QUÉ FUE DE...
Carlos Navarro ‘El Yoyas’, el protagonista de la primera expulsión disciplinaria de ‘Gran Hermano’
La verborrea bravucona del catalán le valió para colocarse en varios programas. Luego fue detenido y condenado a prisión por violencia machista

Carlos Navarro, conocido como el 'Yoyas'. / TELECINCO
Carlos Navarro ha merecido el dudoso honor de ser el primer concursante de Gran Hermano expulsado de forma disciplinaria por su actitud violenta. Corría la primavera de 2001 cuando el muchacho, un pastelero en paro de 24 años natural de Hospitalet de Llobregat, entró a formar parte de la segunda edición del reality, que en la primera batió récords de audiencia (llegó a tener un 70% de share) y alcanzó una enorme repercusión social, entre otras cosas, por lo mencionado unas líneas más arriba. A los pocos días de encerrarse en la casa más famosa de Guadalix de la Sierra, Navarro inició una relación pasional y turbulenta con Fayna Bethencourt, una rubia guía turística canaria que desde luego no le iba a la zaga en genio.
Durante una de tantas jornadas, el director de Gran Hermanotuvo que llamar a capítulo a Navarro porque este había amenazado a uno de sus compañeros, Ángel Tous, con pegarle “dos yoyas” si no dejaba de reprocharle su desidia a la hora de realizar las pruebas del concurso (lo que le valió el apodo de El Yoyas). En otra ocasión, el catalán y Fayna empezaron una fuerte discusión después de que él le pidiera a su chica que le preparase el desayuno. Ante la negativa de esta, Navarro se enfadó, le tocó la cara con la mano y acabó agarrándola del cuello para hundir su cabeza en el colchón. En ese momento, Fayna empezó a gritar y amenazó con devolverle la bofetada, a lo que él contestó sin inmutarse: “¿Que me vas a reventar tú? ¿Tú y cuántas? Solo te tengo que dar una con la mano abierta”.
Ante este tipo de situaciones, representantes de la Iglesia católica, partidos políticos, asociaciones de mujeres y consumidores exigieron la inmediata expulsión del catalán. El grupo parlamentario del PP en el Senado llegó a hablar de “violencia inducida” por el programa, pidiendo a Telecinco que explicase si el comportamiento conflictivo del tipo había sido espontáneo o provocado para aumentar la audiencia, y un político de Izquierda Unida insistió en la necesidad de darle pasaporte “por practicar y promover el trato vejatorio sobre la mujer” y de adoptar medidas contra Fayna, “que ha demostrado, cuando menos, tolerar los malos tratos en papel de víctima sumisa que ofrece un pésimo ejemplo”.

Carlos Navarro 'El Yoyas. / SUCESOS
Además, varias organizaciones de mujeres presentaron una querella contra el concursante y la productora, asegurando que este había protagonizado un caso de violencia de género con su novia y cuestionando el proceso de selección de los participantes. Viendo la que se estaba armando, los responsables del programa tomaron la decisión de expulsar a Navarro a modo de medida preventiva. “La falta de tabaco y alimentos puede provocar situaciones que te superen, Carlos. Hemos mirado tus aspectos psicológicos y eres proclive a ponerte muy agresivo, por lo que hemos decidido que tienes que abandonar la casa”, le dijeron al protagonista, que consideraba que todo se había exagerado pero no tuvo más remedio que hacer las maletas para salir de allí.
Por suerte para él, su verborrea bravucona enseguida encontró un hueco en platós como el de Crónicas Marcianas, late night en el que estuvo colaborando varios años. Esto disparó su popularidad, hasta el punto de que, en cuestión de pocos años, tuvo la oportunidad de montar un bar, grabó una canción, publicó un par de poemarios y fichó como polemista en programas donde Fayna y él solían encararse con unos y otros. También tuvo sección propia en Salvados cuando Évole era El Follonero, y hasta encabezó la lista de Decide, una formación independiente del municipio barcelonés de Vilanova del Camí, en las elecciones municipales de 2015. "Era conocido por su forma de hablar, con poca educación, pero directo", comentaría al respecto un exdirigente del partido (según se dijo, Navarro logró acta de concejal, pero decidió no recogerla y en un pispás abandonó la vida política).
Después de eso se le perdió un poco la pista, pero en 2018 salió a la luz que había sido denunciado por malos tratos a su ya expareja Fayna y a sus dos hijos, con quienes hasta entonces residía en Gran Canaria. Tras ser detenido, el juzgado de violencia sobre la mujer de Telde decretó libertad provisional para él y le impuso, como medidas cautelares, una orden de alejamiento de su pareja y sus retoños y la prohibición de vivir en Gran Canaria. “El juzgado ha decidido que la madre de los niños mantenga la guarda y custodia de los menores, pero que la patria potestad se mantenga compartida. El régimen de visitas de Navarro a sus hijos ha quedado suspendido. El presunto maltratador tendrá que pasar a su mujer una pensión de 100 euros por cada hijo hasta que esta medida no sea modificada por orden judicial”, contaba la prensa.
Más tarde, el Juzgado de lo Penal número 5 de Las Palmas de Gran Canaria lo condenó a casi seis años de cárcel por un delito de maltrato habitual y cuatro de lesiones a su exmujer y sus hijos. Alrededor de la misma época, Fayna narró parte del infierno vivido a su lado en una dura entrevista concedida a Lecturas: "Me da pudor contarlo. Yo muchas veces dormía con mis hijos y él entraba y me sacaba. Una vez me arrinconó contra la pared, con su frente pegada a la mía y me cogió del cuello. Las noches siguientes dormía con un lápiz afilado para defenderme. Si hubiera cogido un cuchillo, habría admitido que estaba en peligro real. Una parte de mí no quería admitirlo". En la misma charla admitió que fueron sus propios hijos los que la animaron a denunciar a su verdugo, y que el amor que siente por ellos le dio la fuerza necesaria para poner fin a su tóxica relación.
La sentencia condenatoria de Navarro fue confirmada tras ser revisada por la Audiencia de Las Palmas de Gran Canaria y el recurso en el Tribunal Supremo no llegó a ser admitido. En octubre de 2022, el juzgado ordenó su ingreso en prisión, pero él decidió huir de la justicia. Apenas unos días más tarde se puso en contacto con el diario El Mundo para dar su testimonio y se citó con el periodista de turno en un paraje perdido de difícil acceso. "Ahora no vivo, improviso, con los bolsillos vacíos. Estoy jodido", explicó. “Lo que más me duele es perder a mis hijos. Es la mayor condena que me ha podido pasar, ese amor que me han privado de darles y de recibir". Vestido con una camiseta en la que se leía un mensaje contra la ley contra la violencia de género, aseguró ser inocente y que estaba condenado “por una ley injusta e inconstitucional que, entre otras cosas, a los hombres nos mata civilmente como padres".
Claro que su teoría de que en realidad fue un pobre cabeza de turco no encaja con todo lo que consta en la sentencia. Entre otras cosas, el juzgado consideró probado que las agresiones comenzaron “después del inicio de la convivencia” de la pareja. A esto se añade que el condenado, "con un total desprecio por su dignidad personal e individual", mantuvo una actitud de "control, de desprecio y de humillación” hacia su esposa con insultos y golpes, y que generó en el domicilio familiar un “clima de terror” que afectó a los menores. Cuando El Mundo le preguntó cómo había gestionado él a nivel emocional todo lo ocurrido, el catalán de 49 años dijo que no había ido a psicólogos ni se había medicado: “Durante una época mi psicólogo fue el whisky y mi terapia el espejo, y eso me llevó a siniestrar dos coches en seis meses y que mi vida me importara una mierda".
Según algunas fuentes, Navarro pasó un tiempo permanentemente escondido en una masía propiedad de sus padres en la localidad de Torre de Clamunt, tomando bastantes medidas de autoprotección para evitar ser localizado. Pero en 2024, gracias a un dispositivo que involucró a más de 30 efectivos, los Mossos d'Esquadra pudieron dar con el prófugo, que enseguida pasó a disposición judicial y fue enviado al trullo. “Sí, se ha hecho justicia, pero no tengo la sensación de que sea el fin de la historia, con él desgraciadamente nunca lo es”, contaba entonces su ex, quien todavía sufre episodios de ansiedad y siente miedo respecto a su futuro y el de su prole.
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