LAS REINAS DEL BAR

7 patatas bravas fantásticas de toda España (y todas diferentes entre sí)

  • Clásicas, con mayonesa, con alioli, rebozadas y fritas...

La patata brava, una tapa que no falta en ninguna carta.

La patata brava, una tapa que no falta en ninguna carta.

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Cuando el paladar español aún estaba en pañales frente a picantes subidos de tono como los de la comida mexicana o india, ya hacíamos nuestros pinitos con un plato que es sinónimo de taberna, barra y caña de cerveza. Nos referimos a las patatas bravas, nacidas en la posguerra madrileña, y que se extendieron, con el tiempo, por bares de norte a sur. Aquí va una selección de 7 a las que reservamos un rincón en nuestro corazoncito.

Central Bar (Valencia)

Un bar de mercado es, sin duda, uno de los mejores escenarios posibles para disfrutar de unas bravas. Esta tapa desenfadada es perfecta para ese ambiente populachero y ruidoso. Por eso no faltan en el bar del Mercado Central de Valencia (Plaza Ciudad de Brujas, s/n), que dirige el chef Ricard Camarena. Las bravas Lourdes Luz, en homenaje a su socia y creadora de la receta, siguen la receta mediterránea, combinando un fantástico alioli con toques de salsa picante.

Las patatas bravas del Central Bar (Valencia)

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Bar Jubera (Logroño)

Sí, las humildes bravas también pueden ser una receta de kilómetro cero. Y si no basta con probar las del Bar Jubera, una leyenda de la conocidísima calle de Laurel -ubicado en el número 18-. Sus bravas se elaboran a partir de patatas riojanas de calidad confitadas en aceite. Por encima, una suave mayonesa y una salsa picante que se hace con alegría riojana, la guindilla local, y con tomate de la zona. Estupendas y melosísimas.

Las patatas bravas del Bar Jubera (Logroño).

/ Calle Laurel

Senyor Vermut (Barcelona)

Lo increíble de este bar es que incita a 'vermutear' a deshora, aunque sea más bien momento de merienda o de cena. En Senyor Vermut (Provença, 85) lo hacen fácil porque la carta, esencial para resistir los embates del vino aromatizado, incluye unas bravas primorosamente ejecutadas. Bien fritas, van arropadas por un excelente alioli y una salsa picante secreta que, en realidad, no tiene más secreto que estar buenísima (y un pelín de curry). El toque final lo dan unos pimientitos verdes fritos puestos a modo de 'topping' y un poco de pimienta: se ve que le ponen cariño.

Las patatas bravas de Senyor Vermut (Barcelona).

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Martina Restaurante & Bar (Albacete)

La versión de este restaurante albaceteño se alzó con el segundo puesto en el II Concurso Internacional de Patatas Bravas celebrado en Palencia en octubre de 2021. Estas bolitas picantes están hechas a partir de una masa de patata, mantequilla y queso curado manchego que se reboza y se fríe. Se sirven con una mayonesa acompañada de un toque de chile y especias japonesas. El que las prueba no las olvida.


Las patatas bravas de Martina Restaurant & Bar (Albacete).

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Docamar (Madrid)

En esta mitiquísima casa de comidas del barrio de Quintana se despachan desde 1963 unas bravas canónicas, con una receta basada en la que nació en el bar La Casona del centro de Madrid en los años 50. En la salsa, roja rojísima, no falta un buen toque de pimentón, lo que le otorga su carácter ahumado y sabrosón. La fritura de las patatas también es extraordinaria. Y por si queda alguien sin probarlas y se lo está preguntando: sí, sí que pican.

Las bravas de Docamar (Madrid).

/ Javier Sánchez

El Mesón de Gonzalo (Salamanca)

Dos salsas, dos, coronan las patatas que se sirven en este restaurante salmantino (Plaza del Poeta Iglesias, 10). Por un lado, una salsa brava que incorpora caldo de carne, para darle ese toque potente y clásico. Por otro, un alioli con el ajo medido y un color amarillo vibrante. Una mezcla estupenda para unas patatas blanditas por dentro y crujientes por fuera, justo como le gustaban a Penélope Cruz en la película 'Todo es mentira'.

Las bravas de El Mesón de Gonzalo (Salamanca)

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Taberna y Media (Madrid)

José Luis Martínez es uno de esos cocineros que clava prácticamente cualquier receta, incluidas las bravas. Ganadoras del I Campeonato Nacional de Patatas Bravas, las suyas se asemejan a unas patatas Delfina francesas: lo que hace el chef es crear un fino puré de tubérculo que luego reboza ligeramente y fríe. La salsa es una evolución de la clásica con ecos del mejor mojo picón canario. Delicadas y prodigiosas.

Las bravas de Taberna y Media (Madrid).

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