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ESTRENO EN CINES

Nick Cave: condenado al duelo por los hijos muertos

Nick Cave, en un fotograma de ’This much I know to be true’.

Nick Cave, en un fotograma de ’This much I know to be true’.

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Nando Salvà

Nick Cave es, desde hace mucho, el melodrama gótico hecho rock and roll. El australiano lleva más de cuatro décadas, primero al frente de la banda art-punk The Birthday Party y después al de la prodigiosa formación The Bad Seeds, hallando inspiración en lo macabro y lo sombrío, y en el rastro que la muerte deja entre los vivos. En los años posteriores a la muerte de su hijo adolescente Arthur en 2015, eso sí, el duelo dejó de ser su musa para convertirse en un enemigo del que escapar, y esa huida quedó precisamente retratada en su exquisito álbum Ghosteen (2019). Hasta ayer su proceso de sanación parecía encarrilado; así lo dejó claro Carnage, el disco que publicó el año pasado a dúo con el multiinstrumentista Warren Ellis -miembro de The Bad Seeds desde 1994- y del que manaban un aura de optimismo y un mensaje en pro de la unión colectiva frente a un presente incierto y oscuro.

Así era hasta el lunes, sí, cuando el propio Cave anunció la muerte de otro de sus hijos, Jethro, a los 31 años. Se desconocen las circunstancias exactas de su muerte -el joven era esquizofrénico, y acababa de pasar unas semanas en la cárcel por atacar físicamente a su madre-, y si la tragedia repercutirá en la serie de conciertos por Europa que el músico tiene agendados a partir del próximo mes, el segundo de ellos el 4 de junio en el festival Primavera Sound de Barcelona. En medio de esa incertidumbre, este miércoles tendrá lugar en cines de numerosas ciudades de todo el mundo -decenas de salas españolas entre ellos- el estreno, solo ese día, del documental This Much I Know To Be True, en el que Cave y Ellis exploran su relación creativa e interpretan canciones tanto de Ghosteen como de Carnage.

Nick Cave, al fondo, con Warren Ellis en una escena del documental 'This much I know to be true'.


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Producto de la pandemia

La película es producto de la pandemia. Incapaces de salir de gira y por tanto de comunicarse de forma directa con el público, los dos músicos decidieron hacerlo a través de la pantalla, y es lógico que para ello llamaran al cineasta también australiano Andrew Dominik. Después de todo fue él quien ya dirigió el demoledor documental con el que This Much I Know To Be True compone díptico, Once More Time With Feeling (2016), que inicialmente había diseñado a modo de crónica de la grabación del álbum de The Bad Seeds Skeleton Tree (2016) pero que, a causa de la muerte de Arthur, se convirtió en una descarnada reflexión sobre el dolor, puro e insoportable. El contraste entre ambas películas es evidente. "La primera mostraba a un Nick devastado y en esta, en cambio, lo vemos totalmente recuperado", explica Dominik. "Es un hombre al que la tragedia ha dotado de sabiduría vital. Sigue sintiendo dolor, pero ya no sufre. Y me pareció muy interesante documentar ese estado tan particular".

Nueva vida

La transformación se hace patente en numerosas ocasiones durante el documental. Su primera secuencia nos adentra en el taller donde Cave trabaja en una serie de esculturas que retratan la vida del Diablo y que, asegura en la película, le ayudan a "dotar la vida de un orden y un sentido"; en otra conocemos su trabajo al frente de la página web The Red Hand Files, en la que se comunica directamente con sus fans. "Logra sacar lo mejor de mi naturaleza", afirma del proyecto. No es causal que muchos de quienes le escriben lo hagan para pedirle consejo acerca de la pérdida. Por supuesto, el cambio de ánimo queda reflejado también en cómo Cave y Ellis interpretan las canciones y en cómo la cámara de Dominik captura esas actuaciones. A diferencia del melancólico intimismo que envolvía los momentos musicales de Once More Time With Feeling, los de This Much I Know To Be True evocan un concierto grandioso. Una cámara en frecuente movimiento circular rodea a los músicos en el escenario, situado en una imponente nave, y flanqueado por torres de iluminación que se comportan como criaturas vivientes que reaccionan frente a cada golpe sonoro. Vehiculada por esa escenografía, y por esas letras llenas de densidad existencial, la música logra transmitir un ímpetu catártico.

Simbiosis creativa

A lo largo de todas esas escenas, decimos, This Much I Know To Be True nos familiariza con la simbiosis creativa entre dos artistas geniales: Cave, un dandi decrépito que cuando actúa derrocha aplomo y elegancia canalla; Ellis, un mago de la instrumentación de aspecto mitológico que parece entrar en trance sobre el escenario. En pareja o junto al resto de The Bad Seeds, y a diferencia de otros muchos músicos cuyas carreras se prolongan décadas, han mantenido su sonido en permanente evolución. "Pasan muchas cosas terribles cuando Warren y yo nos reunimos en una habitación, pero también momentos en los que aflora la trascendencia", afirma Cave en el documental acerca de esa alianza.

Dado que la música de Cave derrocha una capacidad de evocación casi cinematográfica, no resultan sorprendentes ni la cantidad de documentales que se han centrado en su figura en la última década -conviene destacar entre ellos 20.000 días en la Tierra (2014)- ni las numerosas bandas sonoras de películas que lleva compuestas hasta la fecha junto a Ellis. Entre otras, la pareja ha creado las partituras de dos de las películas de Dominik, el magnífico wéstern El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford (2007) y Blonde, el biopic de Marilyn Monroe que verá la luz en los próximos meses. En todo caso, la relación que el cineasta mantiene con Cave trasciende lo profesional. "Lo conozco personalmente desde los años 80, cuando empecé a salir con su exnovia Diana. Nick es una persona hermosísima, y me siento feliz de que haya logrado sobreponerse como lo ha hecho", afirmaba Dominik en febrero pasado, en el Festival de Berlín, mucho antes de que la tragedia volviera a tomarla con Cave. "Ha comprendido que, cuando nuestras vidas llegan a cierto punto, se convierten esencialmente en una sucesión de pérdidas, y entender eso lo ha dotado de cierta paz interior”. Sin duda, en estos momentos hallará refugio en ella.

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