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Opinión | INTERNACIONAL

¿Por qué es Europa incapaz de emanciparse de Estados Unidos?

Como escribe el semanario alemán Der Spiegel, Europa es un mercado del que no puede prescindir los nuevos señores tecnofeudales de aquel país

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump / GOBIERNO DE EEUU

¿Por qué parecen los países europeos incapaces de emanciparse no sólo militar, sino también económicamente de Estados Unidos?

Donald Trump ve en el sector tecnológico el principal instrumento de sus ambiciones imperialistas, que no se preocupa siquiera de disimular como sus predecesores en el cargo.

Pero lo cierto es que Silicon Valley, donde están radicadas las mayorías de esas empresas, tienen necesidad para su supervivencia económica de un mercado como el europeo con sus 450 millones de consumidores.

Según un estudio del Instituto de la Economía alemana, hasta el 68 por ciento del software que utilizan empresas y consumidores es de procedencia estadounidense.

Y el déficit anual europeo con EEUU en el sector servicios es de unos 95.000 millones de dólares.

Como escribe el semanario alemán Der Spiegel, Europa es un mercado del que no puede prescindir los nuevos señores tecnofeudales de aquel país.

China, que es un mercado mucho mayor que el europeo, no cuenta para las empresas estadounidenses por su rivalidad con Washington, y en África y Latinoamérica no tienen las tecnológicas de momento mucho que ganar.

Así que queda Europa, que, si lograse realmente emanciparse, hundiría el valor bursátil de gigantes estadounidenses como Google, Meta o Microsoft.

Pero no está sólo el sector tecnológico, sino también el financiero, en el que Europa sigue teniendo una dependencia enorme de la superpotencia.

Estados Unidos controla, por ejemplo, el negocio de la tarjetas de crédito gracias a empresas como Visa o Mastercard.

Es cierto que Swift, principal red mundial de mensajería financiera utilizada por bancos e instituciones en cualquier lugar del mando para todo tipo de transferencias de fondos, tiene su sede en Bruselas.

Y por presiones de EEUU tras la invasión de Ucrania, se expulsó del sistema a los institutos financieros rusos utilizando esa red como arma de guerra económica, algo a lo que está acostumbrada la superpotencia.

Sin embargo, Alemania podría, si se lo propusiese, algo que no parece que vaya a ocurrir siquiera con Trump, sacar sus reservas de oro –unas 1.236 toneladas- del edificio de la Reserva Federal en Washington para llevarlas por ejemplo a Frankfurt.

Y podrían también los países europeos utilizar el euro para sus transacciones internacionales en lugar del dólar como ocurre ahora con la mitad de ese negocio.

Pero, como dice también el semanario alemán, nada de eso funcionará mientras Europa no sea capaz de ponerse a la altura de EEUU o de China en el sector tecnológico.

Y ello parece difícil de momento, sobre todo en materia de inteligencia artificial: las mayores compañías especializadas en IA están en California.

Europa tendría que emular lo que ella mismo hizo en su día en el sector aeronáutico cuando en 1970 Alemania, Francia, el Reino Unido y España fundaron el consorcio Airbus, que demostró ser capaz de competir con gigantes estadounidenses como Boeing y McDonnell Douglas, a las que incluso ha superado.

El problema de Europa es que tiene un complejo de inferioridad con relación a Estados Unidos, superpotencia en proceso acelerado de decadencia frente a otra gran potencia emergente como es China, y eso la hace especialmente belicosa, como vemos con Trump.

Es la conocida como trampa de Tucídides, en referencia a aquel general ateniense e historiador de la guerra del Peloponeso entre la liga homónima y la de Delos.

Para la recuperación de Europa haría falta en cualquier caso dirigentes europeos que defendiesen los intereses de nuestro lcontinente en lugar de mostrar, como los actuales, una actitud cercana al servilismo hacia Washington.