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PUBLICA SU PRIMER DISCO

De estudiar en El Escorial a triunfar con C Tangana: pablopablo es la revolución musical que escuece a los académicos

El primer disco de pablopablo contiene ocho canciones, entre las que se encuentran ’Azul zafiro’ y ’París’.

El primer disco de pablopablo contiene ocho canciones, entre las que se encuentran ’Azul zafiro’ y ’París’. / ALBA VIGARAY

  • El hijo de Jorge Drexler y Ana Laan heredó el talento y la disciplina de sus padres, unos cimientos con los que ha construido su primer elepé

  • Bebe de las nuevas corrientes, por lo que pide no discriminar ningún género: “Cuando reniegas del trap, te conviertes en los que rechazaron La leyenda del tiempo” 

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Pablo. A secas. Repetido dos veces. Junto. Y en minúscula. Para pablopablo, este nombre es una especie de burbuja en la que su imaginario cobra vida. Ahí tienen cabida sus emociones, sus reflexiones, sus guerras, sus alucinaciones… sin necesidad de validación alguna. Es él en su máximo esplendor. Brilla por naturaleza propia, pero también por aspiración personal. A pesar de su juventud, es un chico curtido al compás de la música. Sus padres, Jorge Drexler y Ana Laan, así lo quisieron desde que llegó al mundo.

Ha nacido y crecido rodeado de canciones y eso, en cierto modo, le ha activado el chip creativo que lleva de serie. “Cuando ves a dos adultos completamente enamorados de lo que hacen no te queda otra que sumarte”, dice el artista, que se lanza por primera vez al mercado con un álbum tan coherente como disruptivo.

Recuerda a James Blake, a Rosalía, a Nick Drake y, por supuesto, a C Tangana. De hecho, El madrileño fue quien le dio el espaldarazo definitivo. Pero empecemos por el principio: Pablo es de San Lorenzo de El Escorial, la villa donde empezó a cultivar su pasión. Allí, estudió en un colegio de lo más particular: a la par que aprendía matemáticas o geografía tocaba la guitarra o cantaba. “Se trataba de un centro público con la atención y la calidad de uno privado. Era la hostia: tan pronto estabas escribiendo un tema pop como cantando el Réquiem de Mozart”, recuerda.

Esa semilla poco a poco fue germinando. Y de las ideas de un niño de pueblo surgió una mirada que traspasaba fronteras. Durante años, se dedicó a leer poesía, a componer temas, a buscar historias… Así hasta que dio con las ocho canciones que hoy conforman su carta de presentación. “Siempre he querido dedicarme a esto. No sólo porque me apasionaba, sino además porque no había nada frenando ese interés. Nadie nunca me dijo lo que tenía que hacer y lo que no”.

Es cierto que, cuando se trasladó a Inglaterra, se matriculó en un doble grado en Filosofía y Música. Sin embargo, lo dejó a los meses: el arte terminó llevándoselo por delante. “Mis padres me inculcaron mucha disciplina. Me enseñaron a trabajar con amor. Y, aunque ellos ya tenían callo, siempre me han dejado volar por mi cuenta”, mantiene. “Ser el hijo de Drexler es un privilegio y una losa: por un lado, me ha ayudado a tener perspectiva de la industria; y, por otro, me ha generado la presión de hacerlo igual de bien que él. Eso no es un problema, sino un rollo… porque no se me ve como la persona que soy, sino como alguien preconcebido”.

Su relación con Pucho

El punto de inflexión llegó cuando conoció a C Tangana. Fue algo inesperado, casi de película. Jorge y él, después de haberse encontrado en unos premios Grammy, tenían ganas de colaborar. Así que decidieron montar una sesión para crear un tema en conjunto. La casualidad quiso que el ingeniero de sonido fallase y que le propusieran a Pablo hacerse cargo de los micros.

pablopablo, durante la presentación de su elepé en Warner Music Station.

/ ALBA VIGARAY

“Me hizo ilusión porque soy fan, pero tenía que hacer algo para que se fijase en mí”, sostiene. Así que, cuando Pucho se fue a fumar, se sentó al piano y comenzó a tocar. En ese instante, su ídolo se giró y le animó a continuar. No hicieron falta más palabras: esa misma tarde dieron forma a su primera canción. Al final, no se materializó en nada.

Ahora bien, la unión que se forjó entre ambos hoy se ha transformado en amistad. “Me dio su número y, de vez en cuando, aprovechaba para enviarle algunas ideas. Casi nunca contestaba. Si algo no le mola, pasa. En ese sentido, es muy fácil entenderle”, explica. “En una ocasión sí que lo hizo y me propuso ser el asesor creativo de su gira. Aproveché la oportunidad y me fui metiendo en su universo. Hasta el punto de cantar las partes de Ed Maverick y Omar Apollo en Párteme la cara y Te olvidaste.

P. ¿Cómo gestionó ese crecimiento tan rápido?

R. Es verdad que el contacto con C Tangana no me lo gané yo, pero después han surgido cosas que sí han dependido de mí. Estoy orgulloso de haber sido tan lanzado y de haber ido ascendiendo en su compañía. Me pone feliz que confíe en mí.

P. ¿Qué ha aprendido de él?

R. Para Pucho, es muy importante que se entienda cada palabra de sus canciones. Te cuento una anécdota: hubo un momento en que iba a sacar mi elepé y decidí enseñársela antes para ver qué le parecía. Me dijo que le gustaba, pero que no comprendía nada de lo que estaba diciendo. Me jodió, aunque tenía razón. Eso me hizo volver al estudio. No vale sólo con gozármelo yo, tengo que comunicar.

“Que me pregunten si te he querido. Que me lo pidan, por favor. Como una ola va a su roca, yo siempre vuelvo hacia tu amor. En un murmullo de agua clara, la primavera da un suspiro y se me clavan esos ojos azul zafiro”, canta Pablo en su primer sencillo. Parece un poema musicalizado. Lo que lleva a plantearse si, en la música urbana, el mensaje ha ido adquiriendo mayor importancia con el paso de las décadas.

“La peña no sabe lo difícil que es escribir una letra que habla de sexo en un discoteca. Yo creo que la razón por la que se infravalora tanto este género es porque se considera de clase baja”, mantiene el artista, que asegura que aún existe cierto clasismo por parte del mundo más academicista. “No entiendo cómo puede haber gente que se esté perdiendo el reguetón. Qué pena porque está guapísimo. Cuando tú rechazas el trap o el autotune, te estás convirtiendo en los que rechazaron La leyenda del tiempo. Si eso es lo que deseas, genial. No obstante, te vas a quedar en el lado aburrido de la historia. Lo guay es aceptar la diferencia y lanzarte”.

P. ¿Le da miedo la comparación?

R. No, la verdad. Si las etiquetas ayudan a las personas a sentir mis temas, adelante. ¿El James Blake español? Yo no me siento así, pero dale. No me parece un problema. Al fin y al cabo, luego cada uno va a establecer su propio vínculo con las canciones.

P. ¿Y no estar a la altura?

R. Si lo pienso, me da pánico. En el fondo, tú creas arte para que el público conecte. Si eso lo consigues, lo demás da igual.

"La peña no sabe lo difícil que es escribir una letra que habla de sexo en un discoteca", dice pablopablo.

/ ALBA VIGARAY

Pablo canta al amor especialmente. Y a la confusión que éste crea en las personas. Por el momento, prefiere quedarse en este escalón. Quizá, con el tiempo, se atreva a abordar otros debates. “Veo valor en la inocencia y la humildad a la hora de tratar según qué tipo de temas. Comprender tus propias limitaciones es sano”, subraya. Sobre todo, en un sector en el que los vaivenes emocionales están a la orden del día. “No los sé gestionar aún. He ido a terapia, pero no consigo hacer frente a la bipolaridad que supone hacer cultura. Es jodido. No existe un punto intermedio: o estoy eufórico o estoy de bajón. Vives obsesionado con saber si eres bueno o no”.

De ahí que, para él, el éxito no tenga que ver con algo grande, tocho o mundial. Sino más bien con la capacidad de conmover a los demás: “Saber que alguien escucha mis canciones en el autobús y siente cosas. Con eso ya habré ganado”.  

Grabar conversaciones ajenas

A pablopablo le encanta grabar conversaciones ajenas y transformarlas en canciones. De hecho, es posible que ésta que estamos teniendo acabe siendo una de ellas. Lo veremos. Lo hace por amor a la gente, a la calle, a la realidad. En su debut se halla San Lorenzo, un tema que nació de una charla entre dos señoras. “Me fascina escuchar a las personas mayores hablar sobre la vida de hoy. En este caso, se trataba de dos mujeres que, mientras esperaban el autobús, debatían sobre un centro comercial de Madrid. A mí me encantaba coger esa línea cuando vivía allí, pues descubría historias muy intensas: oías a los abuelos y a las abuelas contarse las enfermedades que les habían diagnosticado o invitarse los unos a los otros a comidas familiares”. Esta técnica tan particular también aparece en otra de sus composiciones. Y lo más seguro es que no sea la última.  

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