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Entrevista

Rosa Montero: "He encontrado el sentido de la vida y le he perdido el miedo a la muerte"

La periodista y escritora publica 'El peligro de estar cuerda', una obra muy personal en la que explora las relaciones entre la inestabilidad mental y la literatura

Rosa Montero en el madrileño parque del Retiro, a pocos metros de su casa.

Rosa Montero en el madrileño parque del Retiro, a pocos metros de su casa. / José Luis Roca

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Este es un libro para volver a leer libros. Lo ha escrito Rosa Montero (Madrid, 1951), periodista legendaria, autora de algunas de las mejores novelas del posfranquismo y de entrevistas memorables. Su velocidad al teclado hacía que gente de su alrededor en su periódico, El País, se parara a ver qué hacía con esa velocidad en tiempos en que, además, alternaba el tabaco con las pulsaciones endiabladas con las que se aplicaba a la tarea de escribir. Con esos mismos dedos escribió libros como Instrucciones para salvar el mundo (2008) o, el más dramático de todos los que ha escrito, La ridícula idea de no volver a verte (2013), en el que rememora la muerte de su marido, el periodista Pablo Lizcano. Este que ahora aparece, publicado por Seix Barral, es El peligro de estar cuerda, que proviene de una de las obras de ficción más audaces debidas a su pluma, La loca de la casa (2003), en la que la imaginación protagoniza, como si fuera un personaje, las mayores obsesiones de su vida. El libro está habitado por una legión de escritores que han sido su inspiración, y parece escrito en honor de una multitud que, como ella, ha vivido pendiente de la energía de escribir, por si falla o le traiciona.

 

A veces este libro bello parece una novela policiaca.

Qué bueno. Pues sí, mi editora, Elena Ramírez, dijo en un encuentro con libreros algo parecido: hay ahí una intriga. La verdad es que este es el libro de mi vida. Porque estos temas, la locura y la creatividad, los he abordado siempre. Y porque aquí he llegado a conclusiones a las que no había llegado nunca. Al sentarme a escribir tenía tal caos en la cabeza que… tuve que cortar y cortar. Llegué a pensar que no podría hacerlo, pero de repente hubo una música que brotó y me fue guiando por un bosque gigantesco de datos. 

Aquí hay también un diálogo entre libros.

Absolutamente. Y, además, este libro tiene más ritmo que todos los anteriores. Yo creo que es el que tiene más ritmo interior de todos los que he escrito, realmente ha sido una melodía que me ha ido llevando como el flautista de Hamelin.

Es que este libro representa toda su escritura. Incluso su manera física de escribir.

Es que la escritura te abduce, te cuelas en otra vida y te arrastra. Para eso hace falta fuerza.

La escritura te abduce, te cuelas en otra vida y te arrastra. Para eso hace falta fuerza

El libro es sobre escribir, pero ¿qué otros elementos ha incorporado?

La imaginación. La imaginación es la que me ha llevado a entender secretos que he tenido toda la vida. Creo que es un libro en el que se va a reconocer mucha gente, porque creo que hay como un 15% de la humanidad con cabeza cableada, aunque no sean escritores o escultores. Como digo en un capítulo, titulado La tormenta perfecta, para llegar a la obra necesitas un montón de coincidencias. La energía física, por ejemplo. Porque sin energía física no hay obra.

¿No será, Rosa, que la locura, en muchos casos, alimenta la energía?

Sí y no. Yo creo que hay una energía nerviosa que la tenemos todos, pero el cuerpo también te tiene que seguir.

Este puede ser el origen de otros libros.

Ojalá. Pero, como digo en el libro, hay gente que se apaga y que no puede escribir, lamentablemente.

Dice que comenzar a escribir este libro le fue difícil. ¿Qué pasó?

Que había tal cantidad de información, de datos que… Yo primero tomo muchas notas y luego hago organigramas, y tenía como 60 o 70 cartulinas. ¡Tremendo! ¿Cómo iba a unir todo eso? Te lo he dicho al principio: me sentía ante un caos absoluto. Dije: no voy a ser capaz de escribir esto.

¿Cómo lo superó?

Matando al yo consciente. Me tiré a la piscina. Cerré los ojos y me puse a bailar. Dije: no lo puedo controlar, voy a seguir la música.

La metáfora del baile aparece al final.

Es que la vida es baile. Y la escritura es baile. Hasta para hacer el amor hay que bailar, hacerlo con un ritmo interior, en donde la conciencia no está. Nuestro yo es un polizonte, es una pisca, pero le damos una importancia enorme. Pues no: hay que dejarse arrastrar por el ritmo interno.

Subrayé una frase: “Del dolor de perder nace la obra.” ¿Es suya?

Es mía. Pero la he descubierto ahora.

¿Y tiene algo que ver cuando se pones a escribir?

Efectivamente. Porque del dolor nace una obra. Hay una pérdida fundamental en el origen de todo creador: la pérdida de la infancia de una manera violenta. Puede ser porque un padre se te muere o algo así. O de manera más discreta, pero se pierde.

Hay una pérdida fundamental en el origen de todo creador: la pérdida de la infancia de una manera violenta

¿Cuál fue la pulsión de esta historia personal de la locura?

No fue nada trágico. Yo escribo desde los cinco años y, no lo sé, miré hacia atrás y ya estaba ahí. Quizá fui una niña que me convertí en adulta antes de tiempo.

Tiene la fortuna de escribir como si estuviera diciendo.

No lo había pensado. Pero me encanta. Será por mi gusto por los otros, por mi gusto por la conversación. Porque la escritura es un viaje al otro. Esa manera de estar, de conversar, es porque quiero estar a la misma altura del otro, por eso escribo así.

Aquí hay muchas historias, pero quizá la del hermano de Mark Twain es la que encierra más literatura

Es que es preciosa. Pero estoy convencida de que la mentira de Mark Twain encierra una verdad. Recordemos que Mark Twain es un seudónimo, lo que indica una tendencia a la disociación. Que cuente que tenía un hermano gemelo exactamente igual a él y que se ahogó y que entonces no sabe si el que se ahogó fue su hermano o él, pues... Ese hermano no existía. Pero esa mentira dice mucho sobre este hombre.

La escritora, después de la entrevista.



/ José Luis Roca

Después de leer su libro La loca de la casa muchos creímos que tenía una hermana.  

Pues no la tengo. Pero recuerdo que el capítulo central de ese libro lo escribí y descubrí algo mío: que escribo para descubrir los secretos de mi infancia. O sea: de una mentira, descubres muchas cosas.

Visita a muchos locos: Séneca, Kafka, Onetti… De todos, ¿quién le sacudió más?

La verdad es que hablo de un montón de gente, efectivamente. Pero me alargo más en las biografías de mujeres, y no me lo había propuesto, ¿eh? La que más: Janet Frame, que me parece adorable. Tenía una vida terrorífica y, sin embargo, salió adelante. Y mira lo que dice Emily Dickinson, la gran poeta, recordando en un verso el drama del incesto que sufrió: “Mi futuro sube la escalera”.

Hay muchos datos para apoyar la ficción. Hay descripciones sobre ataques de pánico, hay locura… Pero, ¿hay algo que no se haya atrevido a contar?

Tal vez algo. Pero no soy consciente. He escrito lo que he podido y lo que he necesitado. No tengo la sensación de haberme callado nada. Nada. Tengo la sensación de haber llegado a completar inquietudes que he tenido toda mi vida.

Se refleja en Bukowski. “Parece que los escritores han perdido el norte, escriben para darse a conocer y no porque estén al borde de la desesperación”, escribe él y usted lo cita.

¡Sí! Es algo que me ha encantado descubrir. Porque a mí, la verdad, es que su personalidad no me caía bien. Pero en su escritura, bueno: tiene cosas estupendas. Eso de escribir desde la desesperación, pues sí: yo, por ejemplo, escribo para perderle el miedo a la muerte.

No he hecho un libro testimonial, solo me he estudiado a mí misma"

Aquí revela eso y más.

Pero no tengo la sensación de desnudarme. Lo que he hecho ha sido responder temas que para mí eran esenciales. He buscado respuestas en los libros de otros y me he observado a mí misma. Nada más. No he hecho un libro testimonial, solo me he estudiado a mí misma.

A lo mejor alguien luego hará algo similar y la citará a usted.

Puede ser, no lo sé. 

¿En qué momento sintió el poder de lo que estaba escribiendo? 

Pues a medida que iba avanzando tuve la sensación de ir metiéndome en un torbellino hasta llegar al ojo del huracán.

¿Hubo miedo?

Solo al principio, cuando pensé que no podría ordenar el caos.

¿Y a partir de entonces fue feliz?

Mucho. Ya te digo: me he respondido muchas cosas a mí misma. He encontrado el sentido a la vida y le he perdido el miedo a la muerte.

 

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