ANDALUCÍA

El alga asiática cimenta la costa: "Es como el Prestige pero no se puede hacer nada"

  • Los pescadores de la flota artesanal y de arrastre de las cofradías andaluzas avisan de las graves consecuencias socioeconómicas y de la desaparición de especies autóctonas

  • El Ministerio de Transición Ecológica estudia acciones centradas en la prevención tras declarar esta alga especie invasora, con duras críticas a su lentitud por parte de los colectivos afectados

El alga asiática cimenta la costa: "Es como el Prestige pero no se puede hacer nada"
8
Se lee en minutos

La ‘Rugulopteryx okamurae’ cimenta ya buena parte de los fondos marinos de la costa andaluza desde el Estrecho de Gibraltar hasta Almería, por Cádiz, Málaga y el Mar de Alborán. Con voracidad, está extendiéndose por todo el arco Mediterráneo. Donde hay roca, la llamada alga asiática prolifera. Lo último ha sido su llegada a Canarias y antes a Portugal, hasta las Azores, o Francia. Las elevadas temperaturas del mar ayuda a que esta especie que corría veloz por el Mediterráneo se atreva también con el Atlántico.

Es la primera especie de alga incluida en el listado de especies de especial preocupación para Europa, advierte la profesora de la Universidad de Málaga María Altamirano, una de las mayores especialistas en algas invasoras. La ‘Rugulopeteryx’ es la cuarta detectada en las costas andaluzas pero es la que más ha proliferado. Europa mira ojo avizor.

En el tramo más afectado, por el Estrecho de Gibraltar, desde Algeciras hasta Barbate, La Línea, Tarifa o Conil, la llamada alga asiática lo destruye todo a su paso y ha provocado una caída del 90% en las capturas desde 2015 a 2020, según los datos remitidos al Ministerio por las cofradías de pescadores. Acaba con las especies de autóctonas y ahuyenta a los peces comunes de la zona. “Ni centollos, ni cañaillas, ni ortiguillas, ni urtas, ni corvinas ni chocos...” “Cada vez hay menos”. Las especies de la zona no se la comen porque tiene un ligero toque picante y huyen a otros caladeros.

Los barcos de la flota artesanal y de arrastre han visto caer en picado sus capturas los últimos cinco años por este alga invasora.

/ EPE

Una tupida manta de color verde parduzco está hormigonando a más de 150 metros de profundidad el Estrecho y destruyendo el fondo marino con graves consecuencias medioambientales y socioceconómicas, para la pesca, para el turismo. Suena dramático. Lo es. “Es catastrófico. Es como el Prestige pero aquí no se puede hacer nada”, dice José Manuel Dávila, presidente de la Federación Andaluza de Asociaciones de Pesca Artesanal (Fenapa). José María Gallart, presidente de la Federación Andaluza de Asociaciones Pesqueras (Faape), corrobora que la situación es “muy preocupante” y lamenta que el Ministerio para la Transición Ecológica tardara dos años en clasificar la ‘Rugulopteryx’ como especie invasora para ahora presentar un plan de gestión “que no ha ido a tocar el fondo del tema”. “Esto empezó en Cádiz y ya prolifera por Cabo de Gata”, resume para contraponer la velocidad con la este alga va colonizando el fondo marino y la lentitud de la burocracia de las administraciones. Afecta a la flota artesanal y a la de arrastre, explica Gallart, el barco que tope con el alga ya tiene hecha la semana. “No solo no trae ningún pescado sino que la limpieza de las artes lleva mucho tiempo y es muy costosa”, explican los pescadores. “Un arte de pesca son unos 1.500 euros (alrededor de 750 metros de redes y cada barco, según su capacidad, cuenta con entre tres y cinco artes). A veces hay que tirarlas”, explica Dávila. El sector está afectado por el elevado precio del gasóleo y cualquier coste añadido asfixia su actividad.

Miran al atún rojo

Exigen alternativas. El próximo día 24 de agosto acuden a otra reunión con el Ministerio de Agricultura y Pesca y ultiman un inventario de los barcos que han desaparecido por culpa de este alga en los últimos años. “Lo que pedimos es alternativas de pesca. Lo único que queda es el atún rojo y lo tienen en monopolio cuatro apellidos. Que nos dejen pescar a nosotros como medida excepcional. La situación es límite”, señala Dávila.

El presidente de Fenapa acudió días atrás a la última reunión con el Ministerio para la Transición Ecológica. Les presentaron un plan de acción y les trasladaron prácticamente que no se puede hacer nada por erradicar esta especie, dice Dávila. “Lo que nos dieron es más dolores de cabeza porque ahora nos piden que limpiemos las artes con lejía, para impedir la proliferación del alga esta que puede sobrevivir para su reproducción hasta 21 días en la arena de la playa, los puertos o en las redes”, explica, “pero esto ya no tiene solución, han llegado tarde, muy tarde”, se lamenta el portavoz de la flota artesana.

Las algas destrozan las redes con las que faenan los pescadores.

/ EPE

La profesora María Altamirano, del departamento de Botánica y Fisiología Animal de la Universidad de Málaga, ha coordinado a un grupo de investigadores de distintos departamentos de la UMA, la Universidad de Granada y una Universidad de Japón que ha asesorado al Ministerio en la elaboración de la estrategia. Admite el drama que viven la flota de Cádiz pero avisa de que la clave está en la prevención para que no ocurra lo mismo en el Levante español y frenar o, al menos, ralentizar su proliferación por el litoral Mediterráneo. Ese documento del Ministerio debe guiar a partir de ahora todas las actuaciones y la clave para frenar la dispersión está en la limpieza y desinfección de las artes de pesca, de las embarcaciones de recreo o de los equipos de buceo. Las comunidades deberán agilizar sus protocolos para retirar de las playas esas grandes biomasas de algas. “Los arribazones se tienen que gestionar de manera eficiente. La prevención es muy importante y es algo que tenemos que trasladar a toda la ciudadanía”, defiende Altamirano, una de las mayores especialistas de España en este asunto. La erradicación, señala, solo es posible “como medida muy excepcional y cuando se da una detección muy temprana”. Si no, avisa, no sirve de nada.

Prevenir sí, erradicar no

De lo ocurrido con el alga asiática no hay precedentes en España ni en Europa. En 2015, el Instituto de Estudios Ceutíes contactó con esta experta para pedirle un diagnóstico de arribazones de alga parda detectada en la zona. Altamirano fue la primera en clasificar y catalogar la especie invasora. Esta experta no juzga si la administración ha actuado con lentitud, solo puede decir que en estos momentos tanto el Ministerio, “que está actuando de manera muy responsable desde que tuvo conocimiento”, como la Junta de Andalucía, que es plenamente consciente del problema, están abordando "con eficiencia" la situación. “Posiblemente nadie supo prever que iba a ser tan agresivo”, señala.

La Conferencia Sectorial del 28 de julio, la misma en la que el Ministerio sostiene que informó a las comunidades del decreto de ahorro energético, incluyó un punto con este enunciado: “Aprobación de la Estrategia de gestión de la Rugulopteryx okamurae”. La Junta de Andalucía ha aprobado dos convocatorias de ayudas en 2020 y 2022, 100 euros por día y buque y un máximo de 30.000 euros por armadora. Un total de 1,5 millones en el primer paquete y 954.900 en la segunda convocatoria.

Prohibido comercializarla

Isabel Torres, portavoz de Verdemar Ecologistas en Acción, narra que hace siete años, 2015, encontraron un arribazón de algas en la playa de Getares, en Algeciras y rápidamente detectaron que no eran autóctonas. Remitieron de inmediato un escrito a la Junta de Andalucía. “2016,2017, 2018, 2019... no hicieron nada. Ni la Junta ni el Gobierno. Hasta 2020 no se declaró especie invasora y de lo que ha servido básicamente es para que prohíban su comercialización o uso empresarial. Es que está fuera del sentido común”, narra Torres. La primera noticia que tuvo Ecologistas de una administración fue una carta de la Unión Europea en 2020, “en plena pandemia”, que daba cuenta de que conocía el problema y comunicaba que las administraciones españolas disponían de fondos europeos para combatirlo.

Las algas destruyen la especies autóctonas y cimentan el fondo del mar. En la imagen un caballito en el Estrecho.

/ EPE

La llegada de grandes volúmenes de arribazones de alga a las playas tiene consecuencias para el turismo y su retirada es cada vez más costosa. “En 2019, cinco ayuntamientos de las provincias de Málaga, Cádiz y Ceuta tuvieron que retirar hasta diez mil toneladas de algas, lo que supuso un coste de 400.000 euros”, informa el Ministerio. En Tarifa hace ya dos veranos que lo sufren. La asociación de Tarifa Algas del Estrecho intentó sacar algo bueno de la invasión y creo con estas algas cosméticos, plantillas y cordones de zapato. El pasado junio el Ministerio negó los permisos para el aprovechamiento comercial del alga invasora. Otro proyecto de la Universidad de Cádiz consiguió un premio por conseguir biocombustible a partir de esa especie, se podía utilizar como fertilizante o como sustituto del plástico para fabricar contenedores o mobiliario urbano. Su declaración como invasora lastra cualquier proyecto empresarial. La Junta de Andalucía sí apoya y solicita su comercialización para ayudar a erradicar el problema. Ahora mismo las toneladas de residuos se llevan a los vertederos.

Ecologistas llevó a la Fiscalía General del Estado una denuncia en 2017 por la llegada de este alga que indican se coló por los buques mercantes que llegan al Puerto de Algeciras desde los mares de Asia. Denuncian que no se cumplieron los protocolos de la UE ni el convenio internacional para la gestión de aguas de lastre, que obligan a utilizar preparados químicos que maten cualquier ser vivo cuando los barcos deslastran agua. Están convencidos de que fue la vía de entrada del alga invasora. “Nunca se podrá señalar el culpable”, advierte la profesora Altamirano. De lo que no cabe duda es que estas algas que suelen vivir en las costas asiáticas del Pacífico solo pudieron llegar por transporte marítimo y que en Tánger Med o Algeciras estará el origen y no en un barco, posiblemente en muchos.

Noticias relacionadas