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El índice de las batallas de Javier Marías

El escritor Javier Marías, en 2017.

El escritor Javier Marías, en 2017. / Diego Pérez Cabezas

 “A veces pienso que se me oye como quien oye llover”, comenta el escritor, que acaba de publicar una nueva recopilación de sus artículos en prensa.

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Cada dos años Javier Marías (Madrid, 1951), acaso el escritor más importante de este país, autor, por ejemplo, de Tu rostro mañana y de otras novelas de repercusión española e internacional, recoge en libro los artículos que publica en su periódico, El País. Inició este encuentro semanal con los lectores en lo que es hoy el XL Semanal. Ahora aparece en su editorial, Alfaguara, la última entrega de esos encuentros, que titula como uno de los artículos que componen el volumen, ¿Será buena persona el cocinero? Hemos convertido las preguntas que le hicimos en las entradas que podrían componer un índice de las batallas que emprende cada semana en sus textos periódicos. Al final se mantiene una de las preguntas.

Los temas

"No los elijo exactamente. A lo largo de una semana veo qué me preocupa como ciudadano o qué me enfada o simplemente qué me interesa. Eso respecto a los artículos que tienen que ver con la actualidad. Pero luego hay otros de tipo más evocativo o nostálgicos, pues a lo largo de una semana el estado de ánimo cambia mucho y muchas veces lo que escribo responde a eso. A veces sucede que no hay algo suficientemente fuerte y busco sobre qué escribir. Llevo 27 años así, escribiendo cada semana y, en todo ese tiempo, ha habido momentos en los que he tenido que rascar mucho: ¿de qué hablo hoy? Pero siempre surge algo".

El pudor

"Yo no creo que haya tenido algo que callar. He escrito varios artículos evocativos o de tipo autobiográfico y he ido contando muchas cosas de mí mismo, de mi infancia y de las personas importantes para mí. Aun así, hay gente que sigue diciendo que yo tengo cierto misterio, pero yo creo haber contado bastantes cosas. Lo que pasa es que, quizá para estos tiempos de sobreexposición, yo las he contado con pudor. Y quizá por eso lo dicen. No he hablado de amores, de desamores… sí, simplemente por pudor. Y de los temas públicos, nunca me he quedado con nada en el tintero"

Dejarlo

Lo pienso continuamente desde hace muchos años. Por razones varias: a veces me siento cansado, invierto bastantes horas en hacerlos y luego se leen en unos cuantos minutos, como todos los artículos, claro. A veces se cansa uno de estar dándole vueltas a la actualidad, temo repetirme en exceso. Yo he hablado más de una vez sobre el mismo tema, pero es que la realidad es muy repetitiva. También he tenido la sensación de inutilidad absoluta de lo que uno hace. Y un artículo tampoco puede influir tanto, ¿no? A veces pienso que se me oye como quien oye llover. No lo sé".

Fieles

"Alguna gente me lo dice: ‘empiezo a leer el semanal por el final.’ Bueno, porque es fácil abrir una revista por el final. Es más complicado buscar a quien está en páginas interiores. Yo lo agradezco, me alegra, pero me da la sensación de que a quien va dirigido el artículo, pues… nunca se da por aludido. Pero son gajes del oficio, digo yo. Tampoco pienso que un artículo mío pueda cambiar la sociedad, eh".

Ficción, realidad

"Las diferencio en una cosa muy sencilla: en los artículos hablo sobre la realidad y en los libros creo una ficción. Uno puede meter cualquier cosa en una novela y eso no implica responsabilizarse de todo. Un personaje dice algo y allá él. Total, es ficción. Pero en un artículo sí hay que responsabilizarse de todo. He de decir que, en todos estos años, nunca he tenido ninguna demanda. Ni siquiera una advertencia o un aviso o una regañina de los diferentes subdirectores que ha tenido El País. Debe ser que no hay quejas. O no tantas. No lo sé. A veces se me ha calentado la tecla, pero no he llegado al punto de ofender a alguien o de levantar falacias".

Periodismo y ruido

"Creo que el periodismo es algo importantísimo, pero en estos momentos, no sé si es exclusivo de España, está en uno de los niveles más bajos que yo recuerdo. En la televisión, en la prensa, en las columnas de opinión. Hay muchos periodistas que ya no distinguen qué es noticia y qué no. ¿Que empieza la Feria de Abril? Pues muy bien, dígalo y ya está. Pero no: ¡dedican a eso un reportaje de siete minutos! O la Semana Santa: todos los años lo mismo. Vuelven a sacar a los cofrades, a los costaleros… Y así con casi todo. Es terrible. Yo debo decir que, los periódicos que leo, cada vez los leo más rápidamente. Porque cada vez tienen más páginas que no me interesan. En los telediarios hay muchas noticias absurdas y… es un poco así todo. Y eso me preocupa enormemente".

Sentido común

"El sentido común está en un estado un poco comatoso, desde mi punto de vista. Uno de los problemas de nuestro tiempo es que, cosas que pueden tener cierta razón de ser, están sacadas de madre, pierden razón. Si resulta que esto es machismo y esto también, y aquello es racismo o las dos cosas a la vez, y esto es una blasfemia y aquel chiste es incorrecto… ¿Entonces qué digo? Ahora en Ucrania, por ejemplo, están derribando estatuas de Pushkin, de Tolstói… sólo porque son rusos. Pero bueno, ¿la gente está loca? ¿Qué tiene que ver un poeta extraordinario con Putin y con la actualidad? Lo mismo con las estatuas de Colón por toda América. Entonces, como hay esa tendencia a medir todo con los parámetros de hoy, lo cual es un disparate y uno de los mayores atentados contra el sentido común, pues enseguida se cae en la exageración y en la muerte del sentido común".

'Me too'

"Yo creo que algún día esto tiene que cambiar. En el me too hay una parte de razón de ser. Pero en el momento en que se desmadra y se exagera, pues… A ver: Quevedo mató a un hombre, por tanto alguien lo califica de asesino. ¿Por eso hay que dejar de leerlo? Una estatua se le hace a alguien no por lo malo que hizo, sino por lo bueno. Es como si un solo delito borrara toda una obra trascendental para la Historia. Está todo tan desquiciado que yo creo que tiene que llegar una época en que se empiece a diferenciar la obra de lo que hizo una persona o de cómo se porta en casa".

Hasta hace poco podría haberte señalado a algún político decente, sensato. Hoy… hoy no encuentro ninguna figura equiparable"

La política

"Pues la verdad, se puede decir algo muy parecido a lo que he dicho sobre el periodismo. Mi vida ya es larga y… estamos en el nivel más bajo, ramplón, histérico y falso de la política. Un político pone verde al adversario, sólo por eso: por ser su adversario. Es una época muy mala. Hasta hace relativamente poco yo podía haberte señalado a algún político decente, sensato. Hoy… hoy no encuentro ninguna figura equiparable en ningún partido".

Ternurismo y pandemia

"Esto sí que ha ido cambiando, a medida que la pandemia se ha ido apagando. Ya no escuchas eso de ‘vamos a salir mejor’ y no sé qué. Ya no hay frases bonitas para quedar bien. Bueno, pues ni hemos salido mejor ni la gente ha recapacitado. Nada ha cambiado. Simplemente es como si todo el mundo, o casi todos, estuvieran esperando a que esto pasara para volver a sus chorradas. Lo siento, qué palabra: ¡chorradas! Pero es así. Lo lamento, pero es así como yo lo veo".

¿Le da la sensación de que la soledad progresiva es el futuro?

Bueno, sí. Me temo que diría eso, sí. Yo recuerdo que mi propio padre, que murió con 91 años, estaba echando de menos a cada vez más gente. Renovaba las amistades, no se aislaba, pero su mundo iba a desapareciendo antes que él mismo. Yo era joven, lo veía y pensaba: ‘qué triste debe ser verse envuelto en eso.’ Luego fui cogiendo años y sí, ya tengo la sensación de que mi mundo va perdiendo valor porque ya no tengo a ciertas personas. Me consuelo pensando en los que me quedan, claro. Pero todos seremos pasado, esto es así. Todos seremos pasado y ya no presente".  

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