O ESTO... O ESTO

Aquí solo puedes comer esto: restaurantes con un único plato en carta

  • En la variedad no siempre está el gusto: en estos 7 locales no se elige: se va a lo que se va

En el Café de París solo se sirve un plato.

En el Café de París solo se sirve un plato.

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‘Spam’, ‘spam’, ‘spam’, ‘spam’… no, esto no es un aviso sobre la dudosa calidad de este texto ni una alerta de que algo no deseado está llegando a tu correo electrónico. Este ‘spam’ hace referencia a la carne en cerdo en lata, barata y poco apetecible, que dio nombre al ‘e-mail’ basura. En un célebre sketch de Monty Python’s Flying Circus, el revolucionario programa del grupo cómico inglés, era el ingrediente omnipresente en todos los platos de un restaurante. Incluso en la langosta Thermidor.

¿A qué viene todo esto? Pues a que en la relación de restaurantes que viene a continuación solo se sirve un plato. O como mucho, algo más, pero sin demasiada importancia. Vamos, que el menú cabe en un ‘post it’. Es la especialización extrema porque, si sabes hacer algo muy bien, ¿para qué meterte en más ‘fregaos’?

El entrecot con salsa y patatas de Café de París.

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Café de París (Madrid)

La leyenda se origina en 1930 en ¿París? ¡No, en Ginebra! Monsieur Boubier y su esposa dan con la salsa que acompaña al entrecot que se sirve en esta casa con dos sucursales en Madrid (Conde de Aranda, 11, y Félix Boix, 8) y que es uno de los secretos mejor guardados de la hostelería mundial. Entrecot bañado en la susodicha salsa, patatas fritas a voluntad… y nada más hasta los postres. ¡Un momento! ¡Hay opción vegetariana! Eso sí, dudamos de que alguien la haya pedido alguna vez.

El costillar de Plat Únic (Barcelona).

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Plat Únic (Barcelona)

Una iniciativa rompedora: en este restaurante (Trafalgar, 26) se ofrece solo un plato que puede ir cambiando según la temporada. Ahora mismo tienen en carta (por decir algo) un costillar de vaca gallega, acompañado de tres guarniciones distintas (espinacas al jengibre, remolacha al rábano picante y puré de patata). y con ‘lemond curd’ con ‘crumble’ de postre. El vino de la casa va incluido. Una manera divertida y diferente de reivindicar aquellas casas de comida de antaño a las que se peregrinaba a comer la especialidad…

El cocido de Casa Carola (Madrid).

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Casa Carola (Madrid)

Este templo del cocido (Padilla, 54) cumple 25 años en plena forma, aunque los usos y formas han ido cambiando desde su apertura a finales de los 90. Las célebres sobremesas de partida de cartas y humo de puro ya solo incluyen los naipes. Lo que se mantiene intacto es la calidad de un cocido que siempre ha destacado por sus famosos garbanzos segovianos. El tercer vuelco incluye carnes de añojo y pollo, chorizo de sarta, morcilla casera, tocino ibérico, codillo de jamón y huesos de caña. También comparecen en la mesa salsa de tomate natural con cominos y orégano, cebolletas y piparras. Por cierto, se puede (y se debe repetir de todo). Y por la noche, ¿qué se come? Pues derivados del cocido -garbanzos en crema, croquetas con la ropa vieja- y alguna cosita más. Pero aquí se viene a por el cocido, obviamente.

Museo de la tortilla (Zaragoza)

El nombre lo dice todo. Si alguien entra aquí (Cadena, 18) buscando algo que no sea tortilla, lo lleva crudo. Eso sí, para los aficionados al huevo esto es un paraíso. En medio de un ambiente popular y desenfadado se despachan tortillas de todas las variedades imaginables. Las preparan con berenjena, sesos, bacalao, setas, trigueros… Si alguien quiere algo más también pueden sacar unas estupendas anchoas de L’ Escala… pero no perdamos el foco.

Las setas, únicas protagonistas de El Brote (Madrid).

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El Brote (Madrid)

Hay que decir que en este restaurante (Ruda, 14) no se sirve precisamente un solo plato, sino muchos. Eso sí, todos llevan setas. Hasta el postre a veces. Esto lo convierte en un sitio de culto para los aficionados a la micología comestible. La temporada es la que tiene el bastón de mando para dar forma a la carta. Las setas de pie azul se sirve con polenta, remolacha asada, avellanas y bacalao ‘mantecato’. La angula de monte se prepara con calabaza asadas, judías verdes, yema de huevo y un punto de salsa picante. El níscalo, escabechado y mezclado con albondiguillas, berenjena y zanahoria. Aquí se esta definitivamente, a setas (y no a Rolex).

Casa Maragata (Astorga).

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Casa Maragata (Astorga)

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Que el cocido maragato es una religión lo pueden atestiguar miles de fieles. En este restaurante de Astorga (Húsar Tiburcio, 2) es EL PLATO. Con mayúsculas. Y es que pocas opciones más hay, ni falta que hace. Se comienza con una decena de carnes seleccionadas: cecina y chorizo de Astorga, lacón, panceta, oreja, pata, morro y tocino de cerdo, morcillo de ternera, gallina. También se incorpora el relleno. El segundo pase lo conforman los garbanzos con berza y patata. Al final, la sopa. El postre, natillas con roscón. Y la siesta, claro.

El 'katsu sando' de Don Panko (Madrid).

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Don Panko (Madrid)

Hay veces que, aunque un restaurante ofrezca más opciones, parece que solo están ahí como comparsa. Por si algún alma libre quiere salirse del camino marcado y pedirse otra cosa. Esto sucede en este restaurante (María de Guzmán, 45) que se define, desde un principio, como una ‘katsu house’. Eso quiere decir que aquí lo que hay que pedir, sí o sí, es el ‘katsu sando’, ese adictivo sándwich nipón de cerdo rebozado que se ha puesto de moda en los últimos tiempos. Que sí, que también hay currys pero aquí se viene a lo que se viene.

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