CATA MAYOR

Invidentes en restaurantes: de la carta en braille a las gafas con ChatGPT

Personas ciegas y con baja visión nos cuentan lo más complicado para ellas al disfrutar de una comida o una cena

Invidentes en restaurantes: de la carta en braille a las gafas con chat GPT

Invidentes en restaurantes: de la carta en braille a las gafas con chat GPT / Alfredo J. LLorens

“Dime Charlie, ¿hay bollos en la mesa? Deberías probar estos bollos, yo soñaba con ellos”, le espeta Al Pacino a Chris O’ Donnell en ‘Esencia de mujer’. En esta película, Pacino encarna a un invidente que se mueve como pez en el agua en escenarios como el comedor del neoyorquino Waldorf Astoria. Aun así, tiene que pedirle a su acompañante que le lea la carta…

Que alguien que ve lea la carta a una persona invidente es la opción más recurrente cuando se da esa situación mixta. Pero, ¿qué pasa cuando no hay videntes en la mesa? La opción más tradicional es la carta en braille, algo que sigue siendo una rareza en la gran mayoría de los restaurantes españoles. Haberlas, haylas, pero siguen siendo pocas.

“La carta en braille denota voluntad de integración y es algo muy de agradecer cuando te la encuentras”, explica Jonathan Armengol, periodista gastronómico invidente con más de 20 años de profesión a sus espaldas. “Ojo, que también es una guarrada porque no deja de ser algo que puede haber sido toqueteado por cinco o seis personas antes que tú”, añade.

Eso no quita para que sean muchos los restaurantes que siguen introduciendo cartas en braille en pos de la integración. Entre los últimos, el Grupo Saona, con establecimientos en toda España, que anunció la primavera pasada que ofrecería estos menús en todos sus locales.

Sorprende también la apuesta de Momus, la coctelería abierta por Alberto Fernández en el barrio de Chueca en Madrid y que cumple ahora un año. En su caso, decidieron crear una carta en braille aprovechando el cambio de menú. Y lo hicieron ellos mismos. “Nuestra propuesta anterior se estructuraba en torno a los colores y alguien preguntó ‘¿y si viene una persona daltónica?’. Eso nos llevó a pensar en hacer accesible para personas invidentes la nueva carta, basada en la figuras geométricas”, explica Fernández. Buscaron un traductor, imprimieron plantillas y terminaron haciendo 25 cartas artesanales en braille. “Mi compañera Laura Perea lo fue haciendo letra a letra. Nos ocupó un número de horas importantes pero estamos muy contentos con el resultado”.

La carta en braille denota voluntad de integración y es algo muy de agradecer. Ojo, que también es una guarrada porque no deja de ser algo que ha sido toqueteado

Viejas y nuevas tecnologías

Más allá del braille, las opciones para que una carta resulte accesible para una persona que no ve son múltiples. “Desde hace muchos años, está el sistema OCR (reconocimiento óptico de caracteres, en inglés) que lo que hace es leerte la carta. Eso también lo hacen los actuales ‘smartphones’. ¿El problema? Que si la carta es larga te puedes eternizar”, reflexiona Armengol.

Este veterano periodista gastronómico considera que los códigos QR, resucitados por la pandemia, han sido “una oportunidad perdida” para crear una normativa sobre cómo utilizarlos. “La mayoría suele funcionar bien, pero hay veces que, si la foto no da calidad, la tecnología no es capaz de interpretarla. Si se trata de tablas, es habitual que, en la información que recibes, los platos vayan por un lado y los precios por otro, con lo que no tienes ni idea de qué cuesta cada uno”.

El futuro parece estar en el uso de las llamadas gafas inteligentes en combinación con sistemas de inteligencia artificial capaces de contestar preguntas sobre la carta o el menú en cuestión. Manolo Álvarez, profesor ciego en la Universidad de Puerto Rico (UPR), lleva promoviendo soluciones tecnológicas accesibles desde 1996 en su web Manolo.net. En uno de sus podcasts más recientes, correspondiente a abril de esta año, experimenta con las gafas de Envision en alianza con la tecnología GPT-4 de OpenAI.

Esta tecnología identifica para este ‘podcaster’ los platos vegetarianos disponibles en el menú, el precio de cada una de ellos y los distintos ingredientes que figuran en el etiquetado de una de las bebidas. Más que navegar por una carta, lo que hace es ‘surfear’ por ella. “Las personas que ven tienen la capacidad de dirigirse en cada momento a la parte de la carta que les interesa. Nosotros no tenemos esa posibilidad, pero con herramientas como esta, que te permite hacerle preguntas sobre apartados, precios, etc., un invidente gana un tiempo precioso”, comenta Armengol.

Las personas que ven tienen la capacidad de dirigirse en cada momento a la parte de la carta que les interesa

Personas con visión parcial y albinos

Gema Mariscal es una aficionada al buen comer que tiene visión parcial. “En mi caso, cuando acudo a un restaurante, utilizo una lupa para poder acceder a la información. Sus principales enemigos son los diseños complicados o demasiado ‘artísticos’. “Tipografías de letra poco claras, maquetaciones de carta en las que la imagen está detrás de las palabras… lo ponen muy difícil”.

Mariscal destaca que, dentro del espectro de personas con visión parcial, hay muchos casos distintos. “Por ejemplo, las personas albinas tienen que ver en entornos más oscuros porque la luz les molesta. Su caso es diferente y en el restaurante tienen que procurar que estén ocupando un lugar en la mesa alejado de iluminaciones directas”.

Si se trata de buscar buenas prácticas en el sector, no siempre hay que mirar hacia la alta gastronomía. Mariscal salió gratamente sorprendida del Mesón del Champiñón (en las cercanías de la Plaza Mayor, en Madrid) gracias a las ‘tablets’ que ponen a disposición de los clientes: “Son de 16 pulgadas e incluyen nombre del platos, descripción, foto grande y hasta manera idónea de comerlos”, cuenta Mariscal.

En cambio, Armengol recuerda como una experiencia amarga una visita a un local de cierto nivel en el que se empeñaron en negarle el paso por ir con un perro guía. “Fue un episodio muy desagradable debido a la cerrazón del ‘maître', en este caso”.

Las dificultades para invidentes no terminan en la carta… Platos de formas extrañas en los restaurantes gastronómicos “en los que llegas incluso a meter la nariz”, comenta entre risas Armengol. Decoraciones barrocas como las de un local al que acudió recientemente Gema Mariscal tampoco lo ponen fácil: “El restaurante quería recordar a un circo y eso lo hacía tremendamente confuso para mí”.

Y al final, como en toda comida o cena, llega la cuenta… “Y muchas veces cuando te la dan no tienes ni idea de cuánto te va a costar lo que has pedido porque, o no te lo han contado o no lo has encontrado en el menú y con las subidas de precios actuales cualquiera sabe…”: sorpresas poco accesibles.