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La visita del presidente Pedro Sánchez a China: normalidad diplomática y visión estratégica de futuro

La visita del presidente Pedro Sánchez a China: normalidad diplomática y visión estratégica de futuro

La visita del presidente Pedro Sánchez a China: normalidad diplomática y visión estratégica de futuro / Embajada China en España

Marta Montoro, presidenta ejecutiva de la Fundación Cátedra China

Madrid

La reciente visita del presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, a la República Popular China constituye su cuarto viaje oficial al país asiático desde que asumió la presidencia. Lejos de interpretaciones coyunturales o de lecturas interesadas, esta visita debe entenderse dentro de la más estricta normalidad diplomática entre dos países que mantienen una relación estructurada, estable y con vocación estratégica de largo plazo.

España y China mantienen relaciones diplomáticas desde 1973. Con el establecimiento de estas relaciones, España se adhirió al principio de Una Sola China, en coherencia con la resolución 2758 de la Asamblea General de las Naciones Unidas de 1971, que reconoció al Gobierno de la República Popular China como el único representante legítimo de China ante la organización internacional. Desde entonces, la política exterior española hacia China se ha guiado de forma constante por este principio, constituyendo uno de los pilares de estabilidad en las relaciones bilaterales.

A lo largo de más de cinco décadas, los vínculos entre ambos países se han caracterizado por una continuidad histórica basada en la amistad, el respeto mutuo y la cooperación. Desde el gobierno de Felipe González, todos los presidentes del Gobierno de España han realizado visitas oficiales a China, contribuyendo a consolidar y ampliar las relaciones entre ambos países. Esta continuidad demuestra que la relación con China no responde a intereses coyunturales ni a agendas políticas temporales, sino que forma parte de una política exterior sostenida en el tiempo.

En este sentido, es importante recordar que las relaciones internacionales de un país deben ser entendidas como una política de Estado. En democracias maduras y estables como la española, la política exterior debe situarse por encima de intereses partidistas o personales. El interés nacional exige una visión estratégica y de largo plazo, especialmente cuando se trata de relaciones con actores globales de primer orden como China.

La reciente visita de Estado de los Reyes de España, Felipe VI y Letizia, a China en noviembre de 2025 fue una clara manifestación de este carácter de Estado que tienen las relaciones entre ambos países. La Corona, como institución que representa la continuidad del Estado, refuerza precisamente esa dimensión estructural y estratégica de la relación bilateral.

España no puede permitirse vivir de espaldas a China en el siglo XXI, como tampoco puede hacerlo con ningún otro país relevante del sistema internacional. China es hoy uno de los principales actores de la economía global y un socio imprescindible para abordar algunos de los grandes retos de nuestro tiempo, desde la transición energética hasta el desarrollo tecnológico, la estabilidad económica internacional o la lucha contra el cambio climático.

Además, el contexto internacional actual exige reforzar el compromiso con el multilateralismo y la cooperación internacional. El sistema de gobernanza global se encuentra en un proceso de transformación en el que el llamado Sur Global reclama una mayor participación y representación en las estructuras de decisión internacional. Durante décadas, el sistema internacional ha estado dominado por una lógica de hegemonía del Norte Global que hoy muestra claros signos de agotamiento. Frente a ello, se hace necesario avanzar hacia un modelo más equilibrado, inclusivo y cooperativo.

En este nuevo escenario, el multilateralismo se convierte en una herramienta imprescindible para garantizar la estabilidad internacional. España ha defendido históricamente este enfoque y debe continuar haciéndolo, reforzando al mismo tiempo su papel dentro de la Unión Europea. Precisamente en ese marco europeo, España puede desempeñar un papel relevante como país puente en las relaciones con China, favoreciendo el diálogo, la cooperación económica y el entendimiento político.

En esta línea, sería oportuno que España reforzara su participación en iniciativas internacionales de conectividad y cooperación como la Iniciativa de la Franja y la Ruta impulsada por China. La conectividad económica, logística y tecnológica entre Asia y Europa constituye uno de los ejes centrales del desarrollo global del siglo XXI, y España, por su posición geográfica y su vocación internacional, puede desempeñar un papel significativo en este proceso.

Al mismo tiempo, las relaciones entre España y China deben seguir profundizándose en el ámbito económico e industrial. En España existe un amplio consenso institucional sobre la necesidad de impulsar la reindustrialización del país y de fortalecer la cooperación económica con China. Este consenso se refleja no solo en el gobierno central, sino también en ayuntamientos y comunidades autónomas, muchas de ellas gobernadas por diferentes fuerzas políticas.

En ese marco de cooperación, es igualmente importante que China continúe materializando inversiones en España que contribuyan a generar empleo, desarrollo tecnológico y prosperidad compartida. La economía internacional del siglo XXI ya no responde a la lógica de suma cero. En un mundo interconectado, cooperativo y cada vez más multipolar, el progreso de unos puede y debe contribuir al progreso de otros.

En definitiva, las relaciones entre España y China deben entenderse como una relación de pasado, presente y futuro. La visita del presidente Pedro Sánchez se inscribe en esa lógica de continuidad y normalidad diplomática que caracteriza los vínculos entre ambos países. Mantener una visión estratégica, basada en la cooperación, el multilateralismo y el beneficio mutuo, será fundamental para seguir fortaleciendo una relación bilateral que forma parte ya del horizonte estructural de la política exterior española.