CANARIAS

Alexis Ravelo: «Tuve la suerte de nacer en una ciudad donde veías el mundo sin viajar»

«Prefiero no progresar y quedarme en Las Palmas de Gran Canaria a irme. Donde sé escribir es en esta ciudad. Mi escritura es indisoluble de mi residencia aquí, aunque algunos libros los ambiente fuera. No sé vivir ni quiero vivir en otro lado»

Alexis Ravelo, Hijo Predilecto de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, en Triana

Alexis Ravelo, Hijo Predilecto de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, en Triana / ANDRÉS CRUZ

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Carla Rivero Pérez

Alexis Ravelo (Las Palmas de Gran Canaria, 1971) se ha convertido en un escritor de éxito que retrata en sus obras su isla, Gran Canaria, y sobre todo su ciudad, que este año con motivo de sus fiestas fundacionales le entregará el honor de Hijo Predilecto. Antes de llegar a este punto, Ravelo cursó estudios de Filosofía Pura y asistió a talleres creativos impartidos por Mario Merlino, Augusto Monterroso y Alfredo Bryce Echenique. Dramaturgo, autor de libros de relatos y de varios libros infantiles y juveniles, ha ahondado en la novela negra con títulos como La estrategia del pequinés, la saga de Eladio Monroy o Los nombres prestados, logrando el Premio Café Gijón 2021. Alexis Ravelo pasea por el centro de la ciudad y no deja de saludar. De lejos, de cerca, con abrazos o apretones, lo felicitan porque las alegrías compartidas son más, y él va a los sitios de siempre, que si Vegueta, Guanarteme, La Puntilla o Los Nidillos, la cafetería del Campus del Obelisco, donde observa pasar el tiempo por esta urbe de bruma y misterio que lo ha visto nacer y consagrarse como escritor.

Tanto Eladio Monroy como Tito el Palmera o tantos otros de sus personajes han repetido sus pasos por las calles de Las Palmas de Gran Canaria.

En mis novelas intento reflejar las partes más negativas de todos los ambientes que retrata, hay un tratamiento expresionista del espacio donde te vas a fijar en lo desagradable. Entonces, es muy curioso que, al final, muchos lectores te digan que quieren venir y conocer Las Palmas de Gran Canaria aunque hayas paseado por la ciudad fijándote en lo más negativo y, aun así, logres hacerla atractiva. Es paradójico. Cuando me llamó el alcalde para darme la noticia, le dije, ‘será hijo ilegítimo, ¿no?’. Eso es lo que me tocaría porque, en realidad, uno presenta una visión muy gamberra de la ciudad que adora.

¿Qué supone para usted la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria?

Cosmopolitismo, tolerancia y, a la vez, no olvidarte de quién eres. Hay sectores de la península que intentan inculcar lo contrario. Desde niño oía en el puerto idiomas, y veía gente con chador, chilaba. Tenemos la tolerancia en el ADN y ojalá no se pierda. Siempre me pareció una ciudad fantástica porque no es solo tricontinental, sino eminentemente portuaria. Su tradición de gran puerto refleja esa tendencia a la tolerancia maravillosa y esa posibilidad de ser influida por culturas de todo el mundo.

¿Qué ha aprendido de otros escritores canarios, como Tomás Morales o Alonso Quesada para retratar la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria?

Uno tiene que ser consciente de que forma parte de una tradición que contribuye a prolongar, luego dialogas con ella dándole la razón o quitándosela. En el caso de ellos, se la doy, son los primeros que hablan de la ciudad desde un punto de vista urbano influenciados por el modernismo, como Poema de la ciudad comercial de Morales. Cuando uno escribe sobre los espacios no intenta reflejarnos sino re-crearlos para tu ficción. Las novelas de Antonio Lozano, José Luis Correa y las mías transcurren en la misma ciudad, pero son distintas. Somos autores con textos más urbanos, muy distintos a la generación de los 70 que miraba más al interior, al monte, a los barrios donde vivían los que habían llegado, como Víctor Ramírez, por ejemplo, siete sitios puede ser el risco o cualquier pago de pueblo.

A nivel personal, ha crecido aquí, ha escuchado como camarero y luego como novelista, ¿cómo ha sentido que ha evolucionado el entorno?

No sabría decirte. Ha cambiado el mundo, no solo la ciudad. Por un lado, Las Palmas de Gran Canaria sigue teniendo todo aquello que me gustaba cuando era chico, todo aquello que ha hecho que no me fuera, como tener una ciudad muy cosmopolita, moderna, donde puedes tener todo lo que tienes en las grandes ciudades sin casi ninguno de sus vicios y, al mismo tiempo, ir por la calle Triana y encontrarte con los amigos. En cuanto a lo que a mí no me han gustado, puede ser la tendencia a hacer la vida social en centros comerciales, como esos lobos que la rodean dispuestos a devorarla que he dicho en mis libros, o la desaparición de pequeñas y medianas empresas de toda la vida. Por ejemplo, me enteré que cerró el asadero de pollos de La Plazuela y se me rompió el corazón. Uno intenta aferrarse a los sitios que ama.

La desigualdad entre la periferia y el centro sigue estando vigente. Seguimos sin saber cómo solucionarlo, ¿no?

Parece que hay hasta fronteras físicas hablando siempre de ciudad alta y baja y del cono sur. Yo soy de Escaleritas con sus bloques de cuatro pisos y sé lo que es no ser del centro de la ciudad, ser un ciudadano distinto. De hecho, hay una cierta manera de pensar en esta ciudad que todavía está muy preocupada en lo que ocurre en la parte baja sin darse cuenta de que muchas de las soluciones están en los otros apartados, como el tráfico o la gentrificación.

¿Y la efervescencia cultural?

Siempre hemos sido muy despiertos a las manifestaciones culturales que venían y sabíamos apropiárnoslas. ¿Por qué tenemos tan buenos músicos de jazz por metro cuadrado?, a lo mejor porque durante veinte años hemos tenido un festival de jazz adonde iban de niños. Si me hicieras esta pregunta con respecto a otras ciudades del Archipiélago o del país tendría sentido, pero nunca he notado un cambio en ese sentido.

¿Nunca ha querido irse fuera?

Lo mío con Las Palmas de Gran Canaria es una relación de amor-odio. Te cabreas por el tráfico, ahora no me dejan fumar en la playa, pero es una ciudad de la que nunca me he planteado irme. Cuando empecé a escribir todo el mundo soltaba el típico discurso aquel bobo en el que para progresar tenías que irte a Madrid o a Barcelona… Prefiero no progresar y quedarme aquí. Donde sé escribir es en esta ciudad. Mi escritura es indisoluble de mi residencia aquí, aunque algunos libros los ambiente fuera. No sé vivir ni quiero vivir en otro lado. Nos quejamos, pero tenemos una calidad de vida tremenda. Entiendo a las personas a las que esto se les hace pequeño, pero yo tuve la suerte de nacer en una ciudad donde veías el mundo sin viajar. Mi primer avión lo cogí a los 21 años y lo que veía fuera no me sorprendía.

¿Qué significa ser hijo predilecto?

Me siento un poco intruso. Tenía otra entrevista con otros hijos predilectos y la entrevistadora les preguntaban qué habían aportado: Tino Montenegro su labor municipal, Dania Dévora con el Womad y otros eventos, y Alexis Ravelo... Nada, ¡yo solo me he llevado! Me he aprovechado del ambiente, de los tonos, de nuestra manera de hablar peculiar de los palmenses. Yo soy un gamberro y lo voy a seguir siendo siempre, pero como la ciudad es mi madre pues las madres quieren a los hijos sean como fueren. De hecho, al gamberro lo quieren más porque lo tienen que proteger. Para mí, ha sido una distinción que me ha sorprendido, me sobrepasa un poco y que siento que no soy para nada merecedor. Me honra.

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