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Opinión | INTERNACIONAL

Los bienes culturales, víctimas también de la guerra

En la guerra de Ucrania, cada uno de los contendientes acusa al otro de intentar acabar con su patrimonio cultural

Archivo - El presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski

Archivo - El presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski / Domenico Cippitelli/LPS via ZUMA / DPA - Archivo

Al igual que sucede cada vez más con la población civil de las partes en conflicto, en la guerra de Ucrania los bienes culturales acaban también atrapados entre dos frentes.

La última víctima de esa guerra entre dos naciones eslavas es un complejo monástico de Kiev, uno de los monumentos religiosos más importantes del país, incendiado durante la noche del domingo al lunes en un ataque atribuido inmediatamente por el Gobierno ucraniano al ejército ruso.

El Kremlin desmintió, como era también de esperar, la autoría rusa del ataque e insinuó la posibilidad de que se tratase por el contrario del impacto de un misil antiaéreo ucraniano tipo Patriot.

Es lo que algunos llaman "la sombra de la guerra". En medio de un conflicto armado, la verdad es siempre difícil de establecer. Y no interesa en cualquier caso a ninguno de los bandos ni a quienes ciegamente los apoyan.

Ocurrió, por ejemplo, con la matanza de civiles en Bucha, atribuida por Occidente a las fuerzas invasoras rusas aunque Moscú lo haya negado siempre y culpado, por el contrario, a Kiev. Nadie se ha ocupado verdaderamente de establecer la verdad de lo allí ocurrido.

El monasterio y la catedral de la llamada Dormición (Tránsito) de María, en el corazón de la capital ucraniana, es un hermoso complejo de cúpulas doradas cuya parte superior data del siglo XVII, pero en cuyos sótanos que cuevas de ermitaños y capillas horadadas en la piedra que se remontan a la Edad Media.

Hace dos años, el presidente Volodímir Zelenski retiró la propiedad del conjunto al patriarcado moscovita y se lo adjudicó a la iglesia ortodoxa, leal a Kiev. La ruptura entre las dos iglesias escaló desde 2018 con la creación de una iglesia ucraniana independiente y se agravó por el apoyo del Patriarcado de Moscú a la invasión rusa.

El incendio intencionado o no de la catedral de Kiev se produjo días después de que un ataque ucraniano dañase en el museo de Sebastopol un diorama patriótico que representa la defensa de la ciudad durante la guerra de Crimea entre el imperio ruso y una coalición formada por el imperio otomano, Francia, el Reino Unido y el Reino de Cerdeña.

La pasada semana, un dron ruso impactó contra el Museo de Arte de la ciudad ucraniana de Járkov, en el noreste de Ucrania y causó también algunos daños materiales aunque no hubiese heridos. En la guerra de Ucrania, cada uno de los contendientes acusa al otro de intentar acabar con su patrimonio cultural. Se censura a los artistas, a los que se identifica ciegamente con el enemigo. Y la lengua deja de ser instrumento de comunicación para convertirse en vehículo de odio.