MAL AÑO PARA LA TAQUILLA

La pandemia y su baño de realidad en el cine: hasta Almodóvar se rinde a Spider-Man para salvar a las salas

Spider-Man, el único capaz de salvar al cine del descalabro.

Spider-Man, el único capaz de salvar al cine del descalabro.

Pese al alivio económico que supone el éxito de la última entrega de ‘Spider-Man’, la exhibición cinematográfica despide el curso sin haber podido reconquistar al público perdido por la pandemia y acorralado por la explosión de las plataformas de 'streaming'. 

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Carlos Megía

Tan solo cinco días ha necesitado Spider-Man: No way home para convertirse en la película más taquillera de 2021. Sobreponiéndose incluso a la oleada de contagios provocados por la variante ómicron, el estreno de la franquicia liderada por Tom Holland se ha erigido en el plan navideño por excelencia en todo el mundo, llenando las butacas con un frenesí digno de otro tiempo. En España, según datos de Comscore, tenemos que retroceder hasta 2019 para encontrar una semana con más de dos millones y trescientos mil espectadores, y a nivel mundial ha cosechado el tercer mejor fin de semana de estreno de la historia.

Hasta el propio Pedro Almodóvar, en su visita al programa Late Motiv, denominaba al trepamuros como el “salvador de la industria” y anticipaba su visita a alguna sesión en señal de agradecimiento. Sin embargo, el rayo de esperanza –y alivio económico– que supone la película del universo Marvel no disimula el crítico estado de la industria cinematográfica de 2021. Incapaz de recuperar a la mayor parte de los espectadores perdidos con el inicio de la pandemia y enfrentándose a un cambio en los hábitos de consumo que pone en peligro su mera existencia, ¿conseguirán sobrevivir las salas de cine a la coyuntura actual?

Spider-Man, al rescate de las salas.

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“El Covid ha sido un terremoto para los cimientos de la industria y también para nosotros”, admite Fernando Lobo, responsable de comunicación de los Cines Embajadores. El impulsor de una de las salas más jóvenes de la capital, situada en el barrio de Lavapiés y que abrió sus puertas en el verano de 2020 tras retrasar la inauguración por la primera ola, califica de “cuestión de supervivencia” el estado actual del sector. “El balance desde la apertura es positivo, pero uno siempre tiene una parte de resquemor, de amargura, porque la industria no se recupera y la gente no acaba de volver a la sala. Mucha gente sigue teniendo miedo de ir al cine, sobre todo, los de más edad”, añade.

Los Cines Embajadores, en Madrid.

/ José Luis Roca

Caída en picado

Los datos confirman sus sensaciones. La caída de ingresos del mercado cinematográfico con respecto a 2019 se cifra en un 60%, con los mayores de 35 años –especialmente, las mujeres– como los más reticentes a recobrar el hábito, un estrato demográfico clave para los cines de barrio y/o independientes. Ann Sarnoff, CEO de Warner Bros, sostenía recientemente que para que el sector vuelva por sus fueros necesitan el regreso “de todo el gran espectro de edades y gustos” y que actualmente solo “las películas de acción, de superhéroes y de terror”, hechas para un público menos temeroso al contagio, eran capaces de vender entradas.

La polarización no es una característica exclusiva del panorama sociopolítico actual: en la taquilla global, franquicias adrenalínicas como Fast & Furious, James Bond y toda la gama superheroica de Marvel se alzan como los únicos éxitos del curso. ¿Acabará siendo la experiencia cinematográfica un terreno vedado a todo lo que no sea una gran superproducción palomitera, las llamadas ‘película-evento’? A falta de respuesta, lo cierto es que productos pensados para un público más adulto como West Side Story, El último duelo, La casa Gucci o Última noche en el Soho no han cumplido con las expectativas recaudatorias puestas en ellos.

Fotograma del remake de 'West Side Story' de Spielberg.

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La ausencia del público más afín a producciones de medio y bajo presupuesto, en géneros como el drama, el musical o la comedia, ha golpeado con fuerza a las compañías independientes del sector. En la distribuidora y productora española A contracorriente, referencia del mercado nacional durante la última década, apostaron por estrenar sus películas en las salas pese a que lo “inteligente” a nivel empresarial, como hicieron buena parte de las productoras, era huir de la exhibición tradicional y vender su catálogo a las plataformas. “Desafortunadamente, en 12 meses solo conseguimos 800.000 espectadores, pero al menos llevamos a esos espectadores a los cines. Si queremos que sigan existiendo en 2022 o 2023, tenemos que estar con ellos ahora”, defiende su Director de Negocio, Eduardo Escudero.

El cine español

La industria nacional tampoco ha escapado del desastre. El cine español cierra el curso con una taquilla cercana a los 40 millones de euros, por debajo incluso de los datos del año pasado, para marcar así la peor cifra de recaudación de lo que llevamos de siglo. Pese a que estrellas del calibre de Penélope Cruz o Javier Bardem lideran algunos de los estrenos nacionales de la temporada, solo Santiago Segura ha sido capaz de lograr una asistencia masiva a las salas con su comedia familiar A todo tren: Destino Asturias. Y la sexta ola de la Covid-19 ha vuelto a trastocar ahora los planes de recuperación tras los brotes verdes que se dejaban entrever en el tercer trimestre del año. “Las perspectivas que teníamos de la campaña navideña eran muy distintas. El ambiente de preocupación, o la reducción del aforo en comunidades como Cataluña, no son factores propicios para las salas”, dice Escudero.

Penélope Cruz en 'Madres paralelas'.

/ El Deseo

A esta tormenta perfecta se le une el auge y consolidación de las plataformas de streaming, que tomaron el testigo de los cines cuando estos se vieron obligados a cerrar por la crisis sanitaria y estrenaron buena parte de las películas destinadas a la pantalla grande. Sobre todo, esos lanzamientos de clase media con los que captar al público que sigue rehuyendo las salas. La comedia apocalíptica de Netflix No mires arriba, con un reparto estelar liderado por Leonardo DiCaprio, Jennifer Lawrence y Meryl Streep, es el más reciente ejemplo de su progresiva conquista de Hollywood. “El streaming va a ser el mayor enemigo de los cines”, advierte en un artículo de la NBC el analista especializado Jeff Bock, “se están llevando a los mayores talentos de la gran pantalla a un ritmo jamás visto antes en la industria y con contratos enormes”.

El éxito global de estas plataformas, y la decisión de los grandes estudios de que si no podían con el enemigo mejor sería unirse él, no solo las hace batir récords de suscriptores cada trimestre. También las ha llevado a transformar para siempre el modelo tradicional de ventanas de exhibición con tal de imponerse en la batalla por la hegemonía del streaming. Si antes de la pandemia las salas podían reclamar unos tres meses de exhibición exclusiva, esa cifra ha caído a 45 días –o incluso por debajo– antes de saltar a las plataformas digitales. Algunas superproducciones como Wonder Woman 1984 o El Escuadrón Suicida se estrenaron en Estados Unidos de forma simultánea en cines y salas, traduciéndose en sonoros batacazos de taquilla. En España, la gran apuesta familiar de Disney para la temporada navideña, Encanto, ha aterrizado en Disney+ menos de un mes después de su lanzamiento en pantalla grande. ¿Se puede luchar contra un rival que ofrece el mismo estreno un par de semanas más tarde y cuyo precio mensual es equiparable al de una sola entrada?

Mejor con las salas

“Es obvio que los gigantes digitales han venido para quedarse. Ahora, para seguir creciendo, les interesa tener más producto y cuanto antes mejor, pero creo que tiene fecha de caducidad”, predice Escudero, que considera contraproducente para las plataformas renunciar definitivamente a las salas. “El cine ha sido una forma de explotación muy rentable y puede seguir siéndolo”. Un par de meses antes de que el coronavirus cambiara nuestras vidas, los cines españoles celebraban un récord histórico de asistencia en 2019: más de 105 millones de espectadores, el mejor dato de la década. Fernando Lobo está de acuerdo: “El boom de las plataformas tocará techo y estarán interesadas en que sus películas se exhiban en cines para generar ingresos extra. Al final, la mayoría de sus usuarios están ahí por las series, no por la nueva de Paolo Sorrentino”.

Con Fue la mano de Dios, un relato semibiográfico de lirismo maradoniano, el italiano se suma así a otros cineastas como Martin Scorsese, Alfonso Cuarón o David Fincher en trasladar sus últimos estrenos a Netflix, que busca sin descanso legitimar su estrategia con el respaldo que solo otorgan las estatuillas. En el lado negativo, el embriagador silencio mediático y escaso impacto cultural que reina en aquellas que desechan llenar las carteleras y marquesinas con sus carteles para pasar directamente a la televisión. ¿Acaso algún espectador ocasional será consciente del estreno este 14 de enero en Apple TV+ del Macbeth de Joel Coen, protagonizado por los laureados Denzel Washington y Frances McDormand? ¿Alguien lo fue del lanzamiento de Finch, con Tom Hanks, o de Cherry, con el ídolo milénico Tom Holland, por poner un par de ejemplos?

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Según apuntan los expertos, habrá que esperar a 2023 para que las salas recuperen los niveles de asistencia previos a la pandemia, aunque la consultora británica Gower Street anticipa un crecimiento de hasta el 58% para el próximo año con respecto a 2021. En la vanguardia para salvar el modelo de exhibición convencional de la extinción se encontrarán dos de las figuras más vocales en su defensa: el megalómano James Cameron con la secuela de Avatar y un Tom Cruise que tratará de reivindicar la experiencia cinematográfica con actualizaciones de sus franquicias más icónicas: Misión Imposible 7 y Top Gun 2. “He producido entre 30 y 40 películas y soy responsable de miles, de decenas de miles de puestos de trabajo”, alegaba el actor en la revista Empire para contextualizar lo trascendental de su posición en la industria.

Tom Cruise, en el rodaje de la secuela de 'Top Gun'.

/ Scott Garfield - EFE

Para superar la crisis pandémica y garantizar la supervivencia, Fernando Lobo pide apoyo por parte de los organismos públicos -“una campaña televisiva, por ejemplo, que muestre que los cines son espacios seguros”- y una reflexión por parte de todos los agentes del sector. “Tenemos que sentarnos exhibidores, productores y distribuidores para llegar a acuerdos, establecer un marco futuro y dejar de improvisar”, manifiesta. Desde A Contracorriente, Eduardo Escudero no oculta su optimismo ante el futuro y la disposición del público a volver a sentarse en la butaca cuando las circunstancias sanitarias así lo permitan. “Te puedes comer una maravillosa pizza en casa, pero disfrutar la misma pizza en el restaurante con unos amigos, como acto social, es distinto”, concluye. “La sala de cine es otra experiencia”.

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