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Opinión | TOROS

Jaime Roch

Jaime Roch

Especialista en Toros de El Periódico de España

Lo excepcional de Morante de la Puebla

El genio sevillano se ha convertido en una de las más importantes aportaciones habidas en el panorama taurino actual a partir de ese inmovilismo tan belmontino sufrido por su trastorno disociativo

Morante de la Puebla.

Morante de la Puebla. / Joaquín Corchero / Europa Press

Nadie puede, a estas alturas, poner en tela de juicio la excepcionalidad de Morante de la Puebla, que es, en el fondo, que siga siendo excepcional hoy en día, a sus 46 años, sumido en un tratamiento para el trastorno bipolar de su personalidad y después de tres tardes consecutivas en Sevilla a su máximo nivel una vez reaparecido tras despojarse de la castañeta el pasado 12 de octubre en Madrid.

Lo excepcional de Morante es que todos pregunten -antitaurinos con respeto, indiferentes con la tauromaquia o menos aficionados- por su estado de salud tras la gravísima cornada en la pared esfinteriana sufrida este lunes en Sevilla, por la que tuvo que ser ingresado en la UCI y le obligará a llevar una alimentación parenteral.

Esa cornada se traduce en una carga descriptiva y a la vez simbólica que convierte el asunto taurino en un universal válido para significar siempre la caída del héroe clásico que, en este caso, es el torero para, directamente, engrandecerlo.

Trascendencia

Lo excepcional de Morante también es la trascendencia de su figura en el ecosistema mediático convencional, quien ya ha logrado abrir de nuevo telediarios, llenar páginas de periódicos y, en las redes sociales, es uno de los símbolos más comentados pese a ser un personaje que no responde a los moldes habituales de hoy en día: es artista por ser matador de toros.

El torero Morante de la Puebla sufre una cornada durante la novena corrida de la Feria de Abril.

El torero Morante de la Puebla sufre una cornada durante la novena corrida de la Feria de Abril. / Julio Munoz / EFE

Lo excepcional de Morante es que es un fenómeno viral sin pretenderlo por ser adalid de una liturgia centenaria en un ecosistema digital saturado de influencers y youtubers, dentro de una esfera de cristal cada vez más superficial.

Por eso, lo excepcional de Morante es su excepcionalidad también a la hora de torear, una de las más importantes aportaciones habidas en el panorama taurino de los últimos tiempos. Que también es una manera de desnudarse el corazón y mostrarse tal cual es por la innegable importancia que nos muestra, con tan preclara y ejemplar honradez.

Excepcionalidad

Esa ancha verdad que lleva a cuestas, una inmensa y sencilla verdad -que tiene el regusto y la solemnidad del vino viejo por pura y directa- es lo que provoca esa conmoción en aquellos que lo van a ver a la plaza, una capacidad que se traduce en una experiencia irreductible.

Esa verdad tan excepcional nace de un hombre puro, cuyo calendario ya marca las fechas con el ritmo de los elegidos. Esa personalidad, madurada a través de obsesiones gallistas y lecturas como 'El arte de birlibirloque' de Bergamín, 'Qué es torear' de Gregorio Corrochano y libros del filósofo alemán Friedrich Nietzsche, lo han convertido en un material tan exótico como hipnótico.

La excepcionalidad de su verdad, sin algoritmos ni nada prefabricada ni pretendida, es lo que aporta la intensidad con que el instante de su toreo se incrusta en la retina.

SEVILLA, 20/04/2026.- El diestro Morante de la Puebla da un pase durante la novena corrida de la Feria de Abril de Sevilla con reses de la ganadería de Hermanos García Jiménez, este lunes en la plaza de la Maestranza. EFE/ Julio Muñoz

El diestro Morante de la Puebla da un pase durante la novena corrida de la Feria de Abril de Sevilla con reses de la ganadería de Hermanos García Jiménez, este lunes en la plaza de la Maestranza. EFE/ Julio Muñoz / Julio Munoz / EFE

Pero, precisamente, por torear con esa verdad fue corneado en Sevilla: Morante no se puede ir de las suertes porque, como Belmonte, ahora tiene las 'piernas de trapo' a partir de la depresión severa sufrida a partir de su trastorno disociativo.

De ese inmovilismo tan belmontino ha nacido también su revolución de estas últimas dos temporadas porque, en vez de quitarse del toro, ha reducido su sitio y se ha quedado más quieto que nadie para dejárselo venir muy cerca y construir ese toreo tan auténtico.

De ahí su grandeza torera en estos últimos tiempos, esa diferencia es fundamental con el resto de los matadores. La necesidad, el instinto y el compromiso del genio con el toreo de hoy en día es tremenda. De ahí su excepción.