FLANCO SUR DE LA OTAN

Canarias: inteligencia sí, militarización no

Canarias pasa del 'no a la OTAN' a querer formar parte de la defensa del flanco sur: aunque las islas rechazan la militarización para afrontar los desafíos que vienen de África, abren las puertas a la inteligencia de la Alianza Atlántica

Maniobras militares Gruflex-18 en aguas de Canarias.

Maniobras militares Gruflex-18 en aguas de Canarias. / JUAN CASTRO

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I. D.

Sobre el tablero de las guerras modernas no solo se mueven balas, misiles y tanques. Ciberataques, terrorismo, campañas de desinformación, contaminación política, aislamiento económico o presión migratoria son algunas de las armas que se suman a los enfrentamientos entre países. La preocupación de España por estos peligros le ha llevado a reclamar a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) que se refuerce en su flanco sur para hacer frente a los peligros de este tipo que llegan desde el continente africano. En la cumbre de la Alianza en Madrid los días 29 y30 de junio, el Gobierno español planteará el despliegue de efectivos de la OTAN frente a África, algo que convierte a Canarias en un enclave estratégico.

Canarias, por su parte, rechaza la posibilidad de militarizar las Islas, aunque aboga por convertirse en un valioso territorio para la inteligencia de la OTAN. El planteamiento es monitorizar desde las Islas lo que ocurre en África Occidental y en la región del Sahel, ubicada a menos de 200 kilómetros de las costas isleñas y que incluye zonas de Mauritania, Senegal, Malí, Burkina Faso, Níger, Nigeria, Chad, Sudán, Eritrea y Etiopía.

Los partidos políticos canarios coinciden en la necesidad de aumentar la seguridad en la frontera sur de la Alianza, pero descartan que eso signifique instalar portaaviones o bases militares en la comunidad autónoma. Así, Canarias pasa de su «no a la OTAN» en el referéndum celebrado en 1986 a alinearse sin ambages con la defensa del flanco sur. En la década de los 80, el Archipiélago vivió un importante movimiento antimilitarista y se convirtió en una de las cuatro comunidades autónomas españolas –junto a Cataluña, Navarra y País Vasco– que rechazó la permanencia del país en la Alianza Atlántica.

Canarias hoy defiende la necesidad de aumentar el seguimiento que se hace de los países más próximos al Archipiélago, para facilitar una rápida respuesta ante potenciales amenazas. Esto implica reforzar el centro de inteligencia en Nápoles que recoge y analiza información sobre la situación en el norte de África, el Sahel y Oriente Próximo.

A la sombra de Ucrania

En el encuentro que mantendrán los jefes de Estado de los países miembros de la OTAN la próxima semana en la capital española se aprobará el nuevo concepto estratégico del organismo, que fijará sus prioridades políticas y operativas para la próxima década. Con la invasión rusa a Ucrania como telón de fondo, cabe esperar que la hoja de ruta que se trace gire en torno a los objetivos de defensa y disuasión en la Europa del Este. Esto deja en un segundo plano los problemas del sur.

Sin embargo, España lleva años esforzándose para lograr que la Alianza se interese por los desafíos que llegan desde África. Ya en la Cumbre de Gales, celebrada en 2014, el entonces presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, y su ministro de Defensa, Pedro Morenés, solicitaron que se tuvieran en cuenta los retos que llegaban desde el flanco sur. Desde entonces, los ministros posteriores han sostenido una estrategia de presión, pero la batalla se ha librado en solitario, con apoyos puntuales de Portugal e Italia y la resistencia de Francia a que la OTAN juegue un papel determinante en el norte de África. 

Una de las manifestaciones por la paz en Gran Canaria, en 1987.

/ ARCHIVO

Búsqueda de apoyos

El gobierno español insistirá durante la próxima cumbre en la necesidad de incluir la protección del flanco sur en el nuevo concepto estratégico, para que incorpore planes de respuesta ante desafíos como el terrorismo o las mafias migratorias. El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, ha mantenido en las últimos meses reuniones con sus homólogos de Francia, Italia y Portugal para recabar apoyos en la defensa del flanco sur y en la necesidad de estar preparados ante las nuevas amenazas. «Se puede desestabilizar la seguridad de un país poniendo a 15.000 soldados en sus fronteras, pero también con 15.000 inmigrantes irregulares», señaló Albares tras su encuentro en Roma con el ministro italiano de Exteriores, Luigi Di Maio, el pasado mayo.

España siempre puede argumentar la creciente presencia de Rusia en África y su cada vez más estrecha relación con los gobiernos de las inestables democracias del continente para llamar la atención sobre los problemas del sur. La expansión del grupo paramilitar ruso Wagner en países como Malí o República Centroafricana contribuye a desplegar los tentáculos del Kremlin. La presencia de estos mercenarios rusos empujó a Francia a salir de Malí y abandonar la operación Barkhane, con la que llevaba una década haciendo frente al yihadismo. Ante la inseguridad en el país, la Unión Europea desplazó sus tropas hacia otras regiones. Sin París ni Bruselas, la OTAN carece de presencia en la zona y los rusos pueden aprovechar para ocupar el vacío.

Con todo, los problemas enquistados en África –pobreza, guerras civiles, terrorismo yihadista, golpes de Estado o migraciones forzosas– requieren una intervención que va mucho más allá de lo militar y eso queda lejos a la Alianza Atlántica. A esto se suma que la OTAN no es bienvenida en la zona. Países como Argelia –una potencia regional y aliada de Rusia– no olvidan cómo Occidente intervino en Libia.

Ubicación privilegiada

En mayo se cumplieron cuatro décadas del ingreso de España en la OTAN. 40 años en los que el país ha colaborado en 22 misiones con más de 125.000 hombres y mujeres de las Fuerzas Armadas. Actualmente están desplegados casi 1.400 militares en operaciones bajo bandera de la Alianza. Unidades militares de las Islas como el Regimiento de Infantería Canarias 50 han participado en numerosas intervenciones internacionales dispuestas por la OTAN. El Archipiélago, como parte del flanco suroeste, tiene una ubicación privilegiada por ser nexo entre tres continentes y estar en las proximidades de uno de los principales flujos de transporte marítimo y aéreo hacia Europa y el Mediterráneo.

En Canarias hay un militar por cada 145 habitantes, según el último informe del Centro Delàs de Estudios por la Paz, un dato que convierte a las Islas en la quinta región española con más presencia militar, solo por detrás de Madrid, Andalucía, Aragón y Castilla y León. En cuanto a superficie, en el Archipiélago hay más de 744.700 hectáreas dedicadas a maniobras militares y más de 50 kilómetros cuadrados declarados zonas de interés de Defensa, con lo que en esos espacios predomina el uso castrense, prohibiendo a las administraciones públicas civiles su ocupación. Pese al claro «no a la OTAN» que dio Canarias hace 36 años, se han convertido en lugar de entrenamiento habitual de tropas españolas y multinacionales, que ensayan en las Islas antes de su envío a Afganistán o a países africanos.

Amenazas desde la frontera sur

¿Qué riesgos hay en el flanco sur de la OTAN?

La expansión de grupos islamistas, la bomba de relojería que se gesta en el Sahel o la montaña rusa de las relaciones diplomáticas con países del norte de África alarman a los países miembros de la OTAN que limitan con el sur. Los ataques terroristas, las amenazas a la ciberseguridad, el uso político de los recursos energéticos o la migración irregular son algunos de los riesgos que provienen desde el flanco sur de la OTAN. Las amenazas procedentes de África reciben, hasta ahora, una atención marginal por parte de la Alianza Atlántica, que reconoce que estos riesgos son difusos e indefinidos, pero no por ello dejan de ser reales, especialmente para los países ubicados en la frontera.

¿Preocupa la presencia rusa en África?

La figura de potencias como Rusia y China en África es cada vez más fuerte. Las alianzas del Kremlin con los inestables gobiernos de países como Malí, República Centroafricana o Sudán son muy estrechas, llegando incluso a desplazar a Francia y a la Unión Europea, que han retirado sus tropas de lucha antiterrorista de la zona. Además, la creciente presencia en el continente de los mercenarios del grupo Wagner ayuda a Vladimir Putin a ganar peso militar y político en la región del Sahel, a menos de 200 kilómetros de Canarias.

¿Desde cuándo inquieta a España el flanco sur?

El origen de la insistencia española por involucrar a la OTAN en el flanco sur viene desde la Cumbre de Gales de 2014. El entonces ministro de Defensa, Pedro Morenés, y el presidente Mariano Rajoy solicitaron que se tuvieran en cuenta los retos de la zona para la seguridad de los países miembros. La Alianza creó un plan de preparación para la acción. 

¿Qué apoyos tiene España para convencer a la OTAN de mirar hacia el sur?

España mantiene desde hace ocho años una estrategia de presión en solitario, con apoyos puntuales de Portugal e Italia, pero nunca de Francia, que no ve con buenos ojos que la OTAN tenga un papel determinante en el norte de África.

¿Cuál es el papel del vecino Marruecos?

Marruecos ha protagonizando una espectacular escalada armamentística. Su afán es dominar la región y plantar cara a Argelia, con quien mantiene un enfrentamiento por el Sáhara Occidental. España ha contribuido a incrementar las tensiones tras el giro histórico sobre la antigua colonia, posicionándose del lado marroquí. Si bien el viraje se debe a las coacciones ejercidas por Rabat a través de la presión de los flujos migratorios o el cierre de las fronteras con Ceuta y Melilla. Ahora, Argelia muestra su malestar amenazando con un corte energético. Los altibajos en las relaciones con los vecinos del sur son un riesgo que España llevará ante la OTAN, aunque sin mencionarlos directamente para no tensar más el ambiente.

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