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LA ENTREVISTA

Valerie Fritsch, escritora: "El síndrome de Munchausen es el único tipo de violencia casi exclusivamente femenino, ejercida al 99% por mujeres sobre hijos y seres dependientes"

La autora austríaca, una de las más reconocidas y premiada hoy en lengua alemana, pese a ser una desconocida en nuestro idioma ha encandilado a críticos y lectores por su prosa perfeccionista, poética y plástica, y sus temáticas de muy hondo calado. Una estudiosa empedernida que escribe con la precisión que ajusta y dispara el obturador de su cámara: Valerie Fritsch es fotógrafa de formación académica. Leerla es como revisionar los cuentos de nuestra infancia con una mirada adulta. En Limones se adentra en el enigmático pero no tan poco frecuente síndrome de Munchausen: el victimario duerme en la habitación de al lado, puede incluso ser tu propia madre. Un tipo de violencia de marcado signo femenino

Valerie Fritsch, escritora.

Valerie Fritsch, escritora. / Suhrkamp

Elena Pita

Elena Pita

Una casa en las afueras del pueblo, vencida su verticalidad por la fuerza del viento. Imágenes poderosas como esta, una y otra vez, renglón tras renglón, dispara la mirada plástica de esta escritora austríaca hasta no dejar ni un intersticio en sus escenas, de una densidad que la crítica ha comparado con las pinturas de El Bosco, de una crueldad "tierna" que la emparentan con los cuentos de los Hermanos Grimm. Encuentro a Valerie Frtisch (Graz, 1989) enfundada en gorro de lana y ropa gruesa frente a la pantalla de su ordenador, haciendo un alto en su complejo proceso de escritura. Tan volcada está en ello que a veces no le asisten las palabras, y parece dispersa, pero lo que sucede es que la escritura le absorbe hasta la última neurona y terminación nerviosa. En apariencia, vive Fritsch una vida de cuento, pero cuidado con las apariencias. Ella y su pareja (20 años mayor, 5 hijos) acaban de rehabilitar una bodega y sus viñedos que ahora son un hogar y un jardín donde perderse, en la periferia de Viena. Es pleno diciembre y frente a la casa se abre un enorme boquete que será una piscina cuando llegue el verano. Lo hacen todo a mano, entre los dos y con la ayuda de una caterva de escritores reunidos en su amistad y la nueva tierra, plantada ahora de manzanos. Así son los proyectos de Fritsch, obsesivos, pertinaces, concienzudos. Para la escritura de esta su última novela, Limones, estuvo tres años tomando notas y cafés frente a ex convictos asesinos. Al tiempo que se metía en la cabeza de víctima y victimario del síndrome de Munchausen: allí donde la ternura convive con la crueldad en su más estrecha relación. El resultado sobrecoge por su terror y admira por su belleza.

¿Cómo, cuándo y por qué puede el amor convertirse en odio?

El amor nunca está garantizado, cambia continuamente. La respuesta sería demasiado compleja, pero sí, es algo que puede suceder lentamente a lo largo de los años o en un abrir y cerrar de ojos, en un momento de iluminación, decepción, dolor, pena y, sobre todo, pérdida.

¿Tan fina es la línea que separa estos dos sentimientos capitales?

En esta novela, la distancia entre esos sentimientos es corta, muy corta. Se basa en un caso de síndrome de Munchausen por poder, donde el amor y la violencia son intercambiables, confusos e incomprensibles, algo realmente cruel: lo que a primera vista parece cariño es en realidad sólo una forma de maltrato.

Después de haberlo estudiado tan a fondo, ¿cree que se dan muchos casos de este terrible síndrome que no se detectan, que pasan por lo que en apariencia es: una enfermedad física en la víctima?

Se dan con mucha frecuencia, hay un montón de casos no detectados y en diferentes modalidades; no imaginas cuántos, porque es muy difícil diagnosticarlos.

¿Es el caso de los ancianos envenenados por sus cuidadores?

No, ahí no es tan frecuente: se dan envenenamientos sin más. Lo que sí encontré y me sorprendió muchísimo es que para los veterinarios se ha convertido en un problema enorme: son bastante corrientes los casos de Munchausen contra las mascotas domésticas, perros y gatos principalmente.

¡Alucinante! ¿Sería en la mayoría de las situaciones un maltrato ejercido por las madres sobre sus hijos o seres dependientes?

Exactamente, un 99% de los victimarios son mujeres y madres, es un tipo de violencia muy femenina. Normalmente, la violencia es un territorio de hombres, y este es el único tipo de violencia de signo casi exclusivamente femenino, sí, y en su mayoría ejercida contra niños. Mira, hice una gira muy extensa para dar a conocer Limones, muchísimas lecturas públicas, y al terminar, en la firma de ejemplares, se me acercaron bastantes personas para decirme: vaya, ahora entiendo lo que me sucedió en la infancia. Gente que no sabía que esto es un síndrome tipificado y que de pronto ponían nombre al maltrato recibido, del que a lo mejor ni habían sido conscientes, sólo lo sospechaban, no habían llegado a la evidencia como sí ocurre en la novela, y ocurre por casualidad.

¿Es frecuente que el amor oculte una carga de odio, tal y como un crítico alemán observó a cerca de la novela?

Yo diría que el amor es un sentimiento muy complejo que nunca está completamente libre de tensión, de estructuras de poder, miedo, dependencia e incluso crueldad, pero a menudo esto sucede de un modo oculto, sólo apreciable en pequeños gestos no evidentes. He escrito sobre un caso extremo, pero no por ello menos real. Investigué mucho sobre la violencia y la ternura, pasé mucho tiempo hablando con víctimas, agresores, reclusos, incluso asesinos, visité institutos forenses, etc., para hacerme una idea de las muchas formas concretas y prácticas de violencia, y de las historias que hay detrás de ellas.

La mayoría de los asesinos que entrevisté para entender su mente y poder escribir Limones consideraba que había cometido el crimen para resolver un problema, y no se arrepentía

¿Y usted alguna vez ha experimentado algo así, recibir violencia y ternura al tiempo?

Por supuesto, todo el mundo de un modo u otro ha pasado por esta experiencia en la vida.

Valerie, ¿la violencia es siempre un síntoma de debilidad?

A menudo es una forma de mutismo, un sustituto del lenguaje, y a veces sólo una solución conveniente para un problema incómodo. Pero estoy segura de que también en algunas circunstancias es un gesto de empoderamiento, un acto de libertad o simplemente puro poder físico.

¡¿Un acto de libertad?! ¿Defiende el uso de la violencia en algún caso?

Sí, no de un modo estructural, no defiendo una guerra en ninguna circunstancia, pero pienso por ejemplo en las mujeres que necesitan la violencia para liberarse del maltrato y el abuso machistas, y ahí, me parece comprensible, como acto en defensa propia. A veces se convierte en la única forma de salir viva de una situación de abuso o maltrato.

Valerie, sobrentiendo que su relación con su madre ha de ser excelente teniendo en cuenta que han sido coautoras de un libro. ¿Cómo es entonces que llega usted a la idea de escribir un libro sobre el maltrato de una madre hacia su hijo?

La idea surgió después de leer un artículo sobre el síndrome de Munchausen por poder, me pareció la situación perfecta e insólita donde el abuso y el cuidado van tan estrechamente unidos, lo que es algo psíquicamente tan complejo que me fascinó. Y sí, tengo una relación muy cercana con mi madre, pero a la vez muy complicada, debido a su enfermedad y a que yo me dedico a lo que ella siempre deseó ser, o sea escritora. No lo consiguió porque no se atrevió: siempre ha escrito pero nunca ha dado el paso a hacerlo público, en gran parte debido a lo complicada que es nuestra familia. Además, padece desde hace años un tipo de tumor cerebral que ahora se ha estabilizado, pero pasó por momentos muy duros en los que no sabía si iba a seguir viviendo.

¿Fue entonces cuando decidieron escribir a cuatro manos aquel poemario, Kinder der Unschärferelationen (Hijos de relaciones inciertas, en 2015)?

Sí, fue cuando le diagnosticaron el tumor. Entonces pensamos, vale, puede que no nos quede mucho tiempo para estar juntas, y como yo deseaba tanto escribir con ella y ver su trabajo publicado, en un instante, una madrugada, decidimos juntar nuestros poemas en un mismo libro. Fue un proyecto fantástico, pero muy muy íntimo. Y al final incluimos también un poema de mi abuela, que es la persona que más ha influido en mi vida.

Llega usted a la literatura desde la fotografía, una plasticidad que se hace muy notable en su prosa. ¿Acaso no encontró en la fotografía el soporte suficiente para expresar sus emociones y lo que le preocupa?

La fotografía siempre fue un interés secundario, hice un curso nocturno después del colegio, pero entonces ya tenía claro que quería ser escritora: me encantaba la idea de libertad, de poder hacer cualquier cosa con las 26 letras del alfabeto. Y así lo escribí con 15 años en una redacción para el colegio sobre cómo veíamos nuestro futuro a 10 años vista, es decir, a que nos gustaría dedicarnos. Siempre me he sentido obligada a perseguir mis deseos.

¿Libertad u obligación?, porque son cuestiones bien opuestas…

Siempre me he sentido comprometida con mis deseos en el mejor sentido de la palabra. Cuando tengo una idea, un deseo hacia algo, lo que sea, siento la necesidad de tomármelo muy en serio y pasar a la acción. Sí, siempre he creído que los deseos deben respaldarse con la acción, es una forma de buscar la felicidad. Si deseas algo, tienes que actuar, sea cual sea el deseo.

La crítica alemana ha señalado a El Bosco como una gran referencia de su tan plástica y visual prosa. ¿Se reconoce en esta apreciación?

No sé si reconozco mi trabajo en la pintura de El Bosco, pero lo que sí puedo decir es que me encanta la obra de este artista tan genial; hay tantas capas de significado en su pintura, tantos aspectos, que es capaz de mantenerte siempre en vilo. Y es oscuro pero a la vez vivaz, cautivador y muy inquietante.

Valerie, ¿cómo logró estar tres años tomando café con asesinos?

Empecé haciendo un profundo trabajo de investigación con libros, periódicos, publicaciones científicas, etc. Y a continuación quise hacer una aproximación real a los homicidas, de modo que me puse en contacto con una organización que trabaja insertando presos en la sociedad una vez cumplida la condena. Resulta que allí encontré a una mujer maravillosa que es seguidora de mis libros y que quiso ayudarme en el proyecto, y a través de ella conseguí entrevistarme con muchos asesinos e indagar en su historia íntima bajo un mismo prisma: qué se siente al matar a alguien. Fue un trabajo demoledor que me ocupó tres años muy intensos, cuando terminaba de entrevistar necesitaba dormir, dormir y dormir, aunque fuera en pleno día. Es muy intenso que alguien vuelque en ti toda una vida, su fe, su dolor.

¿Encontró arrepentimiento en ellos?

No es muy habitual. El primero al que entrevisté estaba absolutamente feliz de haber cometido un asesinato, convencido de que había sido la decisión correcta y que volvería a hacerlo si se presentara la oportunidad. Me dijo que era la solución perfecta para su problema imperfecto. Y estaba bastante orgulloso de ello. Y lo más inesperado fue cuando un hombre, inclinado sobre una mesita, sonriendo afablemente, me contó lo orgulloso que estaba de haber asesinado a su exmujer, lo acertada que había sido su decisión y que, incluso años después, seguía convencido de que había hecho lo correcto.

¿Qué rasgos comunes encontró en ellos, en términos psicológicos?

Diría que son personas que resuelven los problemas con mucha facilidad, en plan: tengo un problema y voy a por ello. La mayoría consideraba que había asesinado para resolver un problema que tenía.

Valerie Fritsch, escritora.

Valerie Fritsch, escritora. / jasminschuller

Valerie, su literatura, y esto también lo ha remarcado la crítica, se inspira de largo en los cuentos infantiles pero no en historias edulcoradas sino en aquellas que son crueles como la realidad que rodea a los niños. De hecho, ha merecido usted el Premio Hermanos Grimm por su anterior novela, lo que no parece una coincidencia, ¿lo es?

Supongo que no. Y sí, me encanta releer los cuentos infantiles. Todos hemos sido niños, y crecemos lentamente en torno a ese núcleo, y creo que esta es una idea fascinante, si se toma en serio.

¿Está de acuerdo en que la infancia suele ser una experiencia cruel? ¿Cómo fue la suya?

La infancia puede aportarte la confianza necesaria para afrontar el mundo o puede ser todo lo contrario, pero lo que es indiscutible es que todos nos debemos al niño que fuimos. Yo fui una niña muy querida y deseada en medio de una familia con una historia realmente complicada, y siempre se me permitió estar presente en el mundo de los adultos, nunca se me consideraba pequeña para esto o lo otro. Así que crecí rodeada de situaciones y lugares extraños, historias oscuras, enfermedad y una pesada presencia de la muerte, especialmente por mi estrecha relación con mi abuela materna, que ahora tiene 97 años y es una mujer excepcional con un destino excepcional.

¿A qué se debe esa densa presencia de la muerte? Y esos lugares extraños e historias oscuras, ¿a qué se refiere con ello?

Mi abuela tuvo una vida muy extraña y oscura, perdió dos hijos en un mismo día y por razones muy diferentes. Antes aún, había vivido la guerra y la rescataron bajo las ruinas de un edificio bombardeado. Luego sufrió tres ataques cardíacos, pero sigue viva, con la mente súper lúcida, aunque es un saco de huesos.

El amor es un sentimiento muy complejo que nunca está completamente libre de tensión, de estructuras de poder, miedo, dependencia e incluso crueldad

La crítica española ha etiquetado su novela de cozy noir (negro agradable), ¿cree que el término es ajustado? ¿Considera que es la suya literatura negra?

Yo diría que es negra y al mismo tiempo tierna, por tanto, sí, no me ofende esa etiqueta.

Usted misma la ha calificado de una novela sobre la crueldad, ¿por qué le interesa este asunto?

Sí, eso he dicho, de crueldad y violencia, porque son asuntos tan lejanos a mí que quise investigar y saber. Siempre que no entiendo algo me entran una ganas irrefrenables de investigarlo, y este asunto me persiguió durante al menos los tres años que tardé en tener todos los elementos para ponerme a escribir.

Valerie, ¿no es cierto que la familia puede ser un escenario devastadoramente cruel?

Sí, por supuesto, la familia es un sistema de relación muy complejo y salvaje, donde uno no tiene escapatoria. La cercanía siempre genera tensiones, y puede llegar a convertirse en una cercanía no deseada, entonces empiezan a ocurrir cosas descabelladas. Es la condición salvaje de este sistema de relación. Pero después de todo, la familia es un lugar de amor y seguridad, y lo peor es que puede ser el hábitat donde ambas circunstancias se den al tiempo, el amor y la locura, lo que es terrorífico.

¿Le gustaría ser madre? ¿Cómo se imagina la infancia de sus hijos?

Tengo una familia bastante grande, unida y heterogénea, colorida como un patchwork. Soy la tercera esposa de un hombre que es 20 años mayor que yo y que trajo a nuestra relación 5 hijos de entre 11 y 31 años. Así que no, no me aburro: supone un gran reto tanto a nivel logístico como emocional, como puedes imaginar, hay que ser muy generosa. Llevamos tiempo intentando quedarnos embarazados, pero debido a mi endometriosis aún no lo hemos conseguido. Y estamos desde hace más de un año rehabilitando una antigua bodega en unos viñedos en las cercanías de Viena, un tiempo en el que he trabajado más como obrera que como escritora. Tiene un jardín grande y salvaje con viejos manzanos similares a los que se describen en la novela. Hemos construido un hogar donde refugiarnos y un jardín en el que ser libres y perdernos, así que si un día logro ser madre, mi hijo tendrá un precioso lugar para conocer el mundo, y mucho amor a su alrededor.