CHOQUE GENERACIONAL

"En el perreo el chico es 'el puto amo": hablan los adolescentes

Un grupo de chicas y chicos de entre 15 y 18 años reivindica la parte lúdica del baile y achacan parte de la indignación adulta a un choque generacional

"En el perreo el chico es 'el puto amo": hablan los adolescentes
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Marina León

La cantante Rigoberta Bandini cuenta que su amiga Adri fue quien la enseñó a bailar 'twerking': “La clave, según ella era: pones las manos así, entonces, cadera, cadera y con un poquito de…”. Amaia Romero completa el paso: “Sacando un poquito el culo, ¿no?”, en la canción “Así bailaba” que ambas estrenaron hace unos meses. El pasado fin de semana, al igual que en la melodía, el baile de las niñas ha vuelto a ser el protagonista: el ‘perreo’ de los adolescentes en la discoteca Pampara Tardes, como suele decirse en estos casos, ha roto internet.

Muchos comentarios, una vez más, han disparado contra las chicas, que en la píldora viral de TikTok mueven las caderas inclinadas mientras los chicos, en pie y por detrás, perrean en posición de superioridad. “En una discoteca se va a bailar, a ‘perrear’ y no es malo que lo hagamos con 15 años”, afirma Manuel Lambea, de 15 años, uno de los adolescentes que aparece en el vídeo mientras se señala en la pantalla. De hecho, en estos clubes de tarde, tal como afirma su compañera de instituto, Laia Merino, “solo ponen 'dembow' y reggaeton, música que se pueda ‘perrear’ ”.

¿Es machista el ‘perreo’?

Ya hace años que el ‘twerk’ se ha convertido en un baile que empodera, que grita que las mujeres son seres deseantes y no objetos deseados, y que bien pueden expresar su sexualidad de forma explícita, ya sea por puro placer o por “diversión”, como expresa Laia. Posturas como la que vemos en el vídeo -ellas agachadas, ellos de pie- claramente hacen referencia, de hecho, a posturas sexuales. La cuestión es: ¿con qué ojos miran el ‘perreo’ los adolescentes?

Laia Merino afirma que “siempre que se ‘perrea’ se hace con consentimiento; el ‘twerk’ no es machista”. / ZOWY VOETEN

José Centelles y Bilal Benmoussa, de 18 años, lo tienen claro: para ellos, el ‘twerk’ “es un baile como cualquier otro”. “A lo mejor la postura puede engañar porque está la chica agachada como haciendo de perro, pero es la parte [del cuerpo] que al chico le puede interesar en ese momento”, afirma Bilal.

Eso sí, objetivamente, quien parece dominar la escena son ellos, mientras que ellas quedan subordinadas, algo que para Bilal también tiene sentido. “El chico es más el ‘puto amo’. Socialmente este baile deja al chico en lugar de ‘bua te estás perreando a una’ y creo que hay más chavalas que chavales que lo hacen por presión social", afirma. Y continúa José: “Parece que la chica sea la parte sumisa, ¿no? Yo considero que quien no quiere bailar, no baila, y no es más sumiso que nadie el que está abajo, yo he estado en ambas posiciones”.

Manuel Lambea, de 15 años, es uno de los adolescentes que aparece en el vídeo. / ZOWY VOETEN

¿Y si fuera al revés?

Las fronteras entre el querer hacer una cosa y hacerla porque es "lo que toca" son muy difusas, sobre todo en la adolescencia y más aún cuando la educación sexual en igualdad es prácticamente inexistente. De ahí el dilema de si bailar reggaetón es plantarle cara realmente al machismo, se tengan 15 o 25 años. Laia dice tenerlo claro: “Siempre que se ‘perrea’ se hace con consentimiento; si dices que no es que no. El ‘twerk’ no es machista”.

De acuerdo. ¿Y qué pasaría si en el vídeo los que estuvieran agachados fueran ellos? De entrada, ningún adolescente de este grupo se lo imagina. “Nos hemos acostumbrado a que la chica se agacha y el chico es quien ‘le da’. Se hace así porque es como nos gusta”, afirma María (quien ha preferido no decir su nombre real), de 15 años. Manuel comenta que para él sería “sorprendente” ver a dos chicos ‘perreando’. “No estamos acostumbrados”. Según Laia, cuando esto sucede “es por hacer la gracia”.

"No es una posición humillante"

“Invertido no me lo imagino. ¡En esas proporciones no!, puede haber algún caso… Pero no creo que nunca veamos a todos los chicos mover el culo en una discoteca”, dice José. “Seguramente haya parejas homosexuales que lo hagan, no es un baile de chicas”, apunta Bilal. Y José continúa “Tal vez se hace así porque siempre ha sido así. ¿Eso es lo correcto? Puede que no, pero no creo que ninguna posición sea humillante”.

José Sánchez y Bilall Benmoussa defienden que el perreo es un "baile como cualquier otro". / ZOWY VOETEN

Está fuera de toda duda de que la música urbana ha llegado al ‘mainstream’ para quedarse y que los códigos culturales han ido cambiando. Las nuevas generaciones lo tienen claro, pero sus progenitores no tanto. Bilal lo compara con la bachata, un género en el que se baila “muy pegados” y que nadie juzga de la misma manera.

Choque generacional

Para él, “aunque sea nuevo y mucha gente no lo entienda, bailar es bailar”. El problema que ven los adolescentes de 15 años es el salto -o incomprensión- generacional. “En la época de nuestros padres este baile no existía, por eso lo ven como una falta de respeto a sus hijas”, dice María. Manuel está de acuerdo: “Claro, ellos no ‘perreaban’ porque no estaba de moda”.

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Cuando se imaginan en el papel de padres, la cosa cambia. “Si yo fuese padre y viese a mi hija de 14 años moviendo el culo como en el vídeo, pensaría que no es apropiado. Es lógico que les choque, pero tampoco creo que haya que escandalizarse”, afirma José.

El baile de las chicas

En general, las chicas son muy conscientes de que el foco del juicio rápido se coloca siempre sobre ellas. Laia lo explica así: “Hay mucho machismo y las madres entienden que los chicos, al fin y al cabo, se sienten mayores ‘perreando’. En el vídeo ven que ellos lo disfrutan y que, en cambio, de ellas se ríen”. María está de acuerdo: “Incluso las mujeres ven diferente que su hijo perree a que lo haga su hija, porque es a ella a quien le ‘dan’". Ambas comparten la queja de que “todo el mundo debería tener derecho a bailar lo que le gusta” y entienden que desconfiar de que el ‘twerk’ sea un arma contra el machismo - también para las adolescentes- es invalidarlas como feministas.