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CÓMIC

Peter Bagge: "El grunge fue, sobre todo, actitud perezosa"

El autor estadounidense presenta el segundo volumen de 'Las crónicas de Odio' (La Cúpula), el clásico 'underground' de los años 90, en el Cómic Barcelona que arrancó este viernes

Peter Bagge intenta recordar cómo era sentir odio, en Barcelona, este jueves.

Peter Bagge intenta recordar cómo era sentir odio, en Barcelona, este jueves. / RICARD CUGAT

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Ramon Vendrell

P. Imaginemos que la 'Enciclopedia Británica' le pide una entrada sobre el grunge como fenómeno sociocultural. ¿Qué escribiría?

R. Que fue una tontería redomada. No me saldría una idea mejor. Música perezosa, ropa perezosa y, sobre todo, actitud perezosa.

P. Usted es como mínimo de la generación anterior al grunge. Sin embargo 'Odio' es un gran retrato de la generación grunge. ¿Chiripa?

R. No del todo. Por un lado al vivir en Seattle la escena grunge era algo familiar para mí, conocía a gente que estaba muy metida. Pero a la vez, cuando surgió el grunge en Seattle, me recordó mucho a lo que ya había vivido en Nueva York con el surgimiento del punk. Era algo que ya conocía de sobra. No quería hacer un cómic de época, basado en el pasado, y por eso ambienté mis experiencias anteriores en lo que veía a mi alrededor.

P. ¡Cuánto juego habrían dado las redes sociales en manos de los personajes de 'Odio'!

R. Sin duda. Es una lástima que no existieran. Pero existían y salen reflejados en Odio los fancines. Todo hijo de vecino sacaba un fancín con sus filias y sus fobias y en cierto modo los fancines funcionaban como funcionan ahora las redes sociales.

P. La gente se tatúa como si no hubiera un mañana. ¿Ha visto algún tatuaje de su personaje Buddy Bradley?

R. Muchos. Demasiados. Incluso antes de que se popularizaran tanto los tatuajes, una chica que trabajaba en mi editorial estadounidense se hizo un tatuaje enorme de otro de mis personajes, no de Buddy. No me consultó; yo le habría dicho: '¡No lo hagas!' Pero lo cierto es que es un halago, aunque me parece una idea pésima. Muchos fans me mandan fotos de sus tatuajes de Buddy Bradley.

P. ¿Qué le parece Odio 30 años después de haberlo escrito y dibujado?

R. Cuando reviso mis primeras obras, no solo Odio, me sorprende la agresividad y la angustia y la ira que yo almacenaba dentro y que ya no siento. Ya no sé ni de dónde salían esas emociones. Pienso que debía ser una persona terrible y me pregunto cómo era posible que tuviera amigos entonces. No me identifico lo más mínimo con esas emociones.

P. Sospecho que era más fan de los Young Fresh Fellows, también de Seattle, que de los grupos de grunge.

R. Aciertas. Además, Scott McCaughey y Kurt Bloch son conocidos míos. También me gustaban mucho The Posies, no de Seattle pero de cerca. Aunque había algún grupo de grunge que me gustaba, como por ejemplo... Nirvana, cómo no. Tras una gira por España con The Fastbacks, su otro grupo, Kurt Bloch me contó que era mucho más conocido en España que en su casa y que los fans españoles pensaban que era acosado por fans de Seattle cuando bajaba al colmado a por un bric de leche. Para no romper el hechizo les decía que sí. A mí me ocurría y me ocurre lo mismo.

P. ¿Qué artistas reconoce como influencias?

R. En mi juventud, sin duda Robert Crumb. Pero, antes de eso, Schulz, el autor de Peanuts, y muchos dibujantes de la revista Mad. Y después, a pesar de que es algo más joven que yo, Daniel Clowes también fue una influencia importante. Nuestras carreras avanzaron en paralelo y éramos muy competitivos entre nosotros, y también con los hermanos [Gilbert y Jaime] Hernández. Si ahora, para ilustrar el tipo de relación que tengo con Clowes y los Hernández, yo publicara un nuevo número de Odio, lo primero que haría sería preguntarles qué les ha parecido. Y si me dijeran '¡que te jodan!' significaría que les ha gustado mucho.

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