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LICHIS | EXLÍDER DE LA CABRA MECÁNICA

El músico total al que el éxito mandó a la depresión: "Hago mejores canciones que nunca. No tienen público pero soy feliz"

El Lichis en su buhardilla-estudio.

El Lichis en su buhardilla-estudio. / ALBA VIGARAY

  • "Me gustaría que la gente hiciera un esfuerzo por escuchar esto que hago ahora o incluso para olvidar lo que hacía antes"

  • "No hay nadie capaz de componer 12 canciones buenas al año, quizá Paul McCartney en su mejor etapa"

  • "Mi corazón está en otro lado, pero económicamente me vendría bien un último baile con La Cabra"

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El Lichis tiene buen aspecto. Ha perdido siete kilos y se le nota cuando se sienta a hablar en la buhardilla-estudio de grabación de su adosado en Humanes, al sur de Madrid. Allí tiene su colección de guitarras, una batería acristalada, un montón de pedales, un piano, los discos que ha producido allí, CDs y una serie de singles en vinilo clavados con chinchetas en la viga de madera en la que se golpea cada dos por tres. 

Entre 1997 y 2005, el Lichis forjó una carrera respetada y exitosa haciéndose llamar La Cabra Mecánica con la que podía llenar casi cualquier recinto. Pero todo se fue al garete cuando, sin verlo claro, grabó un anuncio de la ONCE. Visto con perspectiva no era para tanto pero él se lo tomó como una traición. Principalmente a sí mismo.

Una depresión, una separación, un par de discos en solitario, otro con Rubén Pozo y muchos conciertos ante cuatro gatos después, Miguel Ángel Hernando (Barcelona, 1970) es la persona perfecta para hablar del éxito y el fracaso, de la industria y sus tiranías. Ahora dice estar en paz y volverá a subir canciones a Spotify. La primera, después de navidad. “He vuelto de entre los muertos, no fue para tanto".

Pregunta. A ver si saca disco.

Respuesta.  Ya no voy a sacar discos porque no me lo puedo permitir. Voy a ir componiendo canciones, grabando y sacándolas según aparezcan. La primera, después de navidad. La cosa se mueve de otra manera y yo no quiero hacer concesiones en lo creativo. Y para no hacer concesiones en lo creativo tengo que hacer concesiones en la distribución. Iré subiendo a Spotify y cuando haya juntado una cantidad ya pensaré si hago un vinilo o un CD.

P. A veces hay que sacar un disco por necesidad, para empezar una gira.

R. No lo he hecho y así me va. Yo para hacer los discos necesito mucho tiempo. En solitario me hubiera venido bien sacar un disco cada año, pero no puedo. No puedo engañarme, no puedo sacar un disco bueno cada año. Soy terriblemente autocrítico. No creo que nadie sea capaz de componer 12 canciones buenas en un año. Harás tres o cuatro, o de las 12 que has hecho, tres o cuatro merecerán la pena. Solo pueden McCartney en su buena época, Sting o la Creedence, que hizo todos los clásicos en tres años. Igual es una cosa con la que yo solo me fustigo. A veces me sale una canción en un par de días, pero poquísimas veces. Ya me gustaría poder controlar ese caudal creativo, pero no puedo y no quiero sacar una cosa de la que no esté convencido. 

Toqué con banda en 2014 y fueron los últimos días de Pompeya

P. Hace no tantos años tocó en la Joy con un pedazo de banda.

R. Eran los últimos días de Pompeya. Fue hace casi siete años, todavía intentábamos todos apostar por sacar disco y hacerlo con banda. Esperaba que el público lo valorase. No ocurrió. A veces me pregunto por qué no saco los discos en acústico si al final el grueso de lo que hago es acústico. Porque seguramente el disco en acústico me lo comería. La gente no lo quiere. Además, soy un hombre de banda, no soy un cantautor.

P. Dice que no hace concesiones en lo creativo. ¿Aunque no se escuchen sus canciones? Los periodistas tenemos los datos de lectura de nuestros artículos y cuando no se leen es frustrante.

R. Te puedes cagar en ello, pero tienes que asumirlo. En mi viaje con el Lichis todo ha jugado en mi contra. A los que seguramente les hubiera gustado esto, no llegaron aquí porque habían escuchado La Cabra y no era algo que les gustara. Y viceversa. Me he encontrado muchas orejas cerradas y muchos prejuicios. Y eso al principio duele, pero luego te das cuenta de que no puedes hacer otra cosa. Hay que intentar no tomárselo demasiado a pecho. Claro que me gustaría que la gente hiciera un esfuerzo por escuchar esto que hago ahora, o incluso para olvidar lo que hacía antes, pero es algo en lo que no puedo intervenir.

Me gustaría que la gente hiciera un esfuerzo por escuchar esto que hago ahora o incluso para olvidar lo que hacía antes, pero es algo en lo que no puedo intervenir

P. En algún concierto ha empezado versionando a Leonard Cohen para dejar claro que La Cabra está muerta. 

R. Lo que estoy haciendo ahora es otra cosa. No es mejor ni peor que lo de antes. Es que mi corazón y mi alma están en otro sitio y la historia que estoy contando es otra. Intenté separar los dos repertorios y la gente no lo entiende. Se lo decía al dueño de un garito: ‘Yo dejé La Cabra en el momento más alto de su popularidad y de caché y sabía que esto iba a ser difícil. Vine aquí a tocar a tu ciudad hace no mucho por un caché gordo y ahora vengo a tocar a tu bar por una entrada asequible. ¿Y qué quieres que toque? Lo mismo no lo voy a tocar. En primer lugar, por lo creativo, y en segundo lugar es que entonces sería imbécil: estaría defenestrado el pasado, el presente y el futuro. Estoy haciendo otra puta cosa, entiéndelo'. Y eso me ha costado mucho. También porque ha coincidido con una época del revival, con las radios poniendo los mismos temas de hace 20 años.

P. Subirá las canciones a Spotify, pero las plataformas solo dan migajas a los músicos.

R. Generacionalmente me tocó el boom del pirateo y me puse en contra. Los que estaban a favor decían que es que las compañías discográficas pagaban muy poco. El ya difunto presidente de la Asociación de Internautas me puso en la lista negra. Y mordimos el anzuelo de las plataformas. Muchos músicos cayeron pensando que iba a democratizar la música, que nos iba a ayudar a la promoción e íbamos a  poder todos jugar en una misma liga. ¿Tú ibas a poder jugar en la misma liga que Alejandro Sanz? Qué tontería. Es ridículo lo que nos dan y evidentemente muchísimo menos de lo que nos daban en su momento las discográficas que se supone que tanto abusaban de nosotros.

P. Le quedan los derechos de autor. 

R. La SGAE paga en la medida en que tus canciones suenen en algún sitio. Si no suenas en ningún sitio, no te pagan nada. No existe este rollo de que yo una vez tuve un éxito y me van a pagar. Yo vivo al día en esta casa. Para ganar 1.200 euros, como cualquier autónomo, tienes que generar el doble. Es muy difícil ganar 1.000 euros al mes tocando en bares o con cuatro festivales al año. 

P. Pues está jodido el negocio.

R. Tengo tres hijos, no puedo empezar mis giras con menos 20.000 euros en la cuenta. Lo que hay es tocar en pequeñas salas y sobrevivir, de cuando en cuando algún festival o algún teatro. Estamos volviendo a la filosofía de los años 50. Se nos ha olvidado que el LP no es tan antiguo. Surgió cuando ya hubo una cierta bonanza en la industria discográfica, a partir de los 60 o 70. Hasta entonces, lo que se hacía era salir a tocar y sacar singles o e ir probando canciones en la carretera. Sale en el documental de los Beatles. Habían hecho media Inglaterra tocando y decían: ‘Tenemos que hacer un single más o dos. Venga, tenemos fecha la semana que viene en un estudio para sacar dos canciones'. Y luego el disco salía como recopilación. O el movimiento punk en los 70. 

P. ¿Era la música que escuchaba?

R. Yo nací en Barcelona. Soy hijo de inmigrantes andaluces que se fueron allí y mi padre, que era de Valladolid, fue a trabajar en Tabacalera. Nací en 1970 y de pequeñito se vinieron a Madrid. Para ellos, la canción de autor y la nova cançó era muy importante. No era solo música, era una manera de reivindicar y de construir una sociedad nueva. Mi padre iba a las manifestaciones y no sabía si iba a volver a casa o si iba a aparecer en la DGS. No había nada más revolucionario. El rock era lo que hacían los pijos. Me encantan Los Bravos, pero el pop y el rock en aquellos años era de niños de buena familia que podían viajar a Londres a comprar una guitarra eléctrica. La clase obrera no estábamos con el rock. Hasta los 80. 

Lichis con el bajo.

/ JOSEP GARCÍA

P. ¿Cómo era el joven Lichis?

R. Desde que tengo uso de razón tengo depresiones muy serias, muy, muy graves. De eso no se hablaba, solo era un raro, hasta sentías vergüenza. Los primeros años de mi adolescencia fueron terriblemente duros hasta que encontré un bajo eléctrico que me salvó la vida. Me arrepentiré siempre de haber dejado los estudios, pero era incapaz de enfrentarme a un aula o un examen. Era un chaval tímido hasta la enfermedad y sigo siéndolo. He tenido muchos problemas en mi vida para relacionarme. Tengo 51 años y si tengo que ir a una reunión en la que estoy rodeado de gente desconocida, me aterroriza. Cuando salgo a un escenario no me ocurre porque hago música y es un idioma en el que me siento cómodo. 

Desde que tengo uso de razón tengo depresiones muy serias, muy, muy graves. De eso no se hablaba, sentías vergüenza

P. ¿En qué le ayudó el bajo?

R. Conseguí un bajo eléctrico para aprender a tocar y me ayudó a construir mi lugar en el mundo y mi profesión. Tocar me hizo escuchar de todo. De joven pasé de escuchar cantautores al punk, al heavy, de todo. 

P. ¿Cómo recuerda Madrid en los 80?

R. Viví en Aluche hasta la adolescencia, cuando me fui a Rivas Vaciamadrid, que era un vertedero de escombros. Era un paisaje de barro y grúas, espantoso, terrible, muy alejado de lo que es hoy. Ahora es guay para vivir, pero yo no volvería, lo que viví allí se me quedó grabado en la piel. Cuando salía de marcha a los bajos de Argüelles lo más probable era que hubiera rockabillys pegándose de hostias o a navajazos con punks y mods. Recuerdo ir a un concierto heavy y coger el tren en Aluche y que estuviera destrozado. Recuerdo cargas de una policía violenta, heroína en las calles y atracos.

P. ¿Le cuesta componer?

R. Componer es estar con la caña en la orilla de un río muchas horas. Diez años antes de que saliera La Cabra, yo era bajista, tocaban en mogollón de grupos con todo tipo de estilos. Y luego empecé a componer pero pensando en arreglos. En mi caso la letra y la música salen a la vez, incluso los arreglos. Todo eso va formando una pequeña bola que va creciendo, pero tiene que rodar junta. Escribir canciones me resulta un proceso súper tortuoso. Y luego tienes que tener oficio para que aquello parezca espontáneo. Lo que no he variado es que siempre intento cosas nuevas. Cada disco de La Cabra era de su padre y de su madre. No se queda estereotipado en el rollo de la rumba. Hicimos tres o cuatro canciones, pero no era así.

P. Con la rumba aquella sí debió de ganar dinero. 

R. Yo tocaba todos los putos días de lunes a lunes y por un caché muy bajo porque lo que quería es que la gente conociera mi trabajo en cada pueblo. No empecé a ganar dinero hasta un año y medio después de estar girando. Gané dinero, pero no tanto dinero como la gente piensa. No vendimos millones de discos.

P. Salía en cada gala de televisión.

R. Fuimos muy populares. Me recuerda mucha gente de la radiofórmula y me cago de risa. En Los 40 principales nos pusieron una semana. Un lunes y nos quitaron un viernes. No nos querían allí. Año y medio después de que La lista de la compra se cantara en todos los bares de España lo pusieron para apuntarse el tanto. Sonamos en Radio 3, porque era muy friki ver a María Jimenez cantando con La Cabra Mecánica antes de que viniera esta mierda del mainstream. Pude vivir bien durante algunos años, pude invertir en las cosas que ahora me salvan, mis micrófonos y mis guitarras. Algún mal divorcio hizo el resto. No me convertí en millonario con La Cabra. En el momento de mayor éxito, cuando íbamos a recoger los frutos del trabajo, fue cuando nos enteramos de que dentro del avión había un paquete bomba y saltamos por los aires. 

P. Ese paquete bomba era una canción.

R. Odio esa canción, es la mayor estupidez y la cosa más espantosa en la que he tomado parte. Desgraciadamente, mató el carácter de La Cabra y a mí me mató la ilusión. 

P. ¿Cómo fue?

R. Yo estaba preparando un disco en directo y poco antes de grabar me llaman para hacer una campaña publicitaria. Un publicista ha querido hacer algo muy parecido a lo que hago yo, medio macarrilla, con alguna referencia a la cocina, y cree que han hecho un tema de La Cabra Mecánica. Era No me llames iluso. Dije: ‘No, no, esto no vale’. La discográfica me dijo: ‘Mira, tío, esta es la única manera que tenemos de que las radios se lo tengan que tragar porque viene de la ONCE y se lo van a tener que comer. Sin esto, cuando saques el disco no va a pasar nada, tronco, y vuelves otra vez al agujero’. Y en aquel momento debí haber dicho: ‘Venga, pues vuelvo a un agujero”. Lo que más me dolió fue que yo saco un disco y solo se trabaja el single No me llames iluso. Y yo confiaba mucho en la palabra de la gente que me llevaba, confiaba muchísimo en que eso no iba a ocurrir, y hubiera dado un brazo. Pero una mierda, no ocurrió. Pasaron de mi disco, de mi música y de mis canciones. Y eso no lo llevé bien. Me dolió muchísimo, muchísimo, muchísimo. Además, encontré una respuesta muy jodida y muy mala y me deprimí, me hundí, me hundí, me hundí. La Cabra había sido una cosa en la que había puesto todo mi corazón y mi esfuerzo, me había sacrificado, le había dejado mi vida a eso para que terminara convirtiéndose en esa basura. Y me hundí, me deprimí, me deprimí. 

P. ¿Fue para tanto?

R. Ahí fue cuando tuve que haber dicho vale, la he cagado, se acabó. ¿Es esto lo que va a quedar en el recuerdo de la gente, de todo lo que he construido hasta ahora a lo largo de mi vida? Y quizá fue cuando debí haber sacado mis discos ya como Lichis y haber empezado de cero. Pero en ese proceso tardé ocho años en recuperarme de la tristeza, de la depresión, de la de no poder levantarme de la cama, no poder componer una triste nota, de no poder hacer nada con mi vida. Me salvó tener un estudio de grabación y tirarme años viviendo de una manera austera, mientras el resto del mundo piensa que eres un millonario, para reconstruirme. Me llevó muchos años, tanto psicológicamente como musicalmente.

P. ¿Cayó en el alcohol? 

R. Bueno, como el 90% de este país. Somos un país alcohólico. Supongo que los fines de semana salía y bebía, pero no me hizo caer especialmente. El pozo de la depresión es lo bastante profundo como para necesitar de más. En ocasiones, es verdad que una salida a tomarse unas copas y unos vinos con un amigo, cuando estás deprimido se convierte en un en el papel de lija contra la piel.

Yo era tan popular como Alejandro Sanz, pero mi vida no estaba yendo por ahí. Ni mi vida ni mi dinero. Y eso generó a mi alrededor mucha, mucha mierda y lo pasé muy mal

P. Por generación, el alcohol y las drogas estaban siempre ahí. 

R. La generación que fue joven entre los 90 y el 2000 vinimos de una generación castigada por la heroína y con muchos muertos. Y en los 90 empezó una forma más lúdica, volver a acercarse a las drogas, pero de fiesta. En algunos puntos podía coincidir con lo que ocurrió en los 60. Ahora vas a los festivales y todo el mundo es súpertranquilo, es vegano y bebe agua. Los que ya estamos mayores no podemos reverdecer viejos brotes. El sexo y las drogas ya no están con el rock, se han ido al reguetón.

P. Siempre tuvo una tortuosa relación con el éxito. Hace 20 años, nada más salir La lista de la compra, sabía que iba a ser un pelotazo y temía perder el halo de auténtico, dejar de molar en su barrio por salir en la radio.

R. El éxito entonces era una mierda, había que pagarlo. La cosa ha cambiado. Ahora nadie va a apedrear a Zahara porque vaya a Operación Triunfo. Y Zahara saca un disco que se llama Puta y es más indie que el copón. O Rozalén, que es simpatiquísima, puede estar con dios y con el diablo y nadie la va a cuestionar. Artista de culto es un término que ha desaparecido. Se nos ha vendido que el público mayoritario es el que tiene la razón. Si esto nos gusta a todos es bueno y si no nos gusta a muchos es una mierda. En otras épocas existía lo contrario y de una manera bastante integrista. Ni una cosa ni otra. Yo era tan popular como Alejandro Sanz, pero mi vida no estaba yendo por ahí. Ni mi vida ni mi dinero. Y eso generó a mi alrededor mucha, mucha mierda y lo pasé muy mal. Lo pagué muy caro. Pensaban que yo era Estopa y para nada.

P. Estopa y Melendi sí ganaron muchísimo y eso le jodía.

R. No, lo que me jodió, y lo recuerdo con un poco de vergüenza, pero lo que me jodió, y me jodió mucho, fue que cuando saco Lichis me dicen que la radio no nos va a poner. Entonces sí están poniendo estas cosas inspiradas en La Cabra. Y me dolió. En la radio empezaron a decir que iban a programar de acuerdo a las encuestas de marketing. Eso nunca fue así. Lo que existió, y de eso poca gente habla, fue un negocio editorial: las grandes emisoras de radio no podían cobrar dinero de derechos de autor ni derechos editoriales, aunque los estaban cobrando bajo cuerda. Y de repente dicen: ‘Yo ya no quiero sólo publicidad, sino que si tú suenas aquí, tienes más actuaciones así que quiero que me des un porcentaje editorial y quiero que me des un porcentaje de tus actuaciones’. ¿Es ilegal? Sí, pero ya encontraremos la manera de hacer el chanchullo. Y ahí a nosotros se nos echó, se nos dio la patada. Vete a tomar por el culo, hijo de puta. Y así lo dije y pagué por ello. Y lo sigo diciendo: hijos de puta. 

P. La lista de la compra triunfó sin sonar en la radio.

R. El éxito es algo sobre lo que uno no tiene ningún control. Se nos ha vendido la meritocracia y la psicología positiva, que si tú trabajas, enciendes una mecha y llega el éxito. No es así y con el tiempo te vas dando cuenta. Hablo de cosas que me dolieron hace años y que me pueden dar cierta rabia. Yo creo que ahora estoy cantando mejor de lo que he cantado en mi vida, componiendo mejor de lo que he compuesto en mi vida y haciendo los mejores discos que he hecho en mi vida. Pero no encuentro ni gente que me ayude a promocionarlos, ni llegar al gran público. Aun así, si he conseguido un público, digamos pequeño, que me permite vivir sin grandes alardes y soy feliz. Igual es la suerte, bajarse los pantalones, mi actitud, entrarán un montón de cosas, pero ahora mismo no me preocupa una mierda el éxito. 

El Lichis en su estudio.

/ ALBA VIGARAY

P. Hay gente muy buena en todas partes a la que no le va bien.

R. El sistema nos está diciendo que ha creado algo tan perfecto en el que si tú trabajas de la manera adecuada y te esfuerzas, lo lograrás porque hay igualdad de oportunidades. Pero no la hay. Tú puedes estudiar arquitectura o puedes estudiar económicas. Depende de qué universidad estudies, de qué familia vengas, de qué contactos, de si has estado en tal colegio mayor con no sé quién, tendrás unas oportunidades en la vida u otras. ¿Quién se merece más el éxito, C. Tangana o Josele Santiago? Yo qué sé. 

No quiero estar viviendo con el álbum de fotos aquí y las cosas cambian. ¿Voy a hablar de que estoy persiguiendo muchachitas completamente drogado, de alcohol y tal?

P. Su carrera se parece a la de Josele. Los dos mataron a sus grupos. Un día a Josele le pedía un chaval que tocase Septiembre porque era muy joven y no la había escuchado. Y él le contestó: ‘Pues haber nacido antes. Yo tampoco vi a Camarón’.

R. Es que parece ser que lo único que importó en tu vida fue aquello que viviste hasta los treinta y muchos o cuarenta y pocos. Y a partir de ahí ya nada y lo que hay que hacer es vivir del pasado. Yo tengo 51 y lo que me pasa ahora me gusta más que lo que me pasaba hace 25 y soy muy feliz. Me apetece contar las cosas que estoy viviendo y creo que tengo ahora más cosas que decir, quiero que mis canciones sean un diario de este tiempo. No quiero estar viviendo con el álbum de fotos. ¿Voy a hablar de que estoy persiguiendo muchachitas completamente drogado, de alcohol y tal? Si un señor de 51 está persiguiendo muchachitas, tío, eres un pollavieja y lo mejor que puedes hacer es buscar a alguien que te encierre.

El Lichis en su buhardilla-estudio.

/ ALBA VIGARAY

P. ¿Y cuándo ve a Álvaro Urquijo cantando Déjame 40 años después ante miles de personas no piensa que se ha equivocado? 

R. Esto me ha costado muchas discusiones con mi mujer y no lo he hecho. No lo voy a hacer porque no voy a devaluar el pasado, que para mí fue importante y al que le dediqué muchos esfuerzos, y dejarlo me supuso una depresión terrible. Han pasado muchas cosas, para mí importantes y suficientemente gruesas, como para no mezclar las dos cosas. Si salgo a un escenario a tocar La lista de la compra nadie va a escuchar nada más. Todo el mundo te dice esa simpleza de que si tocas canciones de La Cabra la gente también escuchará lo nuevo que haces. No, la gente no quiere escuchar nada nuevo de lo que hago. Pero es que la gente no quiere ni siquiera un nuevo disco de La Cabra Mecánica, no lo quiere, ni tampoco quiere un nuevo disco mío como Lichis. La diferencia está en que yo sí quiero un disco nuevo mío como Lichis y estoy de acuerdo con los demás en que no quiero un disco nuevo de La Cabra Mecánica. No sabe la cantidad de pastizales que me han ofrecido y cuando hemos estado aquí mi mujer y yo viendo a ver cómo acabamos el mes… Y te dicen que tienes que tocar Felicidad y La lista de la compra. No, no, no, no lo hago. Y entiendo que el sacrosanto deber de traer las lentejas a tu casa es muy personal y cada uno hace lo que quiera con esto. Quiero decir, si Álvaro Urquijo es feliz haciendo esto, que lo haga. Hay trajes que a alguna gente le sientan bien y a otros no. Mikel Erentxun lo ha estado haciendo, pero Mikel  es un tío muy respetado, por lo que sea, y seguramente está haciendo lo mismo que Álvaro Urquijo o que Ella baila sola, pero a ellos igual no los van a respetar más. A mí ese traje no me quedará bien. Me dicen que Bunbury toca canciones de Héroes del Silencio. Bunbury se lo ha ganado, tiene un respeto de su público que puede sacar perfectamente un disco de pedos y la gente lo va a comprar porque es un dios de la música. Yo no ocupo ese lugar. Yo estoy intentando transmitir lo que quiero contar ahora. No me quiero convertir en ese humorista que un día tuvo un gag gracioso y cada vez que va por la calle alguien le pide ese chiste. Se acabó, se acabó, se acabó. 

R. Serrat canta Mediterráneo siempre.

R. Serrat es Serrat. Yo no soy Serrat. Yo no soy Sabina. Sabina puede hacer lo que le salga de la punta de la polla porque el público le idolatra. Puede permitirse el lujo de sacar un disco de mierda, de hacer un disco glorioso, de no tocar Pongamos que hablo de Madrid o de tocarlo. Mi pelea es otra y además, personalmente, no lo quiero hacer. 

P. Josele Santiago mató a Los Enemigos y se puso a hacer otra cosa, pero luego se reconciliaron, probablemente por dinero, volvió a juntar la banda.

R. Para volver tendría que ser algo que me lo pusieran muy, muy, muy bonito. A nivel económico me vendría genial, porque la verdad es que vivo al día y la independencia es muy, muy dura. Mi corazón está en otro lado ahora mismo, pero igual me vendría bien hacer esos cuatro o cinco bolos, también por quitarme el maldito piano de cola de la puta espalda. Igual hasta me viene bien para guardar un buen recuerdo de esto y hacer caja. Sería el último baile.

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