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Muere Juan Diego, maestro de actores y representante de la cultura más comprometida

El intérprete ha fallecido este jueves a los 79 años en Madrid tras una larga enfermedad, según han confirmado fuentes familiares. Con una fuerte vocación teatral, destacó también en la televisión y en el cine, donde la película 'Los santos inocentes' supuso la gran consagración de su talento

Muere Juan Diego, maestro de actores y representante de la cultura más comprometida

Europa Press

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Decía el actor Juan Diego en una de sus últimas entrevistas, concedida el año pasado a la revista Fotogramas, que una de las cosas que más le agradaban de su profesión "es que su ejercicio coincide con el desarrollo biológico. Empiezas con papeles de galancito, luego viene lo de primer actor y sigues de característico. Todo ajustado a tu edad. Ahora me toca un abuelito, ¡pues cojonudo!". Hoy el viaje de esa vida biológica ha llegado a su última parada para uno de los grandes nombres de la interpretación en España, pero a la profesional le queda todavía el recorrido infinito no solo de sus actuaciones en cine, teatro o televisión que permanecen grabadas y al alcance de todos, sino también de un par de películas en las que participó recientemente y que todavía están en fase de posproducción.

Juan Diego, que ha fallecido este jueves a las 79 años en Madrid a consecuencia de diversas dolencias que arrastraba desde hace años, ha sido uno de nuestros maestros de actores. Un intérprete fuertemente vocacional en el que la intensidad y el carácter pesaban más que la técnica, al modo de otros grandes del cine y el teatro europeos como Michel Piccoli o Gian Maria Volonté -con los dos trabajó-, y en él, como en ellos, el trasvase de personalidad se producía más desde el actor hacia sus personajes que al revés. Un hombre de característica voz rota con un carisma incontestable, culto, muy comprometido políticamente y con un humor de geometría variable, siempre tendente al exceso, generoso con sus compañeros y proclive por igual a la ternura y al estallido.

Sus tres premios Goya, la Concha de Plata en el Festival de Cine de San Sebastián por Vete de mí (2006), los tres de la Unión de Actores, los tres Fotogramas de Plata y otros galardones (Max, Festival de Málaga, Academia de la Televisión...) atestiguan que fue no solamente un gran actor, sino también muy querido. Este jueves, el ministro de Cultura, Miquel Iceta, se despedía de él en twitter con el mensaje: "Que la tierra le sea leve, que los suyos encuentren consuelo en el recuerdo y que por siempre celebremos su vida y su obra". Era la más oficial de una lista interminable de despedidas muy sentidas que tanto compañeros de profesión como de militancia política manifestaron a través de los medios de comunicación y las redes sociales.

La vocación teatral

Juan Diego Ruiz Moreno nació en el seno de una familia humilde en Bormujos, un pueblo de las afueras de Sevilla, en 1942. Debutó en la interpretación en 1957, cuando se subió por primera vez a las tablas de un escenario. El teatro fue su primera vocación y quizá la más fuerte que mantuvo a lo largo de toda su vida, a pesar de su dilatada y exitosa trayectoria en cine y televisión. Fue en 1960 cuando dio su gran salto interpretativo con el estreno en Sevilla de Esperando a Godot, una obra arriesgada a la que su carácter experimental le permitió escapar de las garras de la censura franquista. Con ella comenzó a cimentar un prestigio que enseguida consolidaron sus intervenciones en series de televisión y sobre todo en Estudio 1, el programa de teatro televisado de TVE, donde se convirtió en uno de los rostros más habituales y en el que lo mismo protagonizaba un Tenorio que brillaba en una obra de Arthur Miller o de Terence Rattigan.

A lo largo de las siguientes décadas, su presencia en los escenarios, sin cámaras por medio, se apoyó sobre todo en los textos de autores españoles como Buero Vallejo, Valle Inclán, Ana Diosdado, Antonio Gala o Adolfo Marsillach, aunque también fueron muy celebrados sus papeles en El beso de la mujer araña, del argentino Manuel Puig, o en No hay camino al paríso, nena, de Charles Bukowsky. Fue además trabajando en teatro donde conoció a dos de las mujeres con las que tuvo relaciones más sonadas: a principios de los setenta, con Concha Velasco, que contó que Juan Diego le contagió la pasión política, y en los 90 con la actriz Clara Sanchís, con la que tuvo a Diego, su hijo más joven. Su otro hijo, Adán, hoy en día en la cincuentena, lo había tenido antes con la también actriz Paca Villaba. Ninguno de ellos ha seguido la carrera del padre. Su último trabajo importante en los escenarios fue en La gata sobre el tejado de zinc caliente, donde encarnaba al patriarca del clásico de Tennessee Williams, adaptado en esta ocasión por Amelia Ochandiano.

Cine y militancia

Aunque su debut en el cine se produjo a mediados de los años 60 en una peculiar película del Eloy de la Iglesia de antes del cine quinqui, Fantasía 3, la popularidad de este actor sevillano traspasó fronteras por su interpretación en Los Santos Inocentes, de Mario Camus en 1984, donde encarnó magistralmente a un señorito franquista que era despiadado con los trabajadores de su finca. Juan Diego se especializó en la interpretación de personajes de fuerte carácter, en algunas ocasiones como protagonista pero sobre todo como un secundario de lujo que todos los directores querían tener a sus órdenes. Tras La Corte del Faraón (1985) y Dragón Rapide (1986), donde interpretó al general Franco, un papel que en un principio se negaba a hacer pero que finalmente acabó aceptando, apareció en París-Tombuctú (1999), la última película de Luis García Berlanga, que le valió un Goya como mejor actor de reparto. Además de Berlanga, Juan Diego trabajó con una lista interminable de directores de prestigio, no solamente españoles: Saura, Ferreri, Ripstein, Fernán Gómez, Uribe o el que siempre ha sido uno de sus mejores amigos, José Luis García Sánchez.

Arrancó el siglo trabajando a las órdenes de José Luis Garci en You're the one, y siguió encadenando rodajes a lo largo de las dos últimas décadasque alternaba con destacados papeles en televisión. En la pequeña pantalla se hizo muy popular su personaje del socarrón comisario Don Lorenzo en Los hombres de Paco, y en cine participó en cintas como Smoking Room (2002), La virgen de la lujuria (2002), La vida que te espera (2003), Torremolinos 73 (2003) , El camino de los ingleses (2006), 23-F la película (2011) o El Cover (2021), la última película que estrenó.

Juan Diego (a la izda.), con Alfredo Landa y Miguel Delibes, autor de la novela en la que se basa la película, durante el rodaje de 'Los santos inocentes'.

/ Archivo

El compromiso político con la izquierda fue otra de las grandes constantes en la vida del actor andaluz, que participó en la célebre y duramente reprimida huelga de actores de 1975, en la que se reinvindicaban mejoras laborales tan básicas para los intérpretes teatrales como tener un día de descanso o hacer solamente una función por jornada. Unas demandas por las que Juan Diego y su compañera Concha Velasco ya habían luchado años antes, en 1972, cuando ambos estrenaron la obra de Buero Vallejo La llegada de los dioses. Histórico militante del Partido Comunista, sus intervenciones en campañas del partido y su posicionamiento en diferentes causas fueron habituales, convirtiéndose en uno de los rostros más visibles durante las manifestaciones del No a la Guerra que se produjeron a raíz de la participación de España en la guerra de Irak durante el mandato de José María Aznar.

La capilla ardiente de Juan Diego se instalará este viernes en el Teatro Español.

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