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ENTREVISTA

Lalo Antón, enólogo: "Se bebe menos vino, pero mejor; el otro gran reto es resistir al cambio climático"

El director general de Finca Villacreces analiza el presente del vino, el auge de las experiencias, el impacto del cambio climático y el nuevo rumbo de una bodega situada en plena Milla de Oro de Ribera del Duero

Lalo Antón, al frente de Finca Villacreces, en plena Milla de Oro de Ribera del Duero.

Lalo Antón, al frente de Finca Villacreces, en plena Milla de Oro de Ribera del Duero. / Cedida

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Andrea San Martín

Andrea San Martín

Valladolid

El vino ya no se juega solo en la copa. También se juega en el paisaje, en la historia que rodea a una finca, en la forma de recibir al visitante y en la capacidad de una bodega para adaptarse sin traicionarse. Lalo Antón, director general del Grupo Artevino y de Finca Villacreces, lo resume con una idea clara: el consumidor bebe menos, pero exige más. Más calidad, más coherencia, más autenticidad y más experiencia.

Villacreces, situada en plena Milla de Oro de Ribera del Duero, no nació para ser una bodega más. Cuando la familia Antón llegó al proyecto en 2004, buscaba una finca con legado, viñedo propio y un emplazamiento capaz de sostener una marca de prestigio. Dos décadas después, la bodega mira al futuro con nuevos vinos, viñedo ecológico, enoturismo de grupos reducidos y una lectura muy clara del sector: adaptarse sí, pero sin perder el ADN. En Madrid, Creta, el nuevo vino de Finca Villacreces, tendrá una distribución muy limitada: estará en El Corte Inglés Gourmet y en una selección de restaurantes de perfil gastronómico alto, con presencia en espacios vinculados a grupos como Cañadío o La Máquina.

Finca Villacreces.

Finca Villacreces. / Cedida

Cuando llegasteis a Finca Villacreces en 2004, ¿qué viste allí: una bodega por recuperar, una finca con historia o una oportunidad para hacer algo distinto en Ribera del Duero?

Nosotros teníamos claro que queríamos reinvertir todo lo generado por el proyecto del vino en seguir construyendo vino. Después de Izadi, Finca Villacreces fue la segunda pieza de Artevino. No buscábamos crear una bodega desde cero, sino dar continuidad a un legado en una zona premium como la Milla de Oro de Ribera del Duero. Villacreces reunía todo lo que buscábamos: una gran extensión de viñedo propio, un emplazamiento de primer nivel y un entorno que enamora. Los pinos bicentenarios, el paisaje y la calidad del viñedo hacían que el lugar estuviera muy ligado al producto.

¿Hasta qué punto el paisaje forma parte del vino?

Es fundamental. Finca Villacreces es una finca y lo que distingue a una finca es precisamente el entorno. Puedes tener cien hectáreas de viñedo plano, pero no es lo mismo. Aquí tienes un bosque de pinos bicentenarios, un lago, el río Duero detrás, Vega Sicilia a mano izquierda y un entorno lleno de fauna y flora. Ese es el concepto de finca. No se trata solo de hacer vino, sino de que el lugar tenga una identidad propia. El paisaje también construye marca y también construye experiencia.

Tras la remodelación y reapertura de 2007, Villacreces se abrió también al enoturismo. ¿Cuándo entendisteis que una bodega ya no solo debía hacer vino, sino también contar una experiencia?

Ya teníamos experiencia en Rioja. Fuimos pioneros con una bodega de puertas abiertas, con restaurante y hotel, y hablamos del año 87. Ahora puede parecer más normal, pero hace casi 40 años era algo diferencial. En Villacreces quisimos hacer algo parecido, pero con un concepto distinto. Izadi quizá está más enfocada a la gastronomía y Villacreces está más enfocada a la naturaleza de la finca. Creemos que el enoturismo es una herramienta muy importante para construir marca. Que la gente te visite, tenga una experiencia y vea lo que estás haciendo. Por eso seguimos siendo muy activos. Estamos abiertos todos los días del año y trabajamos experiencias para grupos pequeños, con un servicio muy cuidado. No buscamos algo masificado, sino propuestas como picnics, recorridos con bicicletas eléctricas por el viñedo y actividades que permitan vivir la finca.

Con Pinos Claros y nuevos proyectos como Val de las Cuevas, Villacreces ha ampliado su trabajo en torno al viñedo. ¿El futuro del lujo en el vino pasa más por la autenticidad del territorio que por la exclusividad de la etiqueta?

Una marca tiene que saber muy bien hacia dónde va dirigida desde el principio para que todos los pasos sean coherentes. Si quieres hacer algo de prestigio o de lujo, todo tiene que tener coherencia. Y dentro de esa coherencia, el producto tiene que ser de máxima calidad. El emplazamiento, la forma de trabajar, los viñedos, el cultivo ecológico… todo eso te permite conseguir un vino de máximo nivel. A partir de ahí, todo lo que haces alrededor sirve para construir la marca en esa dirección. Si haces cosas que no tienen sentido, chirría y cambia la dirección de la marca. En Villacreces empezamos con la finca que rodea la bodega, después incorporamos Pinos Claros y ahora hemos adquirido Val de las Cuevas, justo enfrente, para desarrollar un proyecto con un suelo muy especial.

Ese nuevo proyecto es Creta. ¿Qué aporta este vino a la historia de Villacreces?

Creta nace de una finca llamada Val de las Cuevas, con suelos calizos, blancos, muy pobres, en una zona de mucha altitud. Villacreces está a unos 725 metros y esta finca está en torno a los 900 metros. Ahí el tempranillo se comporta de una manera distinta. En nuestra zona puede tener notas de fruta roja o fruta negra, pero en estos suelos calizos aparecen notas de fruta azul, tipo arándano. Son vinos con estructura, tensión, intensidad, buena acidez y capacidad de guarda. Además, en la crianza trabajamos una parte en depósitos de hormigón, como se hacía antiguamente, y otra parte en foudres de madera, que son mucho más grandes que las barricas. Eso permite respetar la fruta y darle un toque de madera más ligero. Es un vino muy especial y de producción limitada: apenas unas 12.000 botellas.

Lalo Antón, director general de Finca Villacreces, donde el vino se entiende como territorio, legado y experiencia.

Lalo Antón, director general de Finca Villacreces, donde el vino se entiende como territorio, legado y experiencia. / Cedida

El vino vive un momento de cambio: menos consumo, nuevos hábitos y más búsqueda de experiencias. ¿Cómo estáis leyendo desde Villacreces a ese nuevo consumidor?

Es importante tener clara la visión y la dirección de la bodega. Hay bodegas que están en un cruce de caminos y no saben si tirar hacia un lado o hacia otro. Nosotros lo tenemos muy claro: miramos hacia arriba y tiramos hacia delante. Queremos seguir premiumizando la experiencia y el producto. Cada vez intentamos hacer las cosas mejor porque la búsqueda de la excelencia ya estaba en nuestros valores. Somos conscientes de que se consume menos cantidad, pero de mayor calidad. Esa es nuestra meta. También es cierto que el sector se está contrayendo, pero el mercado internacional es muy grande. Por eso apostamos por seguir abriendo puntos de venta fuera, con nuevos distribuidores, nuevos países y nuevos establecimientos.

¿Qué está pasando con el consumo nacional?

No es solo una moda healthy. Hay más cosas detrás. Han entrado nuevas bebidas que compiten con el vino: destilados, bebidas preparadas... Productos que también transmiten una experiencia. Además, ha subido el coste de la vida y el vino en restaurantes también ha subido. Eso hace que no todo el mundo pueda consumir como antes. En vez de tomarse una botella entre dos, quizá se toma una copa cada uno, pero de algo mejor. Ahí es donde nosotros queremos estar posicionados.

En un mercado cada vez más competitivo, con vinos de muchas zonas, estilos y precios, ¿qué tiene que hacer una bodega para no quedarse solo en una etiqueta reconocida?

Lo primero es adaptarse a los cambios, pero respetando el ADN de la marca y el trabajo hecho durante muchos años. Hay categorías que están creciendo, como los vinos sin alcohol, los bajos en alcohol, los semidulces o los espumosos. Pero cada bodega tiene que valorar si su marca tiene hueco en esas categorías o si necesita adaptarse de otra manera. A lo mejor la adaptación pasa por abrir más distribución, por invertir más en el extranjero que en España o por reforzar otros canales. Cada uno tiene que buscar su camino, pero siempre respetando lo que ha construido.

Habla de vinos sin alcohol. ¿Son una oportunidad real para una bodega como Villacreces?

Es mi opinión personal, pero todavía no existe una tecnología que dé una buena calidad en un vino sin alcohol. En un vino, aproximadamente un 86% es agua y alrededor de un 13% es alcohol. Cuando quitas ese alcohol, desestructuras el vino. A veces se sustituye con azúcar para buscar equilibrio, y ahí aparece otra controversia: quito alcohol, pero meto azúcar. Si vas hacia lo healthy, eso también genera dudas. Creo que todavía queda mucho recorrido para que el sabor de los vinos sin alcohol esté consolidado.

Finca Villacreces acaba de celebrar la décima y última edición del Día Pruno en Valladolid.

Finca Villacreces acaba de celebrar la décima y última edición del Día Pruno en Valladolid. / Cedida

Cambio climático, sostenibilidad, viñedo ecológico… ¿cuál será la gran batalla del vino español en los próximos años?

Nosotros tenemos todo el viñedo propio certificado en ecológico desde 2017. Pero la gran batalla es el cambio climático, sobre todo por las consecuencias que está teniendo. Cada vez hay más inestabilidad en los rendimientos del viñedo: heladas, granizadas, humedad, enfermedades… No es solo que haga más calor o que se vendimie antes, aunque eso también ocurre y por eso cada vez buscamos viñedos de más altitud. El problema es la frecuencia de las inclemencias que afectan al campo y a la viticultura. Desde el punto de vista económico nos está afectando muchísimo. Los seguros agrarios se están multiplicando por dos y por tres precisamente por ese aumento de la frecuencia de episodios climáticos adversos.

Botella de Pruno, uno de los vinos emblemáticos de Finca Villacreces.

Botella de Pruno, uno de los vinos emblemáticos de Finca Villacreces. / Cedida

¿Qué mercados internacionales funcionan mejor para Ribera del Duero?

Los vinos de Ribera del Duero tienen un perfil muy marcado: vinos opulentos, con mucha fruta. Hay países a los que les gusta mucho ese estilo. En Europa, Suiza es muy importante para Ribera del Duero. También lo son Estados Unidos y México. En cambio, cuando subes hacia el norte de Europa, los países escandinavos suelen preferir vinos más finos, más delgados, con más acidez y otro perfil de consumo. Y en Asia depende mucho del reconocimiento de la denominación. Rioja tiene una marca muy reconocida, mientras que Ribera del Duero todavía tiene más recorrido por hacer.

Villacreces también ha cerrado una etapa con el Día Pruno. ¿Qué viene ahora?

El Día Pruno nació hace diez años como un festival de música, gastronomía y vino, muy enfocado a que la gente se divirtiera probando y aprendiendo sobre vino. Han sido diez años, hemos cumplido un ciclo y este año queríamos cerrarlo por todo lo alto. Ahora tenemos en mente hacer algo distinto a partir del año que viene. El modelo ha cumplido su recorrido y creemos que era el momento de cerrar esa etapa como pioneros y preparar una nueva propuesta.