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La planificación china y su defensa de la estabilidad global

La planificación china y su defensa de la estabilidad global

La planificación china y su defensa de la estabilidad global / Embajada China en España

Fernando Morales, adjunto a la presidencia de la Fundación Cátedra China

Madrid

La República Popular China se ha embarcado ya en la nueva hoja de ruta que, a través de 109 propuestas, o proyectos, muy concretos, persigue alcanzar la modernización china en 2035. Pero, más a corto plazo, en el periodo de los próximos cinco años, lograr una prosperidad común para toda la población, independientemente de la región y del tamaño de la provincia o ciudad.

Tras las Dos Sesiones, el encuentro político que ha reunido en Beijing a la Asamblea Popular Nacional y a la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino -unos 5000 representantes-, China ha aprobado un nuevo plan quinquenal. El documento llega tras los debates y deliberaciones de representantes políticos, sociales y de minorías étnicas. Cabe recordar que China cuenta con ocho partidos políticos, fruto de ello son algunas oposiciones que han surgido en torno a la aprobación del informe de la labor del Gobierno y del plan quinquenal.

Todos han estado representados en unas sesiones en las que se ha puesto de manifiesto que China, a través de su planificación, vuelve a poner al ciudadano en el centro de sus políticas. Con ello no solo se busca la autosuficiencia científica y tecnológica para lograr un mayor crecimiento económico del país, sino que se utiliza como apoyo estructural y fundamental para lograr un desarrollo conjunto del país. Y no es tarea fácil.

Hay que tener en cuenta que el tamaño poblacional de China se puede asimilar a Europa, teniendo en cuenta que muchas provincias chinas tienen mayor número de habitantes que algún país europeo. Partiendo de esa realidad, el Gobierno chino, con el presidente Xi Jinping, ha propuesto una hoja de ruta que traza cuatro pilares fundamentales (desarrollo de alta calidad, estimulación de la demanda interna, promover la prosperidad común y lograr un equilibrio entre la seguridad y el desarrollo) para avanzar en el periodo 2026-2030, teniendo siempre presente que el cumplimiento del plan está ligado a la estabilidad global.

Sus previsiones y metas de crecimiento (entre el 4,5% y el 5%) son moderadas pero realistas. Sabe que puede crecer por su comportamiento interno, al que busca incentivar con un mayor consumo de su población, pero también es consciente que el orden internacional está inmerso en profundos cambios y las tensiones exteriores cada vez son más constantes, lo que podría llevar a fluctuaciones inesperadas. Pero China planifica, y planifica también frente a los riesgos. Y es ahí donde se enmarca su moderación en cuanto a su crecimiento.

Con este nuevo plan, China, que nunca se puso como objetivo abanderar el liderazgo mundial, asume su papel actual y hace un férreo llamamiento por la defensa del multilateralismo, la resolución de los conflictos a través del diálogo y la no injerencia en asuntos de terceros países. Porque mientras se debatía el desarrollo del plan y también la política pacífica de China, la tensión en Oriente Medio volvía a escalar con nuevos enfrentamientos tras el ataque de Estados Unidos e Israel a Irán. Unas actuaciones que han generado una fuerte crisis en Oriente Medio, no solo por las consecuencias bélicas y, sino también por la inestabilidad para la economía mundial al verse afectado el estrecho de Ormuz.

Por ello, sus llamamientos a solucionar las discrepancias a través del diálogo y su afán por la estabilidad mundial resonaron con fuerza también en Beijing en el desarrollo de las Dos Sesiones, donde el aperturismo y un mayor nivel de cooperaciones con otros países -independientemente de su tamaño- se proyectaron también como guías básicas a seguir durante los próximos cinco años.

El país tiene claro que el multilateralismo, el diálogo y el entendimiento mutuo son las únicas recetas posibles para mantener la estabilidad y el desarrollo global. Porque China, con su planificación, no solo busca su beneficio, sino que está dispuesta, y ya lo hace con iniciativas como la Franja y la Ruta, o las diversas iniciativas presentadas por Xi Jinping en favor de la gobernanza global, a llevar su experiencia al resto de países. Y más importante aún, que todos los países sean tratados de igual forma, independientemente de su tamaño.

Beijing también refuerza su discurso de cooperación con el denominado Sur Global, donde China ha incrementado en los últimos años su presencia económica, financiera y tecnológica. A través de proyectos de infraestructuras, inversiones energéticas y programas de desarrollo, el país asiático busca presentarse como un socio para aquellas economías emergentes que reclaman un mayor peso en la gobernanza internacional.

Con este contexto internacional, no obstante, la relación entre China y Estados Unidos continúa siendo uno de los principales ejes de la estabilidad global. Aunque en los últimos años las diferencias estratégicas, comerciales y tecnológicas entre ambos países han sido evidentes, Beijing insiste de forma recurrente en la necesidad de mantener abiertos los canales de comunicación. Las autoridades chinas repiten con frecuencia que la competencia entre potencias no debe impedir el diálogo ni la cooperación en ámbitos de interés común. De hecho, en las próximas semanas está previsto que el presidente chino, Xi Jinping, mantenga un nuevo encuentro con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en la capital china.

En este sentido, y como el embajador de la República Popular China en España, Yao Jing, expuso en la presentación de las principales conclusiones de las Dos Sesiones, China seguirá apostando por ampliar sus cooperaciones con cualquier país, o conjunto de países, pensando en la Unión Europea, dispuesto a mantener relaciones con ellos para conseguir un desarrollo de alta calidad, donde se prioriza la industria manufacturera avanzadas y la economía real y digital.

Este plan, además, pone en el centro de las políticas el bienestar social, para lo que se propone una fuerte inversión en políticas educativas, sanitarias, de cuidados y de envejecimiento. En concreto, una cuarta parte de los recursos se van a dedicar a la partidas sociales con el objetivo de incrementar el nivel educativo promedio de la población así como la esperanza de vida, por ejemplo.

Pero como decíamos, China, pese al volumen de su población, no quiere dejar a nadie atrás, sino que su crecimiento, dicen sus dirigentes, tiene que ser equilibrado e igualitario. Es por lo que que la prosperidad llegue a cada rincón del país es una de las prioridades marcadas a la hora de desarrollar un plan que ahora deberán de ser los gobiernos provinciales y locales quienes lo apliquen según las realidades de sus territorios.

Esta planificación, por cierto, vinculante, vuelve a recurrir a la tecnología, a la innovación y a las nuevas oportunidades económicas para lograr un crecimiento sostenido a lo largo del país. Porque tienen claro que ahora ya no importa la cantidad sino la calidad de lo desarrollado y que, además, dependiendo de la región, podrá funcionar mejor un tipo de industria y tecnificación según las características particulares.

Así, mientras la parte oriental mantiene su actual liderazgo y desarrollo, en la occidental, la menos avanzada, proponen llevar industrias y proyectos destacados, por ejemplo, sobre nuevas energías. Una forma de vitalizar y economizar unas regiones cuyo desarrollo se había quedado rezagado y que ahora la tecnología y, sobre todo, su aplicación, las vuelve a poner en el foco del crecimiento industrial.