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Benidorm, dominada por las mafias guiris en la nueva novela de Esther García Llovet

Criminales rusos y británicos, hoteles baratos, el Mediterráneo y mucho sol ponen algo de luz y color a la oscura trama de 'Spanish Beauty', que protagoniza una policía nacional de dudosa reputación en busca de su padre.

Benidorm, escenario de la novela policiaca de Esther García Llovet ’Spanish Beauty’

Benidorm, escenario de la novela policiaca de Esther García Llovet ’Spanish Beauty’ / David Revenga

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Manuel Guedán

En 2006 Juan Cueto publicó un artículo en El País Semanal elogiando la nueva arquitectura española; se titullaba Aprendiendo de Benidorm. Fue el pistoletazo de salida —que este humilde redactor recuerde— para la rehabilitación cultural de la megalópolis levantina. En estos últimos quince años han cambiado mucho los ojos con los que el resto de España la mira. De aquella expresión de soberbia clasista que suscitaban sus rascacielos, sus abuelitos al sol y, en definitiva, su turismo democrático, hemos pasado al "oasis del diseño modernista" con que lo definió el Financial Times y al reconocimiento ante el modelo más sostenible del litoral español (por el poco espacio que consume y la alta densidad que permite).

Dicha rehabilitación se ha producido también de la mano de la ficción nacional, a priori menos interesada que la norteamericana en volver icónicos los escenarios locales, pero que con Benidorm ha hecho una excepción. En su libro Lección de anatomía, Marta Sanz hablaba de su infancia en Benidorm y confesaba que le gustaría contarse entre las personalidades locales que destaca la Wikipedia (hasta entonces solo el futbolista Guillermo Amor y Leire Pajín). Claudia Costafreda, hoy codirectora de la serie Cardo, daba sus primeros pasos con Benidorm 2017, un cortometraje en el que la ciudad a se convertía en escenario del fin del mundo. Y más recientemente, Isabel Coixet y Secun de la Rosa mostraban dos caras distintas del lugar: la primera su versión más lánguida y melancólica en Nieva en Benidorm; el segundo la más romántica y musical en El cover. Y así llegamos hasta hoy, cuando la ciudad desempolva su tradición festivalera y vuelve a mirarse en el espejo de San Remo como lanzadera de trovadores: el Benidorm Fest elige, entre Rigoberta Bandini, Azúcar Moreno, Tanxugueiras y otros tantos artistas, quién nos representa en Eurovision.

Pero ninguno de estas puertas de entrada a la ciudad es la que utiliza Esther García Llovet en Spanish Beauty (Anagrama), la primera entrega de una trilogía levantina que ha bautizado comoTrilogía de los países del Este. Ella tiene en mente Sueñan los androides, la delirante adaptación de Blade Runner que cambia Los Angeles por Benidorm; o el Elche subterráneo y selenita que Chema García Iborra retrata en Espíritu Sagrado; o, en todo caso, Magaluf Ghost Town, una extraña mezcla de documental y ficción con actores no profesionales. Porque las cosas profesionales, más redondeadas y pulidas, no son las que más interesan a esta autora.

Pero, ¿por qué Benidorm? "En 2018, antes de que salieran muchas de estas pelis, fui allí a hacer un reportaje. Estuve cuatro días y descubrí una ciudad muy ballardiana, muy loca. Intenté escuchar a la gente que vive allí. De cada persona con la que hablé se podría hacer una peli. Y descubrí dos Benidorms: el de la gente que está de paso y el de los que viven allí. Hay muchos ingleses que se relacionan solo entre ellos. Lo que más me gustó es que paisajísticamente la ciudad es como una palmera: crece toda hacia arriba. Es muy pop".

Spanish Beauty tiene como protagonista a Michela, una policía nacional que se desenvuelve demasiado bien, pero que a pesar de su carácter recio y su talento para saltarse la ley, sigue queriendo lo mismo que todo el mundo: que su padre le haga caso. Lo que la diferencia del resto del mundo es que ella aspira a conseguirlo a través de un mechero. Eso sí, lo tiene que recuperar de las manos de un mafioso ruso porque no es cualquier mechero, es el que perteneció a Reggie Kray, miembro de la familia de gánsteres más famosa de Reino Unido. "El mechero es un Macguffin, pero por eso mismo quise darle importancia. El que describo en la novela existe en la realidad. En una primera versión era un anillo de sello, pero me di cuenta de que tanto el padre como la hija fumaban, así que lo que más les une es eso, el mechero".

Padre e hija encabezan un grupo de personajes que, como es habitual en la novelas de García Llovet, están de vuelta de todo, a pesar de haber ido a más bien pocos sitios. Aunque cuando van, a menudo llegan hasta el final. "Me gusta Michela porque tiene los huevos bien puestos, no como yo. Cuando hacía el reportaje, visité la isla de Benidorm, que es un lugar increíble por las vistas y por esas cuestas empinadísimas. Pero yo no pude subirlas y ella en la novela sí que puede".

Terror mediterráneo

La siguiente entrega de la trilogía ya está en camino. "Pasa en El Saler y tiene que ver con los círculos de los sembrados, entre terror y ciencia ficción. Por fin me he metido en el terror de verdad, no solo ese de sustos. La última será seguramente en el Mar Menor". El espacio, una vez más, funciona como detonante en sus novelas. "Me gusta David Simon y me gusta The Wire, aunque él es de ritmo lento y yo soy más rápida. Pero me interesa porque en lo que hace la ciudad está muy presente, la ciudad marca la forma de ser de la gente. En esa línea me encanta también The night of, de Richard Price".

Ahora ultima su segunda trilogía en Anagrama, pero el prestigio de Esther García Llovet ha sido como el de Benidorm: de cocción lenta. Sus primeras novelas aparecieron dispersas entre varias editoriales: Lengua de Trapo, Salto de Página, Ediciones del Viendo, la lóbrega Malpaso… "Yo tardé 6 años en encontrar editorial para la segunda novela, fue tremendo. Tener una editorial de referencia, como es ahora Anagrama, hace que mi cabeza funcione de otra manera. Para empezar, porque les puedo decir que voy a escribir una trilogía y me dicen que sí [se ríe]. Esa seguridad me permite localizar los espacios con más cuidado, lo que me ayuda a escribir mejor. Nunca pensé que fuera a estar en Anagrama y la recompensa que eso tendría. Aunque ahora ya no puedo hacer un simpa, porque a lo mejor me reconocerían [se ríe]".

Los sinsabores de aquella etapa debieron de ser tantos que llegó a decir que dejaría la literatura. Con ese impulso se lanzó, justamente, a Cómo dejar de escribir: "Cuando la escribí, ya no necesitaba escribir. Antes lo hacía para huir de mis demonios, pero entonces dieron conmigo. Dejé de necesitarlo, empecé a hacerlo solo por diversión y eso lo cambió todo". Eso sí, siempre novelas breves. "Es que cuando voy por la mitad de una, ya se me ha ocurrido la siguiente. Como cuando estás hablando por teléfono, te llaman a la puerta y tienes que ir a abrir. Esa es mi sensación cada vez. Aunque ahora tengo ganas de dedicar el año que viene a solo la fotografía. Durante la pandemia, con las mascarillas, ya no se podía hacer foto de calle. Quiero recuperar un poco eso".

De hecho, la foto de portada de Spanish Beauty es de la propia autora. También la de solapa, que es un autorretrato. "Hacer fotos me viene bien para la escritura, porque consigue que me olvide de todo. La literatura es un veneno que mata lentamente, pero con una foto te cargas al otro en nada. Y la fotografía me ayuda a la literatura porque me he vuelto más visual: escaneo la ciudad, lo escaneo todo".

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