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Pasolini, un centenario al rojo vivo

Una biografía, una antología poética y una selección de escritos reflejan la vigencia del transgresor y poliédrico intelectual italiano 

Pasolini.

Pasolini.

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Tino Pertierra

De él dijeron que era un comunista sin partido, un cristiano sin iglesia. El 5 de marzo de 1922 nacía en Bolonia, la ciudad más izquierdista de Italia, el escritor y cineasta Pier Paolo Pasolini. Un intelectual total y radical (poeta, ensayista, sociólogo, dramaturgo, novelista, articulista...) que no se casaba con nadie, transgresor e experimentador, capaz de llevarse la contraria a sí mismo, comunista enemigo del marxismo oficial y ateo que mostró en El evangelio según San Mateo (1964) al Jesucristo más real y humano. Vapuleó el "falso progreso" del desarrollismo capitalista. La mercantilización de todo y de todos. ¿Qué habría pensado de esta sociedad actual devorada por el consumismo y las pantallas y las redes sociales, con ideologías de tuit e ideólogos de pacotilla?

El Vaticano le homenajeó por su sensibilidad hacia los débiles. Por las calles le gritaban "maricón, sucio comunista". Oídos sordos, palabra elocuente. "Cuando esté muerto, ¿qué importará mi vida privada?", escribió. Su influencia cien años después se mantiene firme y pujante (más con la que está cayendo en el mapa de los horrores) y buena prueba de ello es la publicación de libros como Escritos corsarios (Galaxia Gutenberg) o la exhaustiva y sagaz biografía de Miguel Dalmau, El último profeta (Tusquets), premio Comillas. Y en breve se publicará la antología poética que ha seleccionado y traducido el escritor asturiano Martín López-Vega, La insomne felicidad.

Su asesinato el 2 de noviembre de 1975 con solo 53 años sigue siendo un misterio por más que la versión oficial culpara al joven chapero Giuseppe Pelosi de haberle matado en el puerto de Ostia, primero con paliza bestial y luego atropellándolo con el propio coche de quien escandalizó y asqueó (sacudió) con Saló, los 120 días de Sodoma. Dalmau es tajante: fue un crimen de Estado organizado desde la cúpula de poder. El director de Teorema (1968) sabía demasiado y el servicio de inteligencia italiano le asesinó. Pasolini estaba escribiendo Petróleo, una novela explosiva que desentrañaba el asesinato del presidente de una petrolera, Enrico Mattei, que había muerto en 1962 en un accidente aéreo.

Pasolini adoraba hasta la obsesión a su bondadosa madre, maestra, y detestaba a su padre, un militar fascista y maltratador. Desertó del ejército en la II Guerra Mundial y su hermano mayor, combatiente de la Resistencia, murió asesinado. Latigazo. Entró en 1947 en el Partido Comunista, donde militaban los asesinos de su hermano. Fue expulsado dos años después tras ser enjuiciado por corrupción de menores mientras enseñaba en un instituto.

La ultraderecha le tenía en el punto de ira pero no parecía importarle mucho. Prefería irse a ver un partido de fútbol antes que mirar si alguien le seguía. Escribía de deportes en la prensa y en su juventud le daba al balón con un tal Bernardo Bertolucci, a quien abrió las puertas del cine como ayudante de dirección en Accattone (1961). Jugaba horas y horas de extremo izquierda (le llamaban el stuka, tan rápido y vertical como en gran parte de su cine). Llegó a organizar un encuentro entre los dos equipos que rodaban a tiro de pelota: Pasolini en Mantua con Saló o los 120 días de Sodoma y Bertolucci en Parma con Novecento. Fue una forma de restañar heridas porque a Pasolini no le había gustado nada El último tango en París, que tan mal envejece. Pasolini corría como un chaval pero su equipo perdió por cinco a dos. Era el domingo 16 de marzo de 1975, a pocos meses de su último partido vital.

Dalmau evoca el primer recuerdo de Pasolini, y es significativo: "La primera imagen de mi vida es una cortina blanca y transparente, que cuelga inmóvil ante una ventana que da a una calleja más bien triste y oscura. Esa cortina me angustia y me produce terror, pero no como algo amenazador y desagradable, sino como algo cósmico. En aquella cortina se reúne y toma cuerpo todo el espíritu de la casa donde nací. Era una casa burguesa". Pasolini, el gran enemigo de la burguesía, exponía un hecho irrefutable Dalmau indaga: "¿Qué significa esa cortina blanca? ¿Es el umbral trémulo que separa el mundo burgués del padre y la oscura vida de afuera? ¿Podemos explicar esta vida que ahora comienza como una gran peripecia humana destinada a saltar de un mundo a otro, de intentar comprender ambos y asumirlos como una unidad?". Buscaba la cercanía de esa cortina, bajaba a la "calleja triste, tan triste como la miseria y tan oscura como el sexo. Y al final encontró allí la muerte. Fuera de casa".

No dejaba títere sin cabeza. Aunque fuera joven, presuntamente rebelde... y melenudo. Leemos en Escritos corsarios: "Ha llegado el momento de decirles a los jóvenes que esa forma de peinarse resulta espantosa, por servil y por vulgar. Es más, ha llegado el momento de que ellos mismos se den cuenta y se liberen de esta ansia culpable de atenerse al orden degradante de la horda". El ciclo "se ha cerrado. La subcultura del poder ha absorbido a la subcultura de la oposición". ¿1973 o 2022?

'Escritos corsarios'

Autor: Pier Paolo Pasolini

Editorial: Galaxia Gutenberg

304 páginas. 23,50 euros.

De Pasolini escribió Susan Sontag: "Me parece indiscutiblemente la figura más notable que ha surgido en las artes y las letras italianas después de la Segunda Guerra Mundial… Su poesía es una parte importante de su apasionada, poderosa y vulnerable obra, una obra en y con la historia, y del trágico itinerario de su sensibilidad". Y nadie mejor para profundizar en su poesía que el escritor asturiano Martín López-Vega, traductor de La religión dei tiempo y que se ha encargado de seleccionar y traducir la antología más completa (640 páginas) hasta el momento del creador italiano para Galaxia Gutenberg: La insomne felicidad.

La conclusión que expone López-Vega es muy clara: "Pasolini, modelo de intelectual total, director de cine, novelista, ensayista… fue sobre todo poeta. Lo dijo su amigo Moravia, y él mismo decía de sus películas que las hizo "como poeta". La poesía es el sistema nervioso de toda su producción, el laboratorio donde sus ideas se decantan para luego disolverse en las distintas formas narrativas".

Añade: "También su poesía se contagió de todas las demás facetas de su autor. Sus poemas quieren plasmar una visión de la sociedad que habita. Probablemente sean más asequibles los epigramas incluidos en La religión de mi tiempo o los poemas más breves en friulano, pero donde está Pasolini con toda su potencia es en los poemas largos, como los que componen su libro totémico, Las cenizas de Gramsci, un largo fresco sobre la Italia contemporánea. Pasolini transforma el poema en un ente complejo, forzando sus límites para inventar una forma nueva. Lo de Pasolini en la poesía es una transformación tecnológica".

En cualquier libro de Pasolini, señala, "nos saluda la figura de un eros bifronte. De un lado, el sexual. De otro, el pedagógico. El escándalo es el gozne entre ambos. Su vertiente pedagógica se cruza enseguida con las enseñanzas de Gramsci. Odio a los indiferentes, proclamaba Gramsci y repite Pasolini. Y es que el mundo de Pasolini tiene que ver con lo que podríamos llamar "la Italia negra", la surgida de la modernización, una modernización que es una gran generadora de migraciones internas y en consecuencia de arrabales, chabolas, desarraigo, pobreza extrema, desahogadas en unas fiestas brutales y en una existencia automatizada. Son los habitantes de ese arrabal los destinatarios del erotismo bifronte de Pasolini, a quienes amará y a quienes no perdonará su indiferencia. A ellos están dirigidos sus poemas, que siempre son un ensayo sobre su propia biografía y sus dudas".

'Pasolini. El último profeta'

Autor: Miguel Dalmau Soler

Editorial: Tusquets

548 págs. 23 euros.

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