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LA HISTORIA DETRÁS DE… (I)

'Papi chulo', el éxito por el que estafaron, suplantaron y 'mataron' a Lorna: "El público no creía que estuviera viva"

Lorna es la ’mami’ del reguetón y, como tal, ha luchado por la aceptación, la diversidad y la igualdad.

Lorna es la ’mami’ del reguetón y, como tal, ha luchado por la aceptación, la diversidad y la igualdad. / EPE

  • Considerada la 'mami' del reguetón, la artista está a punto de celebrar el 20 aniversario su canción más famosa: aunque llegó a Europa cuatro años después de su lanzamiento en Latinoamérica, el estruendo que provocó fue tan grande que lideró las listas de 45 países

  • Los tres millones de copias que despachó entonces hoy encuentran su reflejo en los 110 millones de escuchas que acumula en YouTube. Tal es la huella que dejó que el Diccionario de la Real Academia Española introdujo este término entre sus páginas. Incluso Rosalía la acaba de recuperar para la presentación de 'Motomami'

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Es cierto que Papi chulo tiene nombre de canción venida a menos. Han pasado casi 20 años desde que empezamos a escucharla a mansalva en España y, aunque hoy nos chirríen algunas partes de su letra, la energía que transmite sigue siendo la misma. Arrasó entonces y nos eriza la piel ahora. No tanto por su enjundia musical, sino por todo lo que nos retrotrae de aquellos (excéntricos) 2000. Lorna es la culpable de que, en pleno 2022, su melodía más famosa sea la responsable de que numerosas caderas se hayan dislocado en las últimas verbenas. Y no sólo eso: a ella también le debemos que las nuevas generaciones escuchen el reguetón sin los prejuicios que existían a principios de milenio. Ella es la madre del género y, como tal, ha luchado por la aceptación, la diversidad y la igualdad. Lo ha conseguido, pero para ello ha tenido que pagar demasiados patos: machismo, estafas, mentiras, soledad, suplantaciones

Todo se remonta a 1996, cuando una jovencísima Lorna comenzó a tontear con los ritmos urbanos. Tenía 13 primaveras. Sin embargo, su corta edad no le restó agallas para moverse por un ambiente de sobra masculino. “Decidí competir en distintos campeonatos para ver si alguien se fijaba en mí. Como no dejaban participar a niñas, me tuve que vestir con ropa de adulto para poder entrar. Esa era la única vía que tuve para labrarme un nombre”, recuerda la cantante sobre sus inicios en Panamá. “Esas audiciones eran a altas horas de la noche. Mi familia era muy pobre, por lo que a veces me daban el dinero justo para ir y volver en autobús. Si para un hombre ya era peligroso salir de casa a esas horas, imagínate para una mujer”. Poco a poco, fue ganándose el respeto de la calle. Y, después, el de la industria. Con sus primeras canciones, el ascenso fue meteórico. Y con Papi chulo consiguió la consagración.

De la noche a la mañana, los chiringuitos y las discotecas de la España dosmiltresera la pincharon sin parar junto a David Civera, Dinio, Malena Gracia, King África, Merche, Piercing… No había fiesta ni programa de José Luis Moreno en el que no sonara. Tan grande fue el estruendo que provocó que ni Alejandro Sanz ni El Canto del Loco fueron capaces de frenarla. “La primera demo de este tema es de 1999 y sólo duraba 59 segundos. Como estaba de gira por Latinoamérica, no tuve tiempo para alargarla. Así que se editó tal cual”, explica Lorna. A los cuatro años, llegó a Europa gracias a los hispanos que emigraron hacia el Viejo Continente. Dado el éxito que recabó, en 2003, se decidió grabar una versión extendida en la que, prácticamente, se repetía el estribillo una y otra vez. Triunfó en 45 países: “Me quedé asombrada al escuchar a tanta gente cantando en español en Turquía, Australia, Japón, Túnez, Francia…”.

Los tres millones de copias que despachó entonces hoy encuentran su reflejo en los 110 millones de escuchas que acumula en YouTube. Tal es la huella que dejó que el Diccionario de la Real Academia Española introdujo este término entre sus páginas. Incluso Rosalía la acaba de recuperar para la presentación de Motomami. Su vigencia no acaba aquí, pues durante la pandemia se viralizó en TikTok y hace nada el DJ francés Hugel la volvió a mezclar. “Quería hacer una canción pícara, juguetona, sensual… Siempre me ha gustado jugar con los dobles sentidos. No ofende a nadie. Eso ha hecho que la gente pueda darle su propio significado y llevarla a su terreno”, relata la artista, que en 2023 la relanzará junto a grandes nombres de la escena internacional para celebrar estas dos décadas de triunfos.

En la actualidad, Lorna tiene 39 años.

/ ARCHIVO

P. Todo apunta a que se hizo de oro.

R. Gané bastante, pero podría tener cinco veces más si hubiese usado mejor mi cabeza. Era joven y, en ocasiones, no medía. Podía ir de compras con mis amigas y soltar 10.000 dólares en tres horas. Cuando tienes dinero, te da lo mismo que un traje cueste 20.000. Gastaba tanto porque sabía que a la semana siguiente tendría más. Por suerte, fue sólo una etapa. A partir de ahí empecé a invertir y ahora tengo una flota de taxis y algunas propiedades.

P. ¿Cómo lo vivió su entorno?

R. Este tema ha sido una bendición. Yo era la hermana mediana de una familia numerosa, por lo que no tenía casi ningún privilegio. Recuerdo que para que mi hermano pudiera graduarse en la escuela, había que sacrificar a los más pequeños. Yo utilizaba la ropa de los mayores y llevaba zapatos de segunda. Lo cuento sin pena y con orgullo. Por eso digo que la música nos salvó: con 21 años pude comprarle una casa a mi madre, terminé mis estudios, ayudé para que mis allegados vivieran mejor… Eso me hace sentir bien porque mucha gente dice que el reguetón es marginal y malo. Al contrario, a mí me ha traído cosas buenísimas. Algunos jóvenes del barrio en el crecí fueron asesinados y yo, gracias a este género, conseguí salir de allí. Si no fuera por él, no sé qué hubiera sido de mí. Quizá, hubiese sido una víctima más del mal destino que hay en estos lugares.

Una farsante sobre el escenario

A pesar de todas las mieles que esta composición le trajo, Lorna rechazó la fama al principio. "En mis primeros conciertos, me llevaban engañada diciéndome que era relleno de otras giras", rememora con cariño. La inocencia de aquella niña fue evolucionando hasta adquirir las armas precisas para ser una auténtica estrella. "Fue una etapa bonita, pero también triste", dice, antes de quedarse callada unos segundos. "En un período de seis meses, tuve 114 fechas en Europa. Una locura. Siempre andábamos corriendo de un lado para otro. En ocasiones, se nos solapaban los compromisos y teníamos que ir aún más rápido. Un día, por ejemplo, no llegábamos al avión y tuve que coger una moto. Recuerdo ir agarrada a mi manager con miedo. Al final, lo conseguimos: cuando por fin subí al avión me puse a llorar. No sé si por la emoción de haber llegado o por haber conservado la vida".

P. ¿Qué fue lo mejor y lo peor de esta etapa?

R. Por un lado, lo más bonito fue la gente. Había personas que, sin conocerme personalmente, me querían. Y eso era fruto de mis canciones. Y, por otro lado, lo menos bonito fue el poco tiempo que pude dedicar a mi hija. Mi mamá tuvo que ayudarme a criarla. Adoro a mi nena, pero no pude darle la atención que merecía. Y eso me parte en dos porque, a pesar de que nos llevamos muy bien, ella me confesó que le hice daño. Me ha perdonado, aunque el hecho de que haya sido sincera conmigo es de las cosas más duras por las que he pasado. Aun así, lo hemos superado juntas. Y, de hecho, está siguiendo mis pasos: canta y baila.

Su pequeña nació durante un parón que necesitó tras dos años de intensa actividad. En este momento, se dedicó principalmente a los suyos. Esta desconexión no le vino nada mal, pero el arte no dejaba de llamar a su puerta. Así que decidió regresar, aunque no todo fueron flores: tuvo que llevar a los tribunales al productor original de Papi chulo, quien no le había pagado su parte correspondiente por derechos de autor. Este es un asunto en el que prefiere no ahondar. Lo pasó mal, pero ya está superado. "Yo hice la letra y la melodía. Es un tema 100% mío", argumenta. Sin embargo, no fue el único revés que vivió: en 2005, el Ayuntamiento de Bilbao la contrató para las fiestas de la Aste Nagusia. La sorpresa se produjo cuando, sobre el escenario, no apareció ella sino una farsante. El público se dio cuenta desde el primer momento y el productor salió del paso diciendo que había registrado la marca, por lo que podía suplantarla por quién quisiera.

P. Si volviera al pasado, ¿cambiaría algo?

R. Si tuviera una varita mágica, borraría un episodio concreto: cuando se inventaron que había muerto de sobredosis en un hotel de Canarias. La joven que falleció se llamaba igualmente Lorna, de ahí que la asociaran conmigo. No es un nombre muy común… Me afectó bastante porque, entonces, no había redes sociales a las que subir un vídeo desmintiendo la noticia. Esto hizo que mi carrera se congelase. Se cancelaron muchos conciertos porque el público no creía que estuviera viva.

Lorna, en una imagen promocional de la época.

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Incluso hubo momentos en los que le pidieron que demostrase su identidad para corroborar que se trataba de ella. Superado este capítulo, la cantante no cejó en su empeño y continuó sacando música. "He tenido otros grandes éxitos, pero ninguno ha llegado al nivel de Papi chulo. La suerte te pilla cuando quiere", sostiene. Entre ellas, una de sus favoritas: Llueve: "Si bien no sonó en las radios españolas, me la piden cada vez que voy. Es un reguetón romántico que habla de la pérdida de seres queridos. Me gusta especialmente porque, en los últimos años, nos dejaron cinco familiares". No obstante, a España no ha dejado de venir: es una de las habituales de las fiestas estivales y, aunque tenga nuevo material, aquí siempre le piden su gran hit.

P. ¿Se puede vivir toda la vida de una canción?

R. Que va. Para que eso pase necesitas un clásico. Y Papi chulo lo es. He tenido otras composiciones que han funcionado, pero la que ha generado más dinero es ésta.

P. En su verbena particular, ¿cuál no debería faltar?

R. Calma, de Pedro Capó y Farruko.

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