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De la farmacia al sexo online

La historia del popper, la droga del placer: "Cuando haces pop, ya no hay stop"

Mientras que las autoridades sanitarias recomiendan no consumir este tipo de sustancias, el periodista británico Adam Zmith repasa la historia del popper, desde su uso como remedio terapéutico hasta su empleo como droga recreativa, al tiempo que invita a reflexionar sobre la opinión de la sociedad

Una viñeta del tebeo ’Poppers’, de Jerry Mills.

Una viñeta del tebeo ’Poppers’, de Jerry Mills.

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Eduardo Bravo

Retiras el tapón, obturas uno de tus orificios nasales y con el otro inhalas profundamente el contenido del bote. Durante los siguientes treinta o cuarenta segundos, desaparecerán las inhibiciones, la vergüenza, las preocupaciones, los complejos, se difuminará la frontera entre el ser y el deber ser, la realidad se hará una con el deseo, tu temperatura corporal aumentará y te embargará un placer muy intenso. "En realidad es un efecto que va más allá del placer. Se trata de imaginar lo que es posible hacer con nuestros cuerpos, con nuestras sexualidades y con nuestros géneros", explica Adam Zmith, autor de Inhalación profunda. Historia del popper y futuros queer (Dos Bigotes, 2022), libro que explica el origen y evolución de esta popular droga que, en opinión de Zmith, puede tener efectos beneficiosos a la hora de construir una sociedad mejor. "El popper es una droga extraña. Cuando inhalamos y nos olvidamos nuestra vergüenza, nos sentimos bien, experimentamos el potencial de nuestro cuerpo y, de ese modo, podemos imaginar un futuro mejor, más libre, más justo", comenta el escritor. O, como dice con gracia en su texto: "Cuando haces pop, ya no hay stop".

La historia del popper se remonta al siglo XIX, cuando Antoine Jerôme Balard, conocido principalmente por ser el descubridor del Bromo, decidió pasar vapor de nitrógeno a través de alcohol de amilo. El resultado fue un líquido de olor penetrante que provocaba un inmediato rubor a aquel que lo inhalaba. A pesar de estos evidentes efectos vasodilatadores, hubo que esperar hasta finales de 1800 para que Thomas Lauder Brunton aplicase el descubrimiento de Balard con fines terapéuticos. A partir de las investigaciones de este médico escocés, el nitrito de amilo comenzó a comercializarse en ampollas que se dispensaban sin necesidad de receta médica para tratar la angina de pecho.

Ampollas de nitrito de amilo.

/ Dos bigotes

Sin embargo, con el paso del tiempo, las autoridades sanitarias inglesas detectaron un aumento del consumo de las ampollas de nitrito de amilo en algunas farmacias de Londres. Mientras que la venta media anual no superaba las doscientas cincuenta ampollas, había establecimientos que, entre 1975 y 1976, llegaron a despachar más de ciento ochenta y cinco mil unidades. Ante la sospecha de que ese incremento de ventas se debía a un uso recreativo de la sustancia, las autoridades decidieron endurecer su venta y procesar a los farmacéuticos que la dispensaban quienes, finalmente, fueron absueltos. Según el juez, los acusados no habían contravenido ninguna norma: el nitrito de amilo era legal, su venta no estaba restringida y no era su responsabilidad valorar si su uso recreativo era o no aceptable.

Cuando los políticos quieren aparecer como personas serias, suelen ir en contra del placer, especialmente si está relacionado con las drogas y el sexo"

"Aunque las leyes y regulaciones intentan trazar una gruesa línea que diferencia entre el uso placentero y el uso clínico, yo no veo que haya diferencia —reconoce Adam Zmith—. Puedo entender que se regulen las drogas, pero si una persona quiere usar una sustancia para experimentar placer, mientras no dañe a otros, es un uso válido, incluso si la sustancia también se emplea como medicamento. De hecho, a lo largo de la historia, muchas sustancias cuyo origen era médico se han convertido en placenteras y viceversa”, defiende el autor del libro, que achaca esa persecución de las drogas recreativas a la tendencia de las autoridades a restringir el placer de individuos y colectivos. "Intentamos controlar el placer, tanto en nosotros como en los demás porque está conectado con otros 'venenos' que gobiernan nuestros sentimientos, como la vergüenza, la culpa y la respetabilidad. De hecho, cuando los políticos quieren aparecer como personas serias, suelen ir en contra del placer, especialmente si este está relacionado con las drogas y el sexo".

No solo para hombres

Además de un remedio efectivo para la angina de pecho, el nitrito de amilo también se reveló útil para otras dolencias como, por ejemplo, la dismenorrea. No obstante, los fabricantes de popper nunca prestaron demasiada atención al público femenino, como tampoco lo hicieron con el público heterosexual. Estas decisiones comerciales acabaron provocando que los consumidores habituales de esta sustancia con fines recreativos fueran mayoritariamente hombres gay. "El popper ha estado presente en el dormitorio y en la pista de baile para todo tipo de personas. Lo que sucede es que, aunque muchos heterosexuales usan popper, hablan menos de ello que los gays o los queer. También es cierto que este vínculo con las personas homosexuales, especialmente con los hombres gay, responde a que inhalar popper facilita el sexo anal", explica Zmith, que considera que estas prácticas sexuales fueron otras de las razones que llevaron a las autoridades a perseguir el uso recreativo del popper y a sus usuarios.

"Para el patriarcado, para la idea de la familia tradicional y para las religiones heterosexistas, el placer homosexual es más peligroso que el heterosexual. Por eso, en una sociedad basada en la supremacía masculina y en el matrimonio monógamo, vivir libremente fuera de esas tradiciones y expectativas desafía los límites de lo que se puede y no se puede hacer. Esa es la razón por la que sostengo que las personas queer vivimos en un futuro mejor, porque mostramos lo que es posible más allá del binarismo de género, de la familia tradicional y de la heterosexualidad obligatoria", comenta Zmith.

En todo caso, y a pesar de ese cuestionamiento del heteropatriarcado, lo cierto es que los propios fabricantes de popper no solo enfocaron su producto a un público gay, sino que lo promocionaron a través de mensajes que reproducían y perpetuaban la masculinidad más tópica y tóxica. "Ese tipo de publicidad se utilizó durante la década de 1970, cuando los chicos con bigote y vestidos de cuero estaban muy idealizados. Muchos hombres homosexuales deseaban, y todavía lo desean, esas versiones tradicionales de la masculinidad y, si bien no hay ningún problema en desear, lo cierto es que el capitalismo hace que, finalmente, sean esos ideales los que dominan la cultura gay masculina. Aunque no lo sé con seguridad, supongo que los poppers con marcas y símbolos que no estuvieran tan asociados a las formas tradicionales de masculinidad se habrían vendido menos que aquellos que utilizaban como imagen un tipo fornido vestido de cuero".

Nuevos tiempos, nuevos usos

A pesar de las prohibiciones, las redadas y el acoso a sus usuarios, el consumo de popper, una droga considerada históricamente menos peligrosa que otras, pero con riesgos asociados a su consumo, lejos de disminuir, aumentó durante los años 80 y 90. Tanto es así que, cuando la comunidad gay comenzó a sufrir las dramáticas consecuencias de una enfermedad por entonces desconocida, las autoridades sanitarias, bien por error, bien conscientemente, relacionaron popper con VIH o, lo que es lo mismo, diversión y placer con muerte.

Se señaló al popper como causante del SIDA, cuando ya se sabía que estaba provocado por un virus. Trataron de atemorizar a las personas para que no tuvieran sexo gay"

"Los investigadores tenían que encontrar la causa de esas muertes y para ello estudiaron los comportamientos y los cuerpos de las personas que enfermaban. Descubrieron que muchos eran hombres homosexuales, que muchos usaban popper y, en los primeros tiempos de la epidemia, esa fue una información útil —recuerda Zmith—. Lo que sí fue un error fue que hubiera personas que usaran esas investigaciones para señalar al popper como causante del SIDA, cuando ya se sabía que estaba provocado por un virus que se transmitía por contacto sexual. En ese sentido, los gobiernos del Reino Unido, Estados Unidos, y posiblemente los de otros países, aunque estoy menos familiarizado con ellos, trataron de atemorizar a las personas para que no tuvieran sexo gay. Una actitud que, en mi opinión, fue incorrecta y homofóbica".

Más de un siglo después de su descubrimiento, el popper cuenta cada día con más usuarios gracias a su pasmosa capacidad para sumar a sus escenarios tradicionales, como el club, la discoteca, la sauna, el dormitorio o el cuarto oscuro, nuevos campos de experimentación como internet. Es una droga fácil de conseguir a través de internet o de apps de contactos como Grindr. En la actualidad, las redes sociales han desarrollado una potente subcultura alrededor de esta sustancia, que permite que usuarios de todo el mundo queden para inhalar popper mientras se masturban a través de la webcam o disfrutan de vídeos eróticos, cuya música e imágenes están montadas para potenciar los efectos de la sustancia.

"Para muchas personas, el sexo en línea es la única manera de practicar sexo, tanto con ellos mismos como con otros —comenta Zmith—. Eso ha hecho que el popper haya encontrado en internet una nueva vida online, en la que destacan las sesiones con porno o en videollamadas entre usuarios. En lineas generales, internet ha abierto muchas más posibilidades sexuales para todos nosotros, y eso es algo maravilloso. De hecho, creo que el popper ganará popularidad en los próximos años, hasta el punto de que algunos países como España podrían revisar sus prohibiciones sobre estas sustancias. Evidentemente, eso también provocará la reacción violenta de aquellas personas que quieren controlar los placeres de los demás. A la mierda con esa gente".

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