco se nos ve sin sujetador y lo único que nos tapa los pechos son las manos de nuestros compañeros. No fue algo que yo eligiese ni con lo que estuviese cómoda"

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En pleno fenómeno Operación Triunfo, sólo unos pocos consiguieron hacer (algo) de sombra a David Bisbal, Chenoa, Manuel Carrasco, Beth o David Bustamante. Era harto complicado, si tenemos en cuenta que vivimos sus 24 horas en la academia como si fuesen las nuestras propias. Pero entre Ave María y Dime empezó a sonar un tema que rápidamente se agarró a la cabeza. Era simplón y adictivo. Su bailecito también ayudó a que se convirtiera en un éxito. Y las dudas que generó su letra lo convirtió en el debate favorito de los cuñados de media España. Decía lo siguiente: “Quiero montarme en tu velero, ponerte yo el sombrero y hacernos eso. Ay, ay, ay, ay”. Por un lado, estaban los que veían un evidente significado sexual. Y, por otro, los que defendían su carácter inocente. Ahora, casi 20 años después de su lanzamiento, se confirma que los primeros tenían razón: “Hicimos la mayor campaña anticonceptiva de la historia de España”.

La que habla es Cristina Conde, una de las integrantes de La Fiesta. Quizá, este nombre no traiga demasiadas referencias a primera oída. Sin embargo, ellos son además los responsables del estrujadísimo Toma vitamina. La formación apenas duró tres veranos, pero su música aún sigue provocando delirios en ferias y verbenas. Y, en consecuencia, generando derechos de autor. Dinero, vaya. Urko, Dani, Raquel y Cristina fueron una gran fuente de ingresos hasta que, de la noche a la mañana, desaparecieron. Sin hacer ruido. Terminaron la gira y se esfumaron. Aunque esto llegó un poquito más tarde. Lo curioso de su aventura está al inicio, cuando el productor Alejandro Abad decidió organizar un casting para encontrar a sus particulares Steps. Quería pachangueo español. Y no uno cualquiera: la banda debía tener, sobre todo, presencia. De ahí que tres de ellos fueran modelos y sólo una, cantante.

“Yo entré de rebote. En un principio, era Lorena Calero la que llevaba la voz. Pero finalmente no llegaron a un acuerdo y el equipo decidió buscar una nueva componente. Yo me enteré de la prueba gracias a mi hermana. Querían que fuese una chica morena y que afinase. A mí me daba vergüenza, así que mi madre me compró el billete de avión a regañadientes”, relata Cristina. Ella salió elegida frente a cientos de candidatas. A partir de ahí, todo fue un no parar. Para su primer disco, optaron por un perfil cándido y un estilo sencillo. Algo que los alejaba bastante del programa que los catapultó a la fama: Gran Hermano. Aun así, su propuesta encajó a la perfección con los gritos y pasiones de un reality como éste. Su Toma vitamina, por ejemplo, adornó los llantos de Karola y licuó el romance de Sabrina. Puro arte. No obstante, aunque coparon las radios y recorrieron buena parte de la geografía nacional, Universal no renovó su contrato.

Pese a ello, la fórmula parecía no tener fecha de caducidad. Y, de repente, apareció Vale Music. Con ellos editaron Dicen, un elepé que superó a su antecesor. La canción del velero fue la culpable. “Entró en el recopilatorio de Caribe Mix y Telecinco la volvió a utilizar para sus programas. La exposición fue enorme”, continúa Cristina, que confiesa que pensaba que no iba a funcionar. “En esta nueva fase se nos notaba más profesionales. Las coreografías estaban más coordinadas y las composiciones eran más profundas”. Incluso su imagen se transformó: pasaron de unos adolescentes coloristas a unos veinteañeros explosivos. Un cambio que a esta joven malagueña no sentó demasiado bien: “Estuve muy presionada con el físico. Yo tengo tendencia a engordar y me metían una caña desorbitada. Lloré bastante por la tensión a la que me sometieron para estar a la altura de mis compañeros”.

P. ¿Cómo lo gestionó?

R. Mal, pero luego me fui acostumbrando. Las rutinas eran duras. Poquito a poco, fui bajando de peso y desarrollando abdominales. Ahí ya me sentí mejor. Como ganaba mucho, pude permitirme un entrenador que me marcaba las pautas a seguir. En cualquier caso, no lo hice de manera voluntaria. Al contrario, por imposición.

P. También se explotó su físico.

R. Sin duda. Eso estaba premeditado. Para que te hagas una idea, en la contraportada del segundo disco se nos ve sin sujetador y lo único que nos tapa los pechos son las manos de nuestros compañeros. Igualmente, en el videoclip enseñé más de la cuenta. No fue algo que yo eligiese ni con lo que estuviese cómoda. Me dejé llevar… pensaba que estaba bien. A día de hoy, me negaría a hacerlo.

"Nos sacaron todo el jugo"

Con todo, la artista admite guardar un buen sabor de esta etapa. Una en la que, si bien creció profesionalmente, aún estaba a años luz del nivel en el que se halla en 2022. ¿El mejor ejemplo? Las letras de aquella época: “No soy un mago ni un hechicero”, “Mi ángel de la guarda no es Spiderman”, “Dame donde me gusta, dame donde yo quiero”… Eso no quita que, a escala melódica, el álbum tuviese una mayor profundidad que el primero. “Siempre tuve los pies en la tierra. Es verdad que me pedían autógrafos y fotografías, pero nada más. En la actualidad, ya no me ocurre porque la gente no me conoce. Aunque, de vez en cuando, me encuentro con algún mexicano que me pregunta si yo era la vitamina morena. Así me llamaban allí. Me hace ilusión que, tras este tiempo, alguien recuerde un periodo que fue tan importante para mí”.

La Fiesta, en una imagen promocional de su segundo elepé.

/ ARCHIVO

P. ¿Qué siente al revisitar el pasado?

R. Nostalgia. Fui muy feliz, pero no valoré del todo lo que me estaba pasando: trabajaba poco y ganaba mucho. Entonces, tenía un caché que ahora no tengo. No era consciente de lo que me iba a costar encontrar empleo después y que me lo pagasen bien. Algo que influyó es que íbamos de la mano de Alejandro Abad, quien nos daba una buena cantidad. Lo malo es que yo pensaba que iba a ser así el resto de mi vida. Y no.

P. Habrá quien piense que tiene los días resueltos.

R. Para nada. No hicimos tanto dinero. La mayor parte era para el representante. A nosotros nos entregaban una cifra cerrada. En ese aspecto no me quejo. Yo decidí invertir en mí misma, con clases de interpretación, canto, baile… No me compré ninguna propiedad.

A pesar de las 19 primaveras que han pasado, La canción del velero aún sigue regalándole alguna que otra gratificación: “Sigo ingresando derechos de fonogramas. Cuando el rey Juan Carlos vino a España en mayo y participó en las regatas de Sanxenxo, muchos programas y personas se la dedicaron. Yo encantada porque, cuanto más lo pongan, más cobro”. Como ocurrió con el primer cancionero, las ventas del segundo tampoco gustaron a la discográfica… por lo que no volvieron a contar con ellos. “Empezaron a bajar los bolos, por lo que los cuatro nos vimos obligados a buscar otros trabajos con los que compaginar la música. Eso hizo que fuese más complicado coincidir sobre los escenarios. A lo que hay que sumar que ya nos habían sacado todo el jugo que querían: un proyecto creado para un año consiguieron alargarlo tres”, explica Cristina.

La salida de Raquel fue el detonante definitivo. A su compañera le ofrecieron incorporarse al Un, dos, tres… responda otra vez que resucitó TVE en 2004. “Aunque perdimos alguna actuación, me alegré por ella”, asegura con esa empatía de quienes han vivido mano a mano. Pero, de improviso, suelta: “Yo hubiese seguido, ¿eh? De hecho, teníamos grabado un nuevo single…”. Tras la disolución, la intérprete se trasladó a Madrid, donde casi de inmediato la ficharon como componente de la Década Prodigiosa. Y no sólo eso: a lo largo de estas dos décadas, ha colaborado con Rosa López e Isabel Pantoja, ha intentado representar a España en Eurovisión, ha grabado la sintonía del popular programa Allá tú, ha sido corista de Eurojunior… En cuanto a Urko y Dani, poco se sabe de ellos. “Seguimos manteniendo el contacto”, concluye Cristina. “Somos una familia”.

P. ¿Cree que ser parte de La Fiesta le ha cerrado puertas?

R. Al principio, me las abrió. Sin duda. Me hizo ser popular en cuestión de días. Ahora bien, tengo que decir que soy mejor cantante de lo que aparento en estos temas. De hecho, me han llegado a rechazar de distintos proyectos por haber sido parte del grupo. Mucha gente de la industria ha pensado que no era capaz de afrontar otros retos. El compositor Rafael Artesero me dijo precisamente eso cuando coincidimos en un estudio. Yo le contesté que pensaba grabar su maqueta y que, si no le gustaba, no me pagase. ¿Qué pasó? Que le encantó. Siempre he vivido en una constante paradoja: cuando estaba gorda, no encajaba por mi imagen; y cuando la tenía, pensaban que mi voz no valía.

P. ¿Qué canción se dedica a sí misma cada verano?

R. Hay que venir al sur, de Raffaella Carrá.

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