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OBITUARIO

Adiós a Almudena Grandes, la escritora que rompió el pacto de silencio

La autora, que empezó publicando una historia de libertad sexual en el Madrid de la Movida y que recondujo su obra hacia un tratamiento detallado y comprometido de la historia de la posguerra española, ha fallecido en Madrid este sábado.

La escritora Almudena Grandes, fallecida este sábado a los 61 años, en una imagen tomada en febrero de 2020.

La escritora Almudena Grandes, fallecida este sábado a los 61 años, en una imagen tomada en febrero de 2020. / JOSÉ LUIS ROCA

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El fallecimiento de Almudena Grandes este sábado en Madrid a los 61 años ha pillado por sorpresa no solamente a su legión de fieles lectores y al mundillo literario, sino también a buena parte de sus colaboradores y amigos más cercanos. Todos sabían de su enfermedad y algunos que la situación había empeorado a lo largo de la última semana, pero ninguno preveía un desenlace tan rápido como el que finalmente se ha producido. 

Fuentes cercanas a la escritora, casada con el poeta y director del Instituto Cervantes Luis García Montero, aseguraban hoy que hasta el último momento ésta se había mostrado optimista pensando que saldría adelante, confiando en que las nuevas terapias disponibles le ayudarían a acabar con una dolencia que finalmente ha sido insuperable. 

"Estamos tristísimos, completamente desolados. Es un acontecimiento que no nos podemos creer, que creo que nos ha pillado a todos en una situación de incredulidad absoluta" contaba esta tarde a EL PERIÓDICO DE ESPAÑA la escritora Marta Sanz, amiga muy cercana de la familia. "Se pierde una voz imprescindible tanto en la literatura española como en la sociedad civil. La vamos a echar mucho de menos como escritora y muy, muy especialmente, como amiga y como mujer generosa y hospitalaria".

En esa generosidad incidía el también escritor Marcos Giralt Torrente, que conocía a Grandes desde hace varias décadas y que se había ido acercando más a ella con los años. "Poco a poco fuimos desarrollando un cariño mutuo, ella era una de esas personas que te ganan. Almudena ganaba con su fidelidad, con su perseverancia, con su independencia, con su nobleza... Era una persona fundamentalmente noble, y eso trascendía en su actitud pública, en su compromiso político y social, que eran reflejo de su nobleza humana. Era realmente una muy bella persona y la vamos a echar mucho de menos".

La desolación era también el sentimiento que expresaban desde su editorial, Tusquets, donde literalmente decían "no sabemos qué vamos a hacer sin Almudena".

Con Grandes se va la gran autora comprometida que ha tenido este país, una mujer que fue capaz de llegar a una enorme masa de público sin renunciar a sus principios literarios ni a los políticos, marcadamente de izquierdas, y que siempre consideró a sus lectores como su bien más preciado, porque eran ellos los que le permitían dedicarse a lo que más le gustaba.

Activa a pesar de todo

La autora anunció en una columna en El Pais Semanal el pasado 10 de octubre que padecía un cáncer desde hacía un año, pero ha seguido respetando la cita con los lectores en el que ha sido su periódico durante las últimas décadas hasta el pasado domingo, cuando se publicaba un texto que la propia Grandes decía haber escrito el día de la patrona de Madrid que lleva su nombre, el 9 de noviembre. 

En aquella columna, que tituló Tirar una valla, la autora dejaba clara su postura valiente frente a la dolencia que sabía que padecía desde un año antes, aunque los miedos probablemente viajasen en el vagón trasero. "El cáncer, que es una enfermedad como otra cualquiera, desde luego un aprendizaje, pero nunca una maldición, ni una vergüenza, ni un castigo, me ha acompañado desde entonces. Y me encuentro muy bien en general. Estoy en las mejores manos, segura, confiada, fuerte, y sin embargo, hace unas semanas tuve un tropiezo, tiré una valla, como les ocurre hasta a los atletas keniatas en las carreras de obstáculos de larga duración", escribía entonces. 

No desaprovechaba Grandes la ocasión para acordase de sus miles de lectores, ella que ha sido una de las grandes superventas de este país. "Mis lectores y lectoras, que me conocen bien, saben que son muy importantes para mí. Siempre que me preguntan por ellos respondo lo mismo, que son mi libertad, porque gracias a su apoyo puedo escribir los libros que quiero escribir yo, y no los que los demás esperan que escriba. También saben que la escritura es mi vida, y nunca lo ha sido tanto, ni tan intensamente como ahora". 

En el texto también afirmaba que durante todo el proceso había aprovechado para escribir una novela que "me ha mantenido entera, y ha trazado un propósito para el futuro que me ha ayudado tanto como mi tratamiento". Desde Tusquets, la que ha sido siempre su editorial desde que debutó con Las edades de Lulú en 1989 y en la que ha publicado todos sus libros salvo un título infantil editado por Alfaguara, confirman que esa novela de la escritora estaba prácticamente terminada, con anotaciones hechas por ella para rematarla pero que no puedo llegar a introducir en el texto. Se publicará póstumamente.

Del Madrid de la Movida a la España de la posguerra

Aunque la pulsión de la literatura se manifestó muy pronto en Almudena Grandes, aquella inquieta joven madrileña nacida en 1960 pasó por el trámite de cursar estudios de Geografía e Historia antes de realizar todo tipo de trabajos editoriales y de consagrarse en cuerpo y alma a la literatura. No sabía entonces cuánto le ayudarían aquellos estudios a lo largo de su carrera como escritora, sobre todo en el proyecto que emprendería a partir de mediados de los 2000s, y en especial en la última década, cuando la Guerra Civil y sus consecuencias, la memoria histórica y el exilio, se convirtieron en el centro de su obra. 

En aquello comienzos literarios en un Madrid en el que daba sus últimos coletazos la Movida, Grandes debutó por la puerta grande en 1989, cuando publicó Las edades de Lulú. Aquella novela erótica de iniciación y aprendizaje firmada por una mujer, el primer acto de valentía de tantos que marcarían su carrera, se convirtió en un éxito inmediato y se hizo con el premio de referencia del género, La Sonrisa Vertical, cuando la autora tenía solo 29 años. Su adaptación al cine, dirigida por Bigas Luna y con la actriz Francesca Neri como protagonista, también tuvo una gran recepción por parte del público. 

En 1991 publicó Te llamaré viernes, una historia de amor entre dos personajes que tratan de sobrevivir a la soledad en Madrid, y en 1994 Malena es un nombre de tango, la novela que la consagró definitivamente y que le abrió ese camino de autora popular a la vez que literaria con el que ya entonces conquistó a cientos de miles de lectores. 

Atlas de geografía humana, publicada en 1998 y que da voz a cuatro mujeres que cuentan su propia historia en pleno momento de paso a la madurez, se convirtió en un nuevo éxito masivo, y Los aires difíciles (2002), con dos personajes protagonistas que se instalan en la costa gaditana para reiniciar sus vidas, supuso su encuentro literario con un paisaje que le era muy querido. Su casa en Rota, en la que ella y Luis García Montero se convertían en anfitriones frecuentes de un numeroso grupo de amigos, muchos de ellos escritores, era uno de los lugares centrales en su vida, donde pasaba largos veranos y al que la familia se escapaba cada vez que podía. 

En su siguiente novela, Castillos de Cartón (2004), Grandes volvió al Madrid de los 80 que la había alumbrado como escritora, y Estaciones de paso (2005) recogía cinco relatos sobre adolescentes forzados a vivir su paso a la vida adulta. 

Fue El corazón helado, publicada en 2007, la novela que supuso un antes y un después en su obra. En aquella historia sobre un hombre y una mujer que se encuentran acarreando sobre sus hombros las historias respectivas de las dos Españas, la de los vencedores y la de los vencidos, fue cuando Grandes tuvo su encuentro con el que se convertiría en el tema central de casi todos sus libros siguientes: el de la memoria histórica

"La propia Almudena reconocía que cuando se puso a escribir sobre la Guerra Civil le faltaba muchísimo por aprender. Y es ahí donde se propone conocerla en profundidad, y cuando empieza a documentarse de una manera sistemática y muy seria", recordaba hoy el escritor Use Lahoz, cercano a la familia. 

Así surgieron sus célebres Episodios de una guerra interminable, un proyecto de inspiración galdosiana que llevó a Grandes a publicar cinco novelas que recorren la posguerra hasta 1964, año en que el régimen celebró sus 25 años, y que tienen a los perdedores de la guerra como protagonistas. 

El ciclo se inició con Inés y la Alegría (2010), una novela ambientada en la posguerra en la que la habilidad de la autora para construir personajes memorables se cimentó además sobre una apabullante labor de documentación histórica. Después vendrían otras cuatro novelas-episodios, incluida la última que publicó, La madre de Frankenstein (2020) basada en el caso real del asesinato en los años 30 de Hildegart Rodríguez Carballeira a manos de su madre Aurora. 

"Me han escrito varios de mis alumnos en París para decirme cómo les había marcado Inés y cuánto sentían la muerte de Almudena", contaba Lahoz, que es profesor de cultura española en el Instituto de Estudios Políticos de París y utiliza esta novela en sus clases sobre el exilio. "El compromiso de Almudena ha sido político, ha sido social, pero también lo ha sido con el oficio, con la literatura. Almudena era una autora que no podía vivir sin escribir", añadía el escritor.

El proyecto ha quedado inconcluso porque antes de comenzar a escribir, en plena pandemia, el que debía ser el sexto episodio, Mariano en el Bidasoa, a Grandes se le cruzó otra historia que sintió el impulso de que tenía que escribir. Esa es la que la editorial publicará póstumamente y, según explican desde Tusquets, tiene que ver con la pandemia pero proyectada hacia el futuro, en un mundo pospandémico donde de alguna manera se sigue viviendo en una situación de excepción en términos de salud y también políticamente. Una historia de tintes distópicos con la que una autora célebre primero por retratar el presente y consagrada más tarde con su revisión del pasado, decidió asomarse, al final de sus días, a un futuro que no veía muy claro. 

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