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UNA NUEVA ERA

Chanel manda: ha llegado el turno de España en Eurovisión

‘SloMo’ nos ha devuelto la gloria que habíamos perdido hace 27 años: aunque es cierto que Rosa López y Beth nos ilusionaron hasta las trancas, la realidad es que la posibilidades de triunfar entonces no eran tantas

Chanel queda tercera en Eurovisión tras recibir 459 votos.

Chanel queda tercera en Eurovisión tras recibir 459 votos. / ARCHIVO

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A España siempre le ha costado afinar el tiro en Eurovisión. De hecho, parece que las únicas dos victorias que nuestro país atesora llegaron casi de imprevisto: Massiel con su interpretación in extremis tras el desplante de Serrat y Salomé con aquel premio a cuatro que quedó en tierra de nadie. Es cierto que después han llegado grandes propuestas de la mano de Mocedades, Bravo, Anabel Conde o Sergio Dalma… pero siempre nos ha faltado algo para llegar a ese clímax que derrite a Europa. Este sábado, Chanel lo ha alcanzado con creces. Nos ha devuelto la gloria que habíamos perdido hace 27 años: un tercer puesto y 459 votos. Y, aunque es cierto que Rosa López y Beth nos ilusionaron hasta las trancas, la realidad es que la posibilidades de ganar entonces no eran tantas.

SloMo lo tenía todo arrasar: una puesta escena de infarto, una melodía actual, un equipo de baile vertiginoso, un carisma único… y, sobre todo, una cantante a la altura de hacer todo ello impoluto frente a 200 millones de espectadores. Posiblemente, casi sin darnos cuenta, hayamos estado frente a la candidatura española más redonda de nuestro paso por el concurso. Su medalla de bronce sabe a oro, pues el ímpetu y la libertad con las que ha trabajado eran totalmente desconocidas en España. Y, ojo, es adictivo.

Su triunfo trae a colación casos en los que, si bien la base era buena, algo falló al llegar al escenario. Ahí están, por ejemplo, Barei, Soraya o Ruth Lorenzo. Ellas querían llevar apuestas rompedoras, pero se toparon con TVE. Así que tuvieron que adaptar su staging como pudieron… lo que, sin duda, hizo que brillaran menos de lo que merecían. No porque sus canciones fueran malas ni sus condiciones vocales no estuvieran a punto, sino porque les faltaron otros elementos para cerrar el pack completo. Algo que, en Eurovisión, se premia. Y mucho. Como ha ocurrido con Chanel, que se ha llevado el cariño de los jurados de 34 países, de los que ocho nos dieron la máxima puntuación. El doble de los que Betty Missiego consiguió en 1979. Nuestro récord hasta la fecha.

Por primera vez, España se ha colocado a ras de Suecia o Italia, las eternas favoritas. Estos dos países marcan tendencia cada año, precisamente, por esto: buscan la perfección en sus preselecciones y, después, lo trasladan al festival. Ni más ni menos. El trabajo lo suelen llevar hecho desde casa, por eso funcionan tan bien siempre. Incluso este 2022, que han alcanzado el cuarto y sexto puesto respectivamente. Una fórmula que también ha experimentado, después de lustros de fracasos, Reino Unido. Su Space Man ha sido arrollador en todos los sentidos.

Sobre Ucrania, poco hay que añadir. El factor emocional ha jugado un papel clave… aunque es parte del juego. Las canciones mueven sentimientos y, como en cualquier arte, nos enamoramos con el corazón. Kalush Orchestra nos ha cantado desde el dolor y, ante semejante grito, es imposible no sentirse en deuda. Que sí, que Eurovisión es un concurso musical… pero, oye, emocional también. Recordemos, en ese sentido, las historias de superación de Salvador Sobral (Portugal), Neta (Israel) o Duncan Lawrence (Países Bajos). Lo cual no resta ningún mérito a Chanel. Al contrario: ella sola ha conseguido que su canción guste tanto a Francia o Alemania como a Armenia o Montenegro. Y eso está al alcance de muy pocos. Con o sin la pena detrás.

Preparados para el éxito

En los últimos años, España ha tenido la oportunidad de salirse del tiesto. Sin embargo, en muchas de ellas hemos preferido pecar de conservadores a llamar la atención. Ese es el caso de Lo malo, de Ana Guerra y Aitana. O Muérdeme, de María Escarmiento. Y, si echamos la vista un poco más atrás, nos topamos con Amante de la luna, de Melody y Los Vivancos. Sin olvidar La reina de noche, de Mirela. O La revolución sexual, de La Casa Azul. Aquí, a veces, nos ha dado miedo llevar la batuta… porque eso implica enfrentarse al éxito y éste nos aterra cuando no estamos preparados.

Ahora sí lo estamos. O, mejor dicho, queremos estarlo. Ganar Eurovisión es el triunfo de nuestra cultura. De aquello que nos hace tan especiales como cercanos. ¿Qué nos une con Albania? ¿O con Noruega? La música. Aquella que brota de las venas. La de verdad. Chanel ha sido pura esencia española. Su poderío, su zapateo, su garbo, su mirada, su presencia… han servido para que Europa vuelva a prestarnos atención. Sobre todo, en un momento en el que el patrimonio hispano es fuente de admiración. El siguiente reto será mantener esto que hoy nos parece una alucinación. España se ha colocado en el camino adecuado para vencer en los próximos años. Toca afinar un pelín más. Pero, al menos, volvemos a competir. Esta vez, sí.

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