RESTRICCIONES DE AGUA

El verano que no hubo ni higos: la Sierra de Huelva se revuelve contra la sequía

Los vecinos juegan al dominó en la plaza de Cortelazor.

Los vecinos juegan al dominó en la plaza de Cortelazor.

  • Los vecinos admiten los cortes diarios por la falta de lluvia pero se amotinan contra la gestión de la empresa de aguas, a la que culpan de falta de planificación y mal funcionamiento

  • Giahsa está siendo investigada en la Oficina Antifraude y la Junta declaró ilegal la asignación que los partidos políticos estaban cobrando en Huelva con cargo al recibo del agua de sus vecinos

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Bajo la mirada atenta de San Antonio, que preside el pórtico de las fiestas, Higuera de la Sierra (1.293 habitantes, Huelva) se engalana para el ‘gran día de la sangría’, a mediados de agosto. No son ni las once pero Bernabé ya vuelve del campo, donde acude cada día antes de la siete de la mañana para dar de comer a las vacas y ordeñarlas. Cada día queda menos agua en la alberca de la que beben sus animales. “Para el ganado agua todavía hay. Todavía. Otra cosa es que venga septiembre y llegue octubre y siga sin llover. Entonces...”. No hay pasto. El suelo es un secarral. Hay que alimentar a cabras, cochinos y vacas. En la zona proliferan las explotaciones familiares. Cuando se acaba el agua en una finca trasladan el ganado a otra. Van bandeando la sequía.

Los huertos este año no han dado tomates, ni calabazas ni brevas. “Este año es que no hay ni higos. Eso no le visto yo en mi vida. Entran los ciervos a comerse las hojas de la higuera que están ‘esmayaos’ los bichos”, dice un lugareño en ‘El Maño’, un bar en la plaza de Cortelazor (200 habitantes en invierno, 1000 en verano). Los trabajadores llegan del campo a echar un vino o apurar una cerveza fría antes de descansar un rato y volver al tajo. "El barranco, un hilillo de agua; el ‘Charco Malo’ nada; la Ribera sin agua...”. Este año no hubo ni setas.

La falta de lluvia tiene contra las cuerdas a los agricultores y a los ganaderos. El campo vive de sus pozos. Higuera y Cortelazor forman parte de los diez pueblos de la Sierra de Aracena y Picos de Aroche afectados por los cortes de suministro desde julio. De doce de la noche a siete de la mañana y de cuatro a seis de la tarde no hay agua. Hay alquilares rurales suspendidos. Cortelazor celebra este fin de semana el certamen de pintura y el 15 de agosto los días grandes.

El ganado reposa a la sombra en una de las fincas del término municipal de Higuera de la Sierra.

/ EPE

Una factura cara

Todos asumen que hay que arrimar el hombro y se revuelven contra el derroche de agua. Mariana charla con su vecina María Prado. Presume de que ella lleva “mirando por el agua” hace meses. “A mi no me lo tienen que decir. Yo sé perfectamente lo que está pasando el campo. Que no llueve ni gota. Mira yo no desperdicio ni el agua de la lavadora. Cuando va a desaguar le meto la manguera y lleno los cubos para baldear. En mi casa no se tira ni una gota. Tres macetillas que tengo y ya”. Su vecina le replica. “Yo mis macetas no las voy a dejar secarse. Que hay que estar sin agua, se está. Pero mira...”. No duda en rebuscar y salir con un papel en la mano. Es la factura del agua del último mes. Bajo el logotipo de Giahsa, empresa pública de gestión de servicios mancomunados, figura la cantidad: 62 euros. “El último mes pagué 40. Quién me explica esto. Con el agua cortada todas esas horas. Esta es la indignación que tiene la gente”, resume la vecina con el beneplácito de otras amigas que van llegando y se suman. “Que pagamos más de agua que de luz”, agrega ante el grupo de cabezas asintiendo.

Cala, Cortelazor, Cumbres de Enmedio, Cumbres Mayores, Cumbres de San Bartolomé, Higuera de la Sierra, Hinojales, Puerto Moral, Santa Olalla del Cala y Valdelarco son los pueblos que sufren los cortes nocturnos. Giahsa explica que son fruto de la ola de calor y una dilatada sequía. Los vecinos asumen la ausencia de lluvia pero añaden problemas en la gestión, averías que tardan días en arreglarse mientras brota el agua en la calle, precios desorbitados en la factura y una empresa de la que echan pestes cuando se la menciona. Los alcaldes ratifican los que dicen sus votantes. Franco Javier de Pablos, desde 2015 regidor de Cortelazor es claro: “Gestión Irresponsable del Agua de Huelva Sociedad Anónima, eso es Giahsa”, señala. Fue candidato del PSOE pero es independiente y está de baja tras un infarto que le ha dejado claro que será su último mandato. Los vecinos echan de menos cuando un solo trabajador municipal llevaba basura y agua. Aseguran que funcionaba mejor.

Beatriz, una vecina de Cortelazor, posa con una foto antigua junto a sus hermanas en el que fue un frondoso jardín en su casa.

/ EPE

Giahsa es una sociedad mercantil, de naturaleza pública, porque depende exclusivamente de la Mancomunidad de Servicios de la Provincia de Huelva (MAS), integrada por 67 municipios a los que actualmente presta servicio de aguas y recogida de residuos sólidos urbanos. La Mancomunidad, que se constituyó en 2010 después de un largo y complicado proceso administrativo que duró dos años, nace de la Mancomunidad de Aguas del Condado y de la Mancomunidad de Aguas de la Costa de Huelva. Funciona como una Diputación o un Parlamento autonómico, se asigna un dinero a los partidos políticos en función del número de concejales que aporten al órgano. Solo Cs se apartó de esta forma de financiación que la Mancomunidad asegura que es legal y está amparada en la ley de partidos. El exdiputado de Cs por Huelva, Julio Díaz, acudió en junio a la Oficina Antifraude de Andalucía para pedirle que investigue a Giahsa “por opacidad y falta de transparencia”. En la solicitud Cs señaló que hay “un red tejida por el PSOE en un órgano para financiarse y los ciudadanos de Huelva están pagando muy cara la factura del agua”. Giahsa ha afrontado la quiebra acudiendo a fondos de inversión extranjeros.

2 millones se llevan los partidos

En mayo de 2022, la Junta de Andalucía, a través del delegado territorial en Huelva de Turismo, Regeneración, Justicia y Administración local, declaró que la asignación que reciben los partidos “carece de apoyo legal”. El Parlamento andaluz encargó una auditoría a la Cámara de Cuentas. Con cargo al recibo del agua de Giahsa, los partidos de la Mancomunidad se han venido embolsando una cantidad fija de 22.500 euros más 700 euros por concejal. En total, 2,4 millones de euros desde 2011. El Gobierno andaluz ha prometido suprimir el canon del agua. 

El gerente de Giahsa, Juan Ignacio Tomico, no entra en nada político, remite a la Mancomunidad, pero sí da la cara y asume las quejas, aunque defiende la gestión de una empresa que da servicio a 67 municipios, unas 150.000 viviendas y 240.000 habitantes, con las dificultades que entraña atender los pueblos de la Sierra por su dispersión y su orografía. Es la Huelva vaciada. En los municipios de menos de 500 habitantes se bonifica un 20% la factura, también los jubilados tienen descuentos. "La factura no sube desde 2018, cuando bajó un 8%". En la Sierra de Aracena atiende a 26 pueblos, 64 núcleos de población. Con cuatro veces más población, en la costa onubense el servicio funciona con 5 trabajadores. En esta zona son 12. Giahsa no plantea bonificar la factura por los cortes y advierte que hay “sobrecostes”. Los cortes de agua disparan las averías. La empresa comunica que ha invertido 200.000 euros más para atenderlas.

Una de las muchas fuentes de la Sierra de Huelva por las que ya no brota agua.

/ EPE

En Aracena han estado unos días con cortes de agua por unas obras. La indignación es palpable en cualquiera de sus comercios. “Esto ha sido una vergüenza”, sostiene la trabajadora de una gasolinera. Los vecinos han sido convocados a protestas e Independientes de Aracena ha promovido un referéndum para decidir si quieren estar en Giahsa otros 15 años.

El agua se va a Sevilla

“Cada vez que veo el camión me entra una pena”, dice Beatriz, una vecina de Cortelazor. Se refiere al vehículo cisterna que cada día acude a llenar el depósito del pueblo. Saca una foto antigua, con sus hermanas, posando en un jardín que era un vergel y hoy cuenta con pocas plantas. En los pueblos se acuerdan de la sequía del 82, cuando fue el Ejército. De la de 1992, “cuando toda el agua se fue a la Expo de Sevilla”. “Mira todo en dos, a ver si toca”, dice una vecina de Valdelarco. El agua del grifo sale canosa. En el colmado que regenta Isabel en Cortelazor se llevan las garrafas de agua mineral. “El agua es cara y mala”. “Llueve poco y mal”. Repiten por todos los pueblos.

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Las trabas burocráticas se ceban con quienes quieren abrir un nuevo pozo en su finca. El proyecto visado de un ingeniero tarda “un año con suerte, mínimo dos” para ser autorizado por la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir (CHG). “Mucho papeleo, muchísimo”, dice Bernabé. Sobre la mesa del alcalde de Cortelazor hay un papel con una anotación: “Para prospecciones acuíferos” y cuatro zonas rodeadas con un círculo. En el consistorio confirman que es para una reunión con los técnicos de la CGH, que buscan “alternativas”. Los pueblos de la Sierra beben de pozos. El gran pantano de Aracena, que construyó Franco y que en realidad está en los términos de Zufre, Puertomoral y Corteconcepción, nutre solo a Sevilla. “¿Ha oido hablar del anillo hídrico? Pues es todo mentira”, dicen los vecinos. La obra, de la Junta de Andalucía, lleva décadas en la Sierra prometida sin ejecutarse y es ahora el PSOE, que gobernó esas lustros, quien la pide al PP, que asegura que “ya” van a comenzar los trabajos.

Fuentes, lavaderos, riberas, cañaverales, manantiales, fontanales... el agua es el más rico patrimonio de la zona. “Y qué calor, chiquilla, qué calor”, dice Prado mientras se seca la frente. “Podemos ir a coger agua a la fuente de Mari Mateo”, le recuerda la vecina, “que sale fresquita y limpia”. “Es lo que toca, que pena”.