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ENTREVISTA

Gonzalo García Pelayo, cazatalentos, cineasta y jugador: “Felipe, que fue mi abogado, nunca me invitó a la Bodeguilla”

Es una de las figuras clave para entender la historia española reciente. Agitador cultural en la Sevilla de los 70, descubridor de artistas de la talla de Lole y Manuel o María Jiménez y experto en juegos de azar, a sus 74 años compagina la inversión en criptomonedas con dirigir siete películas en solo un año.

Gonzalo García Pelayo, hombre multitarea.

Gonzalo García Pelayo, hombre multitarea. / Imagen cedida

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Eduardo Bravo

"Excepto una época en París que tuve que hacer trabajo alimenticio, afortunadamente siempre he podido ganarme la vida con las cosas que me gustan", comenta Gonzalo García Pelayo, manager, productor musical, presentador de televisión, locutor de radio, cineasta, editor y jugador profesional, entre otras muchas cosas.

A principios de los 90, García Pelayo inventó un método capaz de predecir con muchas probabilidades los números que saldrían en diferentes tipos de ruleta. Cogió a sus hijos y durante años el clan se dedicó a recorrer los casinos, primero de España y después de Las Vegas y otras ciudades del globo, consiguiendo enormes beneficios, hasta que muchos les prohibieron la entrada. Aquella gesta está recogida en diferentes documentales, libros y películas, y es uno de los capítulos mejor conocidos de su vida.

"La clave de mi vida ha sido enfrentarme al mundo con alegría. Aunque es un sentimiento muy poco europeo, porque aquí se valora más el pesimismo, la gran inteligencia es ser optimista. El pesimista es muy mal jugador porque las cosas van mejor de lo que ellos creen y, muchas veces, salen bastante mejor de lo que los mismos optimistas esperan", reflexiona un hombre que, a sus 74 años, mantiene intacta esa alegría que le permite seguir desarrollando proyectos como aquellos en los que está embarcado actualmente: inversiones en criptomonedas, la editorial Serie Gong y siete películas acompañadas de nueve documentales.

"Siempre quise ser director de cine. De hecho, cuando me piden que defina lo que soy, digo director de cine -explica-. A pesar de todo, no fue nada fácil. Cuando estrené Manuela, la película tuvo bastante éxito económico, pero fue un fracaso absoluto de crítica. Nadie consideraba que fuera una película y eso me lastró mucho. Como tenía afición por la música, había tenido un club en Sevilla y había sido manager de grupos, me centré en la música. El problema era que, como no soy músico, mi papel era parecido al de Brian Epstein con los Beatles. Afortunadamente fue bien y comimos de la música todos esos años, aunque siempre estuve pendiente del cine".

Su nuevo proyecto se llama El año de las 7 películas porque, al reto de rodar todas esas cintas, se suma la obligación de hacerlo en un solo año. ¿A qué responde esta condición autoimpuesta?

Son siete películas, pero puede que añadamos una más. Todo depende de cómo vayamos de tiempo. El proyecto abarca de abril a abril y ahora mismo ya hemos hecho cuatro, así que vamos a buen ritmo. Lo de que sea en un año no es para batir ningún récord, sino por hacer lo que me pide el cuerpo. Me encuentro en un cambio brusco de mi vida y estas son las películas que me apetecía hacer. Cuando me planteé rodarlas, vi que las siete iban encajando en los diferentes meses del año como si fueran las cuentas de un rosario. Una es en la primavera de Sevilla, otra es en Kazajistán en verano, que es el único momento en que se puede rodar ahí, otra será en la India en diciembre o enero, también por el clima.

Si ya es difícil sacar adelante una película, ¿cómo se consiguen financiar siete?

Hay que tener en cuenta que las siete tienen un presupuesto equivalente a lo que costaría una película española media. También he encontrado un equipo magnífico, dispuesto a enlazar un proyecto con otro, de manera que, diez días después de acabar de rodar una película, ya estamos rodando la siguiente. Luego, la película de la India tal vez la desdoble en dos porque íbamos a rodar en Kerala y Tamil Nadu, pero había demasiadas localizaciones para una sola película. Si añado una semana más de rodaje y sumo una persona al equipo, puedo hacer dos películas con actores diferentes porque no quiero que una parezca la continuación de la otra.

Todas las películas están relacionadas con lugares. ¿Es el entorno el que da lugar a la historia o la historia la que pide un escenario concreto?

El proyecto se basa en lugares en los que ya he estado y a los que quiero volver. No son documentales, sino historias en las que colocamos personajes de una cierta importancia para que hagan vibrar los paisajes y para que el paisaje haga vibrar a los personajes. El ejemplo que suelo poner es el de La Aventura de Antonioni, con ese desierto de piedra que es el reflejo del espíritu y el alma de los personajes. Hemos rodado ya en Portugal, España y Kazajistán, donde estuve por un asunto de criptomonedas en el que estoy trabajando. La última que se me ocurrió la localicé en Argentina porque estaba inspirada en las películas de una actriz erótica de los años 60.

¿En Isabel Sarli?

Exactamente. Un amigo argentino me comentó que Isabel Sarli y Armando Bo habían utilizado mucho el paisaje en sus películas. Me mandaron unas cuantas y acabé viendo diecinueve películas suyas, y eso que ahora me cuesta hasta ver una de John Ford. Encajaba muy bien en lo que estaba rodando y había muchas cosas que contar. Espero que el equipo de Argentina lo esté contando porque, aunque el proyecto es mío, ya no lo ruedo yo.

¿Qué ha sucedido?

Discrepancias con la producción. He rodado las primeras cuatro películas tan bien, que me he malacostumbrado. Si hay algo que rechina, prefiero no hacerlo. Estoy en un sueño, trabajo con un equipo estupendo, así que, a poquito que parezca que pueda haber una aspereza, prefiero evitarlo. Como Rafael de Paula, solo toreo los toros que me gustan y este toro me gustaba, hasta que dejó de gustarme.

Ha mencionado las criptomonedas, un tema que está de absoluta actualidad. Pero antes de eso, usted ha sido pionero en campos como la música, el cine, la ruleta, el póker, las apuestas online… ¿Dónde está la clave para detectar cuál va a ser el tema que va a marcar cada momento histórico?

Verlas venir no es tan difícil. En Las Vegas vi que había un póker Texas Hold’em que estaba arrasando. Empezamos con ello y luego aquí llegó hasta a las televisiones. También en Las Vegas vi que invertían millones en salas enormes para apuestas de caballos y, como Estados Unidos es el corazón del imperio, sabía que, antes o después, las apuestas deportivas acabarían llegando aquí. Lo de las criptomonedas era muy fácil de ver.

¿Usted cree?

Completamente. De hecho, lo que lamento es que lo vi seis meses más tarde de lo que debería. Lo descubrí en septiembre del 2017 y me culpo de no haberlo descubierto en abril porque hubiera ganado mucho más. Aun así, lo cogí todavía al principio y ahora estamos trabajando en ello. En unas semanas vamos a presentar una cosa con robots. Aunque es cierto que no son actividades que estén en relación con la cuestión artística, en realidad es el motor de todo.

Aunque las cosas se puedan ver venir, es innegable que usted ha tenido un talento especial para descubrir a artistas como Smash, María Jiménez, Lole y Manuel, Triana, Gualberto, Eduardo Bort…

Incluso en esos casos, no son cosas que yo me invente. A María Jiménez, por ejemplo, la veo actuar en un tablao y la contrato. Lo que sí es cierto es que ella me dice que vale, pero que grabemos cosas nuevas porque está cansada de cantar siempre lo mismo. Ahí le respondo que no, que vamos a grabar las mismas cosas que canta en el tablao todas las noches. Canciones maravillosas como Con golpes de pecho o Vámonos, porque la gente no las ha escuchado. Luego le fui haciendo algunas sugerencias que ella fue aceptando. Si no las hubiera aceptado, pues hubiéramos buscado otras opciones que tal vez hubieran funcionado o tal vez no. Lo que está claro es que un artista no puede estar dominado por nadie. Incluso si te lo planteas desde el punto de vista del rendimiento económico, intentar que un artista haga algo que no sea de verdad su espíritu, no va a funcionar.

Durante los años 70 y a pesar de la dictadura franquista, usted fue uno de los responsables de que Sevilla se convirtiera en el epicentro de la contracultura. ¿Cómo llevó que, con la llegada de la democracia, la Movida madrileña captase la atención de los medios y eclipsase todo lo anterior?

Es cierto que hubo una movida sevillana anterior a la de Madrid, pero no tuvo eco porque, en Sevilla, los medios de comunicación como el ABC no vibraban demasiado con eso. En todo caso, siempre hubo gente que le dio el sitio que merecía y especialistas como Jordi Costa colocan a Sevilla en el segundo capítulo de su libro sobre la contracultura. La gente que quiere indagar sí se entera y las cosas van llegando, aunque tal vez no con la fuerza que han tenido otros movimientos como la Movida, a la que se le ha dado mucha importancia en aspectos en los que no era tan relevante.

En su faceta de cineasta, en los 70.

/ Imagen cedida

¿Por ejemplo?

Creo que musicalmente se le ha dado una importancia que no tenía. Sin embargo, en otros temas ha sido muy valiosa. Pedro Almodóvar, por ejemplo, justifica todo lo que se ha hecho de la Movida. En todo caso, son cosas que pasan. Para casos como estos tengo un lema de Silvio [Melgarejo] que, además de un gran artista, era un maestro del pensamiento. Silvio decía: «No hay que ser protestante». Para él, lo peor de todo era ser protestante en el doble sentido del término. Primero porque en Sevilla hay un amor a la Inmaculada que va en contra de las ideas protestantistas y, después, por la canción protesta. Para Silvio ser una persona que se queja era muy poco artístico.

¿En su opinión qué sería la contracultura actualmente?

En mi película Alegrías de Cádiz tengo, justamente, una larga parrafada sobre el pensamiento de Silvio que puede resumirse en "me conformo". Hoy en día, hablar de "me conformo" es revolucionario porque, si la contracultura tiene que ir en contra de la cultura y la cultura está en la protesta, la contracultura tiene que estar en la conformidad. Recuerdo una charla de bar después de ver una chirigota en la que la gente aparecía toda disfrazada de pene. En esa charla, un concejal del Partido Popular, aunque podía ser de cualquier otro partido, comentaba que eso de los penes a él no le gustaba. Yo le decía, "claro, es que si te gustase, no sería bueno. Esto está hecho justamente para que no te guste". Hay partes de mis películas que están hechas para que no gusten. Creo que lo estoy consiguiendo.

Usted era amigo de Felipe González, de Alfonso Guerra. ¿Esperaba que, después de todo ese trabajo cultural que había hecho durante el franquismo, las instituciones democráticas contasen con usted?

Como te decía antes, no soy protestante. Pero sí, sinceramente esperaba que, en cuanto tomara posesión el responsable de cultura de la Junta de Andalucía, me llamase para decirme: «¿qué película hacemos, Gonzalo?», pero no fue así. También esperaba una llamada de Felipe González, que había sido abogado mío, para ir a la Bodeguilla. Fueron todos mis amigos, pero yo nunca fui y claro que me sentí molesto. El mundo de la cultura oficial no me tiene mucho aprecio. En las últimas nominaciones de los Goya, por ejemplo, no he recibido ninguna nominación y yo me pregunto: ¿de verdad que hay en España tantos documentales buenos como para que mi película Nueve Sevillas no esté nominada? Lo mismo sucede con la televisión pública andaluza, que sigue ignorándome y no sabe nada de este proyecto.

¿Tiene la medalla de Andalucía?

No.

¿Le gustaría que se la concedieran?

Lo que me planteo es si ya a esta edad debería aceptarla o no. Probablemente sí porque no hay que ser protestante.

¿Piensa que llega tarde?

Lo que pienso es que no va a llegar. Si no ha llegado para Los romeros de la Puebla, con José Manuel Moya, que es uno de los artistas andaluces más importantes, ¿cómo me va a llegar a mí? Tenemos unos responsables de cultura que no se enteran. No conocen ni lo muy antiguo ni lo muy último. Solo conocen el éxito del momento. Ese era el objetivo de Nueve Sevillas, ser una película absolutamente contemporánea muy hundida en las raíces. A la gente le cuesta hundirse en las raíces e irse por las ramas porque están en el tronco.

A pesar de haber desarrollado su carrera en campos tan diversos como la música, el cine o el mundo editorial, por lo que es más conocido es por los casinos. ¿Le gusta que sea así o le parece injusto?

Es, sin duda, la cumbre de mi vida. Creo mucho en el intelectual de acción, que no es la imagen del intelectual que hay en Europa, que es la de Kant paseando sin salir nunca de su ciudad. El intelectual americano es diferente. Es el Hemingway cazador, viajero, pescador; el John Huston boxeador o un John Ford que ni siquiera se consideraba intelectual o artista. La cultura que hay en Europa me parece almidonada. No es que no la valore, pero yo tengo más esa otra vena. En ese sentido, he sido tan feliz en la época de los casinos, que el juego fue un hito en mi vida. Me permitió viajar por el mundo entero, estar con mi familia, tener una aventura personal extraordinaria y creo que eso de darle una paliza a los casinos como David a Goliat también era rock and roll.

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