Patrocina:

CRÍTICA DE LIBROS

Itinerario de una sabiduría y un crudo diagnóstico del espacio postsoviético

  • Nélida Piñon rompe un silencio narrativo de más de 15 años con una poderosa novela de formación que explora tanto la superficie de las emociones como su profundidad

  • La sombra de la muerte, el azar gélido y la violencia atraviesan de parte a parte esta docena de cuentos del escritor ruso Maxim Ósipov, que compagina las letras con el ejercicio de la medicina

Nélida Piñon, en una visita a Barcelona en 2015.

Nélida Piñon, en una visita a Barcelona en 2015. / JOAN CORTADELLAS

4
Se lee en minutos
Ricardo Baixeras | Olga Merino

TRAVESÍA A LO DESCONOCIDO

La inmensa Nélida Piñon (Río de Janeiro, 1937) regresa a la ficción tras un silencio narrativo de más de 15 años con un libro de resonancias muy antiguas que narra la historia íntima de un joven personaje hacia un destino desconocido. Con una cadencia intimista inolvidable, la autora de La república de los sueños vuelve por sus fueros al pintar la cadencia de un desconcierto hecho de azares y de enigmas. De ahí que el libro tenga algo de largo poema al anclar la continuidad del relato en la discontinuidad de los fragmentos narrativos sobre los que se sostiene la trama.  

La de Mateus es la historia de un huérfano de padre, que no de madre porque aquí lo maternal es ignominioso. Solo el recuerdo continuado de la poderosa figura de su abuelo Vicente le permitirá emprender un viaje hacia Sagres, "la bendita Jerusalén", que no es sino el contorno físico y espiritual de una sabiduría hecha de retazos de vida y de muerte, de amor y de desamor, de alegrías y de tristezas porque todo cabe en un libro cuya fuerza narrativa reside en la lejanía de un abismo que toca tanto la superficie de las emociones como su profundidad. De "naturaleza indómita", Mateus es el centro y las aristas de un cubo hecho con los restos de la memoria perdida y anclada en unos años "ingratos" y que le "sentencian al declive". Pero Piñon, con esos mimbres, ha sabido, y de qué callada manera, contar una novela de formación y cantar la memoria ancestral que rememora la vida de todos los hombres y de los dioses bajo cuya custodia permanecen. 

'Un día llegaré a Sagres'

Autora: Nélida Piñon 

Editorial: Editorial Alfaguara

344 páginas. 19 euros

ANALIZANDO EL ESPACIO POSTSOVIÉTICO

A veces se da la peculiar alquimia de que el escritor compagina las letras con el ejercicio de la medicina, mixtura de la que han brotado frutos incandescentes, también en la literatura rusa. Mijaíl Bulgákov, por ejemplo, cuyos cuentos recogidos en Morfina beben de su experiencia como médico rural en la provincia de Smolensk. Y Vasili Aksiónov, quien pintó en la novela Una saga moscovita un fresco imponente de lo que supuso el siglo soviético. Y, por supuesto, el maestro Antón Chéjov. Se produce una electricidad rara en estos doctores escribientes, como si al auscultar a los enfermos a través del estetoscopio, al escuchar la mecánica del corazón y el fuelle de los pulmones, absorbieran asimismo el susurro de lo esencial de la vida, el ritmo del metrónomo, aquello que de verdad importa. Este es el caso también de Maxim Ósipov (Moscú, 1963), cardiólogo en el hospital público de Tarusa, a un centenar de kilómetros de la capital rusa, quien ya nos sorprendió hace unos años con El grito del ave doméstica, y remata ahora el embrujo con Piedra, papel, tijera (Libros del Asteroide), una gavilla de cuentos escritos entre 2009 y 2017.

Si el autor de El jardín de los cerezos y Las tres hermanas captó como nadie la Rusia de provincias —su comezón, su bostezo— en las décadas previas al estallido revolucionario de 1905, Ósipov realiza un diagnóstico preciso e implacable del espacio postsoviético, de los individuos desnortados que lo pueblan, de ciudades y lugares en manos de gente "nerviosa", no por maldad, "sino porque ha conseguido el poder por medio del robo". Realiza el autor un grabado de la Rusia contemporánea a punta de buril y otras herramientas de corte chejoviano, como la vis tragicómica de las situaciones o la evanescencia del narrador cuando conviene. También la simpleza engañosa. La hiperrealista atención al detalle. La compasión. La economía de medios. Las tramas cuya dirección poco importa, pues el foco incide en las múltiples capas y contradicciones de los personajes. Y la melancolía de unas vidas con la dosis justa de esperanza para seguir adelante; un personaje secundario escribe en una carta: "Nos reunimos: charlamos o callamos, y ya no importa si la vida ha sido provechosa o no. A veces pienso: ¿puede ser que hayamos sido felices?".

Frente a la seguridad roma, frente a la chatura de horizontes que ofrecía la Unión Soviética a sus ciudadanos, ahora la sombra de la muerte, el azar gélido y la violencia atraviesan de parte a parte esta docena de cuentos; en uno de ellos, el titulado Un hombre del Renacimiento, un oligarca observa la vida "festiva, inútil, parasitaria" a través de la mira de su escopeta, y dispara, desde lo alto de su apartamento, a una chica que acaba de salir del conservatorio, a quien desconoce, solo porque sí, para aliviarse de sus frustraciones, para suicidarse después. Escritura en el hueso. Precisa como el tajo del cirujano. El retrato de unas vidas al pairo, expectantes en la grisura.

'Piedra, papel, tijera'

Autor: Maxim Ósipov

Traducción: Ricardo San Vicente

Editorial: Libros del Asteroide

328 páginas. 23,95 euros

Noticias relacionadas