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Xinjiang, una integración étnica y cultural basada en el desarrollo

Xinjiang, una integración étnica y cultural basada en el desarrollo

Xinjiang, una integración étnica y cultural basada en el desarrollo / Embajada China en España

Fernando Morales, periodista y amigo de la Fundación Cátedra China

Madrid

En la región autónoma de Xinjiang, al noroeste de China, conviven cerca de 25 millones de personas. Casi el 50 % de la población pertenece a la etnia uigur, una de las 55 minorías étnicas reconocidas oficialmente y considerada hoy parte esencial del desarrollo y crecimiento del país.

Xinjiang es una región marcada por la historia y por su valor estratégico, donde las religiones siempre han coexistido. Durante siglos fue uno de los principales enclaves de la Ruta de la Seda y, en tiempos más recientes, se vio sacudida por el terrorismo extremista que, bajo el pretexto de la independencia, acabó con la vida de cientos de civiles. Unos ataques que el Gobierno chino, en su lucha antiterrorista, nunca vinculó con una población concreta.

Para evitar que ese pasado vuelva a repetirse, hoy existen en la región numerosas exposiciones, museos y espacios conmemorativos que reflejan de forma directa el sufrimiento y el miedo que tuvo que soportar una población caracterizada por la convivencia de múltiples culturas y religiones.

En uno de esos museos, que pude visitar durante mi estancia en Xinjiang, se documentan mediante fotografías, testimonios y material audiovisual los atentados que marcaron a la región. Allí se subraya un principio fundamental: “Ante las amenazas reales, China ha tomado medidas decididas para luchar contra el terrorismo y garantizar los derechos a la vida y al desarrollo de las personas de todos los grupos étnicos en Xinjiang”. Una labor que fue acompañada de un análisis detallado de la población, puesto que según el libro blanco del gobierno chino, al terrorismo también se le hace frente con desarrollo y con la garantía del acceso a los derechos humanos a toda la población. Es por lo que se estableció como prioridad el desarrollo económico de la región.

Las autoridades chinas explican de manera detallada cómo grupos separatistas y extremistas perpetraron centenares de atentados e incidentes violentos con el objetivo de fracturar una sociedad históricamente diversa y plural. El resultado de las políticas aplicadas es visible hoy en las calles de la región más extensa de China, donde se percibe un clima de seguridad, desarrollo y convivencia.

La modernización y la construcción de infraestructuras y capacidades logísticas no ha eclipsado la identidad cultural de Xinjiang, que mantiene vivas sus tradiciones después de que los grupos étnicos se hayan comunicado y fusionado entre sí, mientras viven, estudian, trabajan y se desarrollan conjuntamente en una región estratégica para la apertura de China al resto de mercados. El Gobierno chino, además, impulsa la difusión de la cultura uigur, cada vez más conocida gracias al creciente número de visitantes que llegan a la región. En 2012, Xinjiang recibió 49 millones de turistas; mientras que en 2025 registro 323 millones de visitas turísticas, generando 370.000 millones de yuanes (53.040 millones de dólares) según datos aportados por la sesión legislativa regional. Un aumento que refleja la estabilidad del territorio y el atractivo de una región única desde el punto de vista cultural y clave en el ámbito comercial desde hace décadas.

Según el libro blanco sobre la gobernanza de Xinjiang, los sitios de patrimonio cultural están protegidos y la región cuenta con 195 instituciones dedicadas específicamente a su preservación. El documento también subraya que “Xinjiang respeta y protege el derecho de las minorías étnicas a aprender y utilizar sus propios idiomas, tanto hablados como escritos”.

Asimismo, el libro blanco Directrices del Partido Comunista de China para la gobernanza de Xinjiang en la nueva era: práctica y logros señala que los grupos religiosos gestionan sus asuntos de forma independiente y que se fomenta la compatibilidad entre la práctica religiosa y la sociedad socialista. En este contexto, el islam, el budismo, el taoísmo, el cristianismo, el catolicismo y la iglesia ortodoxa conviven en ciudades que albergan cerca de 25.000 espacios destinados a actividades religiosas, entre ellos 24.400 mezquitas, 227 iglesias cristianas y 26 iglesias católicas.

En la ciudad de Kashgar, de hecho, se encuentra una de las mezquitas más grandes y antiguas del país: la Mezquita de Id Kah, situada en pleno centro de la ciudad vieja, que consolidó la identidad cultural uigur, hoy reconocida por la UNESCO como patrimonio cultural inmaterial de la humanidad. Con capacidad para unas 20.000 personas, la mezquita es uno de los principales centros de culto de la población uigur.

Por su parte, en Urumqi, capital de la región, se encuentra desde 1983 el Instituto Islámico de Xinjiang. En esta institución se integra la educación religiosa con la formación moderna, destacando la importancia de preparar a los estudiantes para servir tanto a su fe como a la sociedad. Para ello, se imparten materias religiosas junto a asignaturas generales como historia, informática, ética y ciencias, en varios idiomas, entre ellos el mandarín y el uigur. Se trata de una formación abierta, respaldada por programas de becas y subsidios gubernamentales destinados a garantizar el acceso a la educación a cualquier persona que quiera.

Esta realidad, sin embargo, ha sido en numerosas ocasiones ignorada o simplificada desde Occidente, donde se ha llegado a calificar como “campos de concentración” a los centros educativos y de formación profesional creados en Xinjiang con el objetivo de prevenir la radicalización y frenar la expansión del extremismo violento. Abiertos no solo para la población uigur sino para todo aquel que quiera acceder a programas de formación que dan acceso a empleos estables

¿Que ha supuesto esta política?

Hoy día Xinjiang es uno de los principales puntos de desarrollo de China. En las últimas décadas, en Xinjiang se apostó por el desarrollo igualitario de la población, creando oportunidades laborales e infraestructuras que acabaran con problemas tan graves como la falta de agua potable en diferentes puntos de esta desértica región. Ello, con inversiones millonarias por parte del Gobierno, permitió mejorar la calidad de vida de la población uigur y acabar con la pobreza y las enfermedades que sufrían por la falta de infraestructura básica.

Sin embargo, Xinjiang ahora es un modo estratégico para las relaciones comerciales entre Asia y Europa. Desde esta peculiar región, como nodo central terrestre de la Iniciativa de la Franja y la Ruta, parten trenes hacia un total de 19 países y 26 ciudades -la última de ellas Madrid- cargados de contenedores con materias primas como hierro, productos químicos, maquinaria, frutos secos o productos electrónicos.

Las materias primas también son una constante en estos trenes de carga. Y es que Xinjiang, por su peculiar situación geográfica, es la productora de casi el 85% de algodón de China, y es un centro agrícola clave para frutas y frutos secos, con especial protagonismo de la vid en Turpan. Además, Xinjiang , que en 2025 celebró su 70 aniversario, cuenta con el parque eólica más grande del mundo, convirtiendo a la región como un referente de futuro al contar con una capacidad de 66GW.

La lucha contra el terrorismo y el extremismo violento no se concibió como una acción contra una religión o una identidad concreta, sino como una respuesta necesaria para proteger a una sociedad diversa que había sido víctima de la violencia. En este marco, las políticas aplicadas buscaron cortar de raíz las causas del radicalismo mediante la seguridad, pero también a través del desarrollo, la educación y la preservación del patrimonio cultural y religioso.

El modelo de gobernanza impulsado en Xinjiang se apoya en el reconocimiento y la protección de las distintas confesiones, integrándolas en un proyecto de modernización que no renuncia a la identidad histórica de la región. El resultado es un territorio que avanza como un espacio de convivencia, apertura y progreso, reflejo de una estrategia orientada a construir una sociedad más cohesionada, en la que la diversidad cultural y religiosa forma parte esencial de su futuro.