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EXPERIMENTACIÓN

Raves, flamenco, humor y la España de la modernidad que no lo era tanto

Raúl Cantizano (en primer plano) junto a Los Voluble: Pedro Jiménez (delante) y Benito Jiménez (detrás), momentos antes de presentar en el Centro de Cultura Contemporánea Conde Duque de Madrid su espectáculo ’Zona acordonada’ en el marco del Festival Flamenco de Madrid.

Raúl Cantizano (en primer plano) junto a Los Voluble: Pedro Jiménez (delante) y Benito Jiménez (detrás), momentos antes de presentar en el Centro de Cultura Contemporánea Conde Duque de Madrid su espectáculo ’Zona acordonada’ en el marco del Festival Flamenco de Madrid. / ALBA VIGARAY

Los Voluble presentan 'El 92 cava con todo', un proyecto que mezcla audiovisuales con música electrónica y que anima a reflexionar sobre las implicaciones que este año tuvo en el ámbito cultural, social y político de nuestro país

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En una pantalla se mezclan imágenes de conversaciones rodadas en el confinamiento de Farruquito, Arcángel o Antonio Orozco. Aparecen parques acordonados siendo desinfectados y políticos que no son capaces de colocarse correctamente una mascarilla, mientras el guitarrista flamenco Sabicas dice: "A los que me estén escuchando, les voy a dar un consejo [...]: no hay guitarristas malos, todos son buenos". Sobre el escenario, al mismo tiempo, Raúl Cantizano hace sonar una guitarra preparada a la manera del piano preparado que creó John Cage: un instrumento al que se añaden artilugios para generar una repetición rítmica y sonora nunca antes escuchada. Todo esto, y algunas cosas más, es lo que proponen Raúl Cantizano y Los Voluble en Zona Acordonada, un proyecto que se ha hecho realidad en el Festival Flamenco de Madrid y, más concretamente, sobre las tablas del Centro de Cultura Contemporánea de Conde Duque.

Los Voluble son dos hermanos sevillanos: Pedro y Benito Jiménez. Desde 1996, se dedican a mezclar flamenco, electrónica, humor, crítica social y el archivo audiovisual para defender la improvisación, la investigación musical, la cultura como vehículo para la reflexión y el arte por el arte. "A nosotros nos parece que el arte tiene que estar para movilizar a la gente y para hacernos pensar", explica Pedro Jiménez.

Este viernes presentan, en Madrid, El 92 cava con todo, una propuesta que mezcla audiovisuales con música electrónica y que anima a reflexionar sobre los actos que tuvieron lugar en la España de 1992. La cita se sitúa en el marco del Episodio 7 de la colección del Museo Reina Sofía, comisariado por José Luis Espejo y llamado Dispositivo 92. ¿Puede la Historia ser rebobinada? "Se trata de una pieza que remezcla músicas e imágenes de esa época con el objetivo de meditar qué ocurre, qué discursos se hacen o quiénes los hacen", explica Jiménez. Para ejemplificarlo menciona lo que ocurrió con el Pabellón de Chile en la Expo de Sevilla, para el que trajeron un pedazo de iceberg. "Esto habla de muchas cosas. Por un lado, del colonialismo, porque te traigo literalmente un trozo de mi tierra. Y, por otro lado, habla del cambio climático, porque es un trozo de mi tierra que se descompone porque no está en su lugar. Nosotros jugamos con esas imágenes, exponemos las contradicciones". Pero la pieza que presentan no se centra únicamente en la Expo de Sevilla, sino que hacen un recorrido por la España de Curro. También trabajan con la publicidad institucional, como un vídeo promocional de Barcelona Holding Olimpics, donde se muestra cómo pretendía transformar las huertas en carreteras, o las protestas que se silenciaron.

El flamenco como forma de trabajar

En El 92 cava con todo hay también flamenco. Los Voluble, junto a Niño de Elche, fueron los responsables de que sonase una guitarra por primera vez en el Sónar en 2015. Pero el caldo de cultivo en el que nació su trayectoria es anterior y hay que situarla en el festival Zemos98, que nació en la localidad sevillana de El Viso del Alcor como un espacio para mostrar creaciones experimentales y que hoy ha mutado y se mantiene vivo como una cooperativa de mediación social y cultural.

En este lugar nacieron los Diálogos electro-flamencos en 2012, una especie de residencias artísticas "con la intención de generar una metodología de trabajo desde lo colaborativo". Rocío Márquez o Juan Carlos Lérida se sumaron a los nombres ya mencionados para participar en aquellos talleres. Sus líneas de trabajo quedaron plasmadas más adelante en espectáculos más o menos formales. De ahí nació, por ejemplo, Raverdial, una iniciativa de Niño de Elche que fundía la esencia de los verdiales de Málaga (un palo indisociable de la fiesta en comunidad) con el espíritu original de las raves a través de la experimentación.

La improvisación o la creación colectiva son siempre el punto de partida para su trabajo. "Y el archivo", añade Jiménez. "Es una herramienta propia: qué se archiva, cuál es el proceso, cómo se escucha... Y sobre todo: ¿quién habla de flamenco? ¿De qué se habla cuando se habla de flamenco?". Los Voluble se sienten cercanos a ese flamenco anterior a las grabaciones y que tomaba lo que le interesaba de otras disciplinas. Raúl Cantizano, con el que han creado el espectáculo Zona Acordonada, lo ejemplifica en las alegrías, un palo fundamental del flamenco actual que se sitúa geográficamente en Cádiz y cuyo origen es la jota. "El flamenco es bastardo por definición", dice Cantizano. "Nace desde la remezcla, de la incorporación de casi cualquier cosa".

Patrimonio inmaterial

Esa manera de entender el flamenco choca radicalmente con la idea de la pureza que muchos aún se empeñan en defender. Ésta se materializa en un canon que fija cómo deben interpretarse los palos, entendidos como los distintos estilos que existen dentro de este arte nacido en Andalucía. "Esa construcción del canon es una cosa posterior, que tiene su interés comercial. Surgen de las grabaciones, que generan repetición, lo que se transforma en reconocimiento. Y esto es la base del capitalismo cultural", explica Jiménez. "Ni siquiera entendemos esta idea, con la que estamos en contra, del reconocimiento del flamenco como patrimonio inmaterial por parte de la Unesco", dice, defendiendo que archivar obras sonoras no es la única manera de preservar el flamenco. "La inmaterialidad es conservar el flamenco mezclándolo, utilizándolo, actualizándolo y mostrándolo".

En relación a esto se muestran en contra de la propiedad intelectual y a favor de la creación libre, algo que ha existido siempre en el flamenco. Después de la pandemia, recuerda Jiménez, no se ha hecho una reflexión crítica sobre el consumo de cultura. "Existen alternativas al consumo capitalista a través de mercados cooperativos o huertos solidarios, pero en la cultura parece que sólo hay una vía y es muy estrecha: publicar tu música en Spotify y esperar un pelotazo. No se han expandido los espacios donde compartir y convivir económicamente con la cultura".

En esa línea se mueve Zona Acordonada, un espectáculo que nació durante el confinamiento y que reflexiona sobre lo que ha ocurrido durante la pandemia con la cultura y cómo ha quedado esa llamada "nueva normalidad". La imagen de los controles que se han instaurado sobre el espacio público y el movimiento de personas es otro punto de partida del espectáculo, junto con el de la experimentación sonora. "Lo que planteamos es romper esos límites que en principio todo el mundo acepta y salirnos de ese tiesto, romper esa cinta y salir de esa zona acordonada hacia el juego, la experimentación y la improvisación", explica Raúl Cantizano.

De izquierda a derecha: Benito y Pedro Jiménez, componentes de Los Voluble, junto al guitarrista Raúl Cantizano, antes de interpretar 'Zona acordonada' en el Centro de Cultura Contemporánea Conde Duque de Madrid en el marco del Festival Flamenco.

/ ALBA VIGARAY

Antonio Mairena, Pepe Marchena, pero también John Cage o Val del Omar son algunas de las figuras de referencia que mencionan en la conversación de manera natural. Cantizano, experimentado guitarrista y creador flamenco, lo explica describiéndolo como un mueble lleno de cajones. En cada cajón se colocan diferentes maneras de hacer la música, pero siempre se abren los mismos. Ellos tratan de abrir otros, y hacerlo a su propia manera. "Hay guitarra que, aún siendo flamenca, tiene sonidos que se asimilan más a una película de miedo, pero es que a mí me gustan ambos sonidos y no tengo por qué decidirme por uno", añade. "Si a mí me gusta el toque de Sabicas, pero también el de Frank Zappa o el de John Cage, ¿por qué no los voy a trabajar, si ambos están en mi piel?"

Los 'templarios del flamenco'

Pedro Jiménez define como los templarios del flamenco a aquellos críticos que desdeñan cualquier propuesta que se mueva un ápice del canon. Los rechaza, principalmente, porque impide que algunos artistas se atrevan a desarrollar sus inquietudes experimentales. "Nosotros partimos de cierto privilegio en ese sentido, por ser hombres blancos con capacidad para acercarnos a lo experimental, pero esas cruzadas impiden el desarrollo de nuevos discursos", explica. "Nuestro trabajo es completamente honesto. No pretendemos gustar a todo el mundo, pero tratamos de llevar un tipo de sonido y de imagen a otros lugares y ese otro lugar puede hacer que mucha otra gente conozca de buenas a primeras, por ejemplo, qué es un verdial".

Pero, atención, porque estos templarios no sólo están en el flamenco, también en la electrónica. "Hay mucho conservadurismo en los promotores musicales y, sobre todo, mucha autocensura. Es difícil ver a un artista posicionarse de manera crítica en relación a las políticas culturales, por ejemplo. Los promotores no quieren música experimental, no se quieren manchar", dice Jiménez, que critica que se haya impuesto un discurso hedonista alejado de cualquier punto de vista crítico.

Ahora, además de los espectáculos que tienen vivos, que siguen creciendo con cada representación, trabajan con la vista puesta en la próxima Bienal de Flamenco de Sevilla, que tendrá lugar el próximo septiembre, y donde presentarán Jaleo Is A Crime, una continuación de Flamenco Is Not A Crime, una pieza que crearon para el Festival de flamenco de Nîmes de 2019. "Ese fue nuestro punto de inflexión, después de haber trabajado colaborando con otros artistas flamencos decidimos hacer una pieza propia, y nos dio mucho reconocimiento como creadores, no sólo como acompañantes", explica Jiménez.

Ahora se encuentran inmersos en un proceso que podrá verse por primera vez sobre el escenario del Teatro Alameda de Sevilla el próximo 16 de septiembre y que rescata la fuerza del anonimato de los jaleos, de nuevo planteando el flamenco como un laboratorio y reflexionando sobre la cultura popular, la actualidad y los archivos audiovisuales.

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