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Álex de la Iglesia: "La Biblia es la mejor historia que se ha contado jamás, y ha funcionado muy bien"

Llega resoplando del frenético rodaje de 30 monedas, pero en dos gestos, dos palabras, pasa de ser el terrible director de cine gore que es, al tipo amoroso que, también (Bilbao, 1965). Se confiesa vanidoso y ansioso, pero es feliz y mira el mundo en positivo. Este filósofo que escribe y dirige películas puede reconciliarle con las redes sociales y el estado policial que padecemos. Permítanme

El director de cine Alex De la Iglesia en Madrid.

El director de cine Alex De la Iglesia en Madrid. / Foto: Alba Vigaray

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-¿Usted duerme bien? ¿Sin pesadillas sangrientas ni saltos en el vacío?

-¿La verdad? Duermo 4 ó 5 horas con tranquilizantes, y con pesadillas recurrentes, claro. La caída libre es un clásico.

-Le han llamado “glotón de películas” (de pelis, de tiempo y de casi todo, añado). ¿Encuentra al final la satisfacción?

-No, por eso sigo. Me mueve la ansiedad, aunque tengo la sensación de que es así como me gusta vivir. Hago películas porque me gusta, es muy divertido, y trabajo todo lo que puedo. Pero supone un desgaste físico y mental muy grande, y para relajarme tengo que comer: como mucho y engordo, y luego adelgazo, como un acordeón. Soy un Falstaff neurótico.

-¿Hay algo más aterrador que reírse del miedo?

-Reírse de lo terrible es una herramienta para sobrevivir, es enfrentarse al horror con visión cínica y divertida. No concibo un mundo sin humor, es mi manera de afrontar el caos, es la única respuesta inteligente y sincera que se me ocurre.

-¿A usted qué le da mucho, mucho miedo?

-La intransigencia. Y la gente que tiene las cosas terriblemente claras, porque impone su manera de ver el mundo y es capaz de provocar hasta una guerra.

-¿Lo que se diga de Álex de la Iglesia en las redes sociales le preocupa o cree al contrario que si no te insultan estás muerto?

-No, no tiene por qué ser así. Me siento una persona muy querida y me lo paso muy bien en las RRSS; en Twitter he conocido gente fantástica. Demonizar las redes me parece un error, pero hay que saber hablar para medio millón de personas (tiene 514.500 seguidores).

-“Por primera vez vivimos en contacto con el pensamiento de la gente”, sostiene a propósito de las redes. ¿Es decir que sirven para algo más que el ego y la promoción?

-En las redes encontramos el pensamiento en estado puro: se dice lo que uno siente. Es una guía social para saber dónde están los problemas, las carencias. Y es el presente más inmediato, que ha sido capaz de cambiar radicalmente nuestra forma de comunicarnos y relacionarnos. El móvil nos conecta con la entidad colectiva que es internet, que nos ha procurado una vida mucho más rica. Aunque también puede extremar las opiniones, porque tendemos a leer aquello que coincide con lo que ya pensamos.

El director de cine Alex De la Iglesia en Madrid.


/ Foto: Alba Vigaray

-¿Le sale el filósofo con frecuencia, en medio de un rodaje, por ejemplo?

-Intento que no. Procuro no dar la brasa, pero es inevitable llegar a ciertas conclusiones a los 56 años.

-Esto de las 30 monedas de Judas, que es el asunto de su aclamada serie, ¿tiene fundamento histórico o al menos legendario?

-¿Existió Cristo? Leyenda o Historia, lo qué sí existe es un significado: las 30 monedas son el icono de la traición, de la sospecha acerca de la bondad del ser humano. El argumento de la serie es que esa traición formó parte del plan divino, algo que sostienen muchas herejías y que está en el cuento Tres versiones de Judas de Borges. Además, en el año 2000 se descubre el evangelio según Judas, que corrobora esta tesis. La Biblia es la mejor historia que se ha contado jamás, y ha funcionado muy bien, que diría un editor.

-Después de esta segunda y mucho más loca temporada, ¿ya se puede morir?

-No, hay una tercera que vuelve al origen, la voy escribiendo en los parones para el bocadillo, junto a Guerrica (Jorge Guerricaechevarría, se conocieron en el colegio con 8 años y son coguionistas desde la primera película de Álex, de cuya mochila empiezan a brotar enormes estuches de plumillas y rotuladores, cables, artilugios y dos tochos de guion en canutillo con las páginas dobladas, marcadas, sobadas… Se los cojo: diálogos, acotaciones y muchos dibujos suyos a modo de storyboard “¿Te gustan?”)

-¿Quién sería Judas hoy?

-El que hace las cosas malas que son necesarias.

-¿Y se llama? (Le doy ejemplos guerreros)

-Me gustan mucho tus artimañas, pero no te lo voy a decir. 

-En 30 monedas están muchos de sus referentes cinematográficos y está su humor, negro, vascorro y tremendamente masculino, ¿se reconoce?

-¿Hay otro tipo de humor? Uno se ríe de lo terrible, angustioso, irrespetuoso, arriesgado… Hay un tema que nos define a los que vivimos en esta zona del planeta: lo macabro, es la carcajada más intensa. Sí hay un humor blanco, como el de Howard Hawks, por ejemplo, pero yo no creo que hoy sea posible hacer algo así: la vida tiene tal vitriolo en su interior…

-¿Y esto de lo masculino?, ha hecho como si no lo escuchara. ¿Qué tal le tratan en casa sus cinco mujeres (su pareja, actriz y socia productora, Carolina Bang; sus dos hijas pequeñas y las dos de su anterior matrimonio)?

-Primero, no, mi humor no es particularmente masculino. Y sobre mis mujeres, yo intento tratarlas bien: es mutuo.

-Álex, ¿es menos libre hoy con tantísimo presupuesto?

-La libertad no tiene nada que ver con el presupuesto. Yo creo que somos mucho más libres hoy, porque sabemos más y estamos mejor que antes. Deberíamos estar muy orgullosos de las libertades que hemos conseguido.

-¿Se imagina ser joven ahora y tragarse este “prohibido todo” que pretenden colocarnos?

-Todo depende de nosotros mismos. Es verdad que estamos cansados de lo que nos ha tocado vivir, pero me parece injusto no sentirse bien.

-Álex, ¿usted nació así, gamberro apegado a la cultura, torpedero filosófico, o le pasó algo?

-Menos mal que no me veo desde fuera, así que no me siento un personaje. Me da mucho miedo mirarme en espejos enfrentados, como los del ascensor. Me veo con cierta insatisfacción y ganas de hacerlo todo mejor. Soy muy vanidoso, pero creo que todos tenemos un punto ególatra, y en mi trabajo es casi necesario.

-Insisto, ¿desde cuándo se sintió al margen?

-Era de los que no jugaba al fútbol en el colegio, y eso marca, te convierte en un outsider, sí. Ahí nace la marginalidad pero también, la diversión.

-¿Algún día veremos una peli suya sin sangre y fuego, así de pensar y sentir?

-Es posible, si cambiáis vuestra manera de ver mis películas: entonces podremos llegar a un acuerdo (risas y fin).

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