CATALUÑA

La receta de los padres de los trillizos sobresalientes de Cabrils: "Partían de una buena base y han tenido suerte"

Lectura, música, deporte y autoexigencia marcaron el entorno de aprendizaje de los hermanos Surís Coll-Vinent

Xavi Surís y Blanca Coll-Vinent miran la portada de EL PERIÓDICO de junio de 2012, en la que aparecieron los trillizos.

Xavi Surís y Blanca Coll-Vinent miran la portada de EL PERIÓDICO de junio de 2012, en la que aparecieron los trillizos. / JORDI OTIX

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Xavi Surís y Blanca Coll-Vinent, ambos médicos, no pueden estar más orgullosos de sus hijos Alba, Dídac y Martí, que acabaron bachillerato en 2012 con matrícula de honor, como contó entonces EL PERIÓDICO, diario que pertenece a este mismo grupo, y ahora, 10 años más tarde, saborean las mieles del trabajo duro. Desde su casa de Cabrils (Cataluña), los padres se quitan méritos.

"Partían de una buena base y han tenido suerte de que todo les ha salido bien", afirma el padre. "Y se lo han currado. Han tenido altos y bajos, pero siempre se han esforzado", le apunta la madre. "Hay una base genética, una inteligencia, pero también hay mucho esfuerzo detrás. Y renuncias", explica Coll-Vinent. Se refiere, por ejemplo, a la dura competencia que afrontó Dídac para obtener la beca de doctorado ("había gente muy potente") o a "dejar cosas o relaciones por el camino" para perseguir sus sueños.

Una de las preguntas que surgen ante un caso como el de los trillizos de Cabrils es, al margen del talento natural que puedan tener los chicos, cómo lo han hecho educativamente hablando los padres. Ellos no se atreven a dar ninguna receta. "Aconsejar es difícil. Puedes hacerlo todo bien y que no salgan las cosas como quieres", advierte Surís. "Alba, Dídac y Martí nos lo han puesto muy fácil. Nunca tuvimos que irles detrás para que estudiaran o hicieran los deberes. Siempre fueron buenos estudiantes. Eso fue una suerte para nosotros", recuerda Coll-Vinent. Admite que como todo padre o madre, "siempre tienes dudas, de si lo has hecho bien o no, de si eres demasiado exigente".

De izquierda a derecha, Alba, Dídac y Martí Surís Coll-Vinent junto a su hermana pequeña, Marina. / El Periódico

Sí explican el entorno que había en casa. "He sido siempre muy restrictiva con las pantallas, incluso demasiado", confiesa la madre. Los trillizos no tuvieron móvil hasta los 14 años ni consolas hasta los 12. "Y cuando les regalamos la PlayStation apenas le hicieron caso", añade el padre. "Nunca nos vieron con un teléfono móvil en la mano", remacha ella.

Música, deporte y lectura llenaban el tiempo de los trillizos. "El ambiente en casa ha sido siempre de estudio y música. Cuando llenas el tiempo con estas actividades ya no queda margen para mucho más", relata Coll-Vinent. "Al final los niños hacen lo que ven en casa. Nosotros, como médicos, siempre estamos estudiando, formándonos, leyendo. Es lo que ellos han visto desde siempre", subraya Surís. "Creas costumbres".

"Leían muchísimo, sobre todo a partir de los 8-10 años. La lectura les fue muy bien", apunta la madre. "Y la práctica de la música también ayudó. La música crea disciplina y da orden al cerebro", añade el padre. Los trillizos estudiaron música hasta que cerró la escuela del pueblo. Marina, la pequeña del clan, sí ha seguido carrera hacia el conservatorio.

Familia autoexigente

Los padres de los trillizos confiesan otro rasgo familiar: la autoexigencia. "Ella lo es más que yo", señala con humor Surís. "Es exigente consigo misma y con los demás". Y los trillizos también los son. "Siempre han sido muy exigentes con ellos mismos", confirma la madre. Y Marina no se queda corta tampoco. "Ella es más autoexigente incluso", revelan. El curso que viene empezará bachillerato científico. No tiene claro qué hará. La música es una opción. Y la carrera de Medicina también está sobre la mesa. "Así como los trillizos no la consideraron porque siempre nos veían trabajando y de guardias. Marina no lo descarta".

A modo de resumen, coinciden en que sus hijos "han tenido condiciones y han estado estimulados, pero sobre todo ha sido mérito suyo. Además, han tenido suerte de que han tenido buenos profesores".

Surís y Coll-Vinent concluyen que para ellos, que han dejado que sus hijos escogieran su camino, lo más importante es verles felices. "Las notas están muy bien, pero lo más importante es que elijan ellos y que puedan hacer aquello que les haga felices". "Los hijos han de vivir su vida. Puede ser que tarden, pero con voluntad y esfuerzo al final todos encontrarán su camino", reflexionan.

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