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El desarrollo de las Dos Sesiones de China vistas desde Europa: una lectura desde el otro extremo de Eurasia

El desarrollo de las Dos Sesiones de China vistas desde Europa

El desarrollo de las Dos Sesiones de China vistas desde Europa / Embajada China en España

José Luis Centella Gómez

Madrid

En un momento en que Europa atraviesa una de las etapas más complejas de su historia reciente, marcada por tensiones geopolíticas, presiones económicas y un orden internacional en transformación, las Dos Sesiones de China se pueden convertir en un punto de referencia para comprender hacia dónde se dirige una de las principales potencias que están configurando un nuevo orden internacional.

Cada primavera, las reuniones de la Asamblea Popular Nacional (APN) y de la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino (CCPPCh), conocidas como “las Dos Sesiones”, constituyen el principal momento de deliberación política y estratégica del sistema institucional chino para evaluar el rumbo del desarrollo económico, social y tecnológico del país, así como su posicionamiento en el entorno internacional.

Las Dos Sesiones de 2026 han adquirido una relevancia singular, no solo por su importante función institucional, sino porque por una parte, coinciden con el inicio del XV Plan Quinquenal, que marca la dirección estratégica del país hasta 2030 y por otra parte se celebran en un contexto mundial caracterizado por graves tensiones geopolíticas, motivadas por el intento del Presidente de los EE.UU. de abrir un nuevo orden internacional dominado unilateralmente por Estados Unidos.

En esta perspectiva, el mensaje central de las Dos Sesiones de este año puede resumirse en tres ideas fundamentales: mantenimiento de la estabilidad económica en un entorno global incierto. Innovación tecnológica como motor central del desarrollo, consolidación de la institucionalización de China y continuidad de la política de apertura y la cooperación internacional.

Desde Madrid, Bruselas, Berlín o París, la atención hacia el proceso político chino no debe responder únicamente a la magnitud de su economía, sino también a la capacidad de Beijing para proyectar estabilidad en un entorno global cada vez más incierto, ofreciendo una posibilidad de avanzar hacia un orden multilateral basado en reglas justas que ponga fin a una escalada belicista que puede tener imprevisibles consecuencias para el futuro de la humanidad .

De esta manera, la edición de 2026 de las Dos Sesiones, llega en un contexto especialmente significativo. China inaugura un nuevo ciclo de planificación estratégica que marcará su rumbo hasta 2030, mientras el mundo se enfrenta a conflictos belicos prolongados, tensiones comerciales y un deterioro del multilateralismo.

Para una Europa, que debe buscar redefinir su autonomía estratégica desde una multilateralidad que le permita tener un amplio marco de relaciones internacionales, el enfoque chino hacia la gobernanza, la innovación y la seguridad económica ofrece claves para afrontar positivamente la evolución del sistema internacional.

Desde la perspectiva de los intereses de Europa, uno de los elementos más destacados de las Dos Sesiones es la insistencia de China en consolidar un modelo de modernización basado en la estabilidad institucional y la planificación a largo plazo.

En un marco, como el europeo, donde los ciclos políticos son cortos y las coaliciones frágiles, la continuidad estratégica de Pekín se debe entender como un factor de previsibilidad y una garantía de futuro. Esta estabilidad, combinada con una apuesta decidida por la innovación tecnológica, sitúa a China en una posición singular en la competencia global por conseguir un futuro industrial y científico donde no exista una potencia dominante que utilice en beneficio propio los avances condeguidos, sino qur estos se pongan a disposición de un futuro compartido para que toda la humanidad pueda resolver los problemas que hoy llevan al subdesarrollo a millones de personas.

Europa de observar con especial interés la oportunidad que ofrece la transformación de la base productiva china. La aceleración de la digitalización industrial, el impulso a la manufactura inteligente y la integración de tecnologías avanzadas como la inteligencia artificial, la computación cuántica o la biotecnología son tendencias que pueden afectar positivamente a las relaciones de Europa con China si se entienden de una manera cooperativa, de manera que se entienda que para la UE, China puede ser un socio leal en múltiples cuestiones, como por ejemplo en lo referente a la transición verde.

En el terreno económico, las Dos Sesiones también han puesto de relieve la importancia del consumo interno como motor del crecimiento. Europa debe seguir con interés esta evolución, consciente de que una China con una demanda interna más robusta puede convertirse en un mercado aún más relevante para las exportaciones europeas, especialmente en sectores como la alimentación, el lujo, la automoción o los servicios avanzados. Al mismo tiempo, la estrategia china de fortalecer sus cadenas de suministro y reducir vulnerabilidades en sectores críticos, representa una tendencia que podría reconfigurar el comercio global en los próximos años.

La política tecnológica china es otro de los grandes focos de atención. La apuesta por la autosuficiencia en semiconductores, el impulso a la computación cuántica y el desarrollo de la inteligencia artificial generan oportunidades de cooperación. Europa reconoce que la colaboración científica con China ha sido históricamente fructífera, pero también debe ser consciente de que la carrera tecnológica global exige reforzar sus propias capacidades. En este sentido, las Dos Sesiones debe ser leída como un recordatorio de que la innovación se ha convertido en el principal terreno de competencia entre las grandes potencias.

En materia de seguridad económica, Europa comparte muchas de las preocupaciones expresadas en Beijing. La pandemia, las tensiones comerciales y las interrupciones en las cadenas de suministro han puesto de manifiesto la necesidad de construir sistemas productivos más resilientes. Tanto China como la UE buscan reducir dependencias estratégicas, diversificar proveedores y fortalecer sectores clave. Esta coincidencia abre la puerta a una cooperación más estrecha en ámbitos como la logística, la digitalización de las cadenas de valor o la seguridad energética.

Una lectura de los debates sobre la nueva legislación que se ha debatido estos días, puede apreciar que la transición ecológica debe ocupar un lugar central en la lectura europea de las Dos Sesiones. El rápido despliegue de energías renovables en China, junto con su liderazgo en tecnologías de almacenamiento y redes inteligentes, debe ser entendido como un motor global para la descarbonización.

En otro orden de cosas, la dimensión internacional de las Dos Sesiones es uno de los puntos que más interés despierta en Europa. En un escenario marcado por conflictos provocados por las agresiones de los EEUU en Venezuela, Cuba, Palestina, la Guerra de Ucrania, y describiendo la guerra que se desarrolla en Irán como “una guerra que nunca debió haber estallado” para reiterar la necesidad de un cese inmediato de las hostilidades.

El respeto a la soberanía y la defensa del multilateralismo es interpretada como una señal de continuidad en la política exterior China, de esta manera, para quienes en la UE, defienden preservar el orden internacional basado en normas, la posición china representa un aliado necesario frente a la creciente polarización global que se traslada desde el Presidente de EEUU Donald Trump

Asimismo, debe tener una respuesta positiva el llamamiento de China a que Europa refuerce su autonomía estratégica porque es la garantía de que se puede ofrecer a los pueblos europeos un horizonte de progreso no supeditado a terceros paises, evitabdo dependencias excesivas y construye un marco de cooperación equilibrado y mutuamente beneficioso. En un mundo multipolar, la relación entre China y la UE se perfila como uno de los ejes fundamentales para la estabilidad global.

Pero más allá de los grandes titulares, Europa debe observar con detenimiento la evolución del modelo de gobernanza chino. La insistencia en reforzar el Estado de derecho, mejorar la eficiencia administrativa y consolidar mecanismos de supervisión y participación social que debe valorarse como un intento de adaptar la estructura institucional del país a las exigencias de una economía avanzada. Para muchos analistas europeos, la estabilidad institucional de China no es solo un rasgo distintivo, sino un elemento que explica su capacidad para ejecutar políticas de largo alcance en ámbitos como la innovación, la infraestructura o la transición energética.

La política exterior china, tal como se ha expresado en las Dos Sesiones, también debe ser objeto de análisis en Europa. La defensa del multilateralismo, el apoyo al papel central de la ONU y la apuesta por un orden internacional más inclusivo son elementos que encuentran eco en la diplomacia europea. En un momento en que el sistema internacional enfrenta tensiones crecientes, la convergencia entre China y la UE en la defensa de las normas internacionales puede convertirse en un punto de apoyo para la estabilidad global.

Vistas desde Europa, las Dos Sesiones de 2026 proyectan la imagen de un país que combina ambición tecnológica, prudencia económica y una visión clara de su papel en el mundo. Para la Unión Europea, este enfoque constituye una oportunidad. En un momento en que la historia parece acelerarse, la capacidad de China para mantener la estabilidad interna y contribuir a la cooperación internacional será un factor determinante para el futuro de Eurasia y del sistema global.

Finalmente destaquemos que mientras Beijing define su hoja de ruta para los próximos años, Europa reflexiona sobre su propio lugar en un mundo en transformación. Las Dos Sesiones, desde esta perspectiva, no son solo un acontecimiento político chino: son un recordatorio de que la estabilidad, la innovación y el diálogo serán esenciales para afrontar los desafíos compartidos del siglo XXI.