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Opinión | LA VENTANA LATINOAMERICANA

¿Qué puede esperar América Latina en 2026?

Maduro baila al ritmo de 'No war, yes peace', en medio de las tensiones con EE.UU.

Maduro baila al ritmo de 'No war, yes peace', en medio de las tensiones con EE.UU.

Al igual que para el resto del planeta 2026 no será un año sencillo para América Latina. El horizonte emerge lleno de nubarrones y turbulencias, muchos de los cuales provienen directamente del mismo Hemisferio Occidental en que se encuentra, mientras otras son producto del enfrentamiento global entre Estados Unidos y China. Éste exige, con intensidad creciente, lealtad y alineamiento detrás del hegemón de turno, cualquiera sea por el que se opte o el que le haya caído en desgracia a cada gobierno.

Tanto el Corolario Trump de la Doctrina Monroe, presente en la Estrategia de la Seguridad Nacional 2025, como el Documento sobre la política de China hacia América Latina y el Caribe, conocidos prácticamente en las mismas fechas, describen claramente las ambiciones regionales de las dos súper potencias. Y si bien la propuesta china es más diplomática que la estadounidense y menos injerencistas en sus formas, a nadie se le escapan las ambiciones latinoamericanas de Pekín y Washington, especialmente en lo que respecta al control estratégico de sus materias primas, comenzando por las tierras raras y otros minerales esenciales para la transición digital.

Desde esta perspectiva, 2025 se despide con fuertes amenazas contra el régimen dictatorial de Nicolás Maduro, asediado por mar y aire por el fuerte despliegue militar de Estados Unidos. Dadas las reacciones de unos y otros no sería descartable que las tensiones se extiendan a la vecina Colombia, cuyo presidente, el incontinente Gustavo Petro, también se ha convertido en objeto de la ira de Donald Trump.

El ataque inminente desde hace meses parece hacerse cada vez más inminente con el correr de los días, aunque actualmente nadie es capaz de prever cuándo se producirá el desenlace, que forma tendrá y el precio que deberán pagar los principales actores involucrados en el proceso. Sin embargo, es interesante ver cómo la Casa Blanca ha pasado de poner todos los focos en el narcotráfico y en las rutas de la droga que llevan la muerte a las ciudades de los Estados Unidos al petróleo que “nos han robado” y que, por tanto, debemos recuperar.

Tal cual señaló el presidente de Brasil Lula da Silva, el cierre violento de la crisis podría provocar "una catástrofe humanitaria" en toda América Latina, dada la más que probable desbandada de cientos de miles de venezolanos más allá de sus fronteras. Así, el desborde migratorio se superpondría a una mayor demanda de seguridad y mano dura contra el crimen organizado, con ramificaciones continentales y extra hemisféricas. De todos modos, el objetivo principal del despliegue militar estadounidense parece seguir siendo el cambio del régimen venezolano, y en un contexto semejante no sería improbable que la inestabilidad y la incertidumbre se extiendan intensamente por toda la región.

2026 también se estrenará con otro proceso de alto voltaje, como es la ratificación, o no, del Tratado de Asociación entre la UE y Mercosur, al menos en su parte comercial. Una nueva ruptura de la negociación sería un gran fracaso europeo, ya que en estos momentos la pelota está en el campo de Bruselas. Las señales que se mandarían, no solo a los gobiernos latinoamericanos sino también a otros con los que se han iniciado negociaciones comerciales, serían de debilidad y la prueba palpable de que la UE no es un socio fiable, más allá de su retórica favorable a la construcción de un orden internacional basado en normas.

Otro elemento de gran carga política es la confirmación del llamado giro a la derecha, o incluso a la extrema derecha en América Latina. Desde esta perspectiva será crucial el resultado de cuatro de las cinco elecciones que se celebren el año próximo: Costa Rica, Colombia, Perú y Brasil. La quinta, pendiente de confirmación dada la extrema violencia que se vive en el país, es la de Haití. Estos cuatro comicios permitirán tener mayor certeza sobre el peso del populismo, de los proyectos iliberales e incluso de la presencia de nuevos gobiernos de la derecha más radical. En los cuatro casos señalados podría haber una deriva en esa dirección, aunque tampoco hay que descartar un desenlace opuesto. De momento en Brasil y Colombia los candidatos de izquierda encabezan las encuestas.

Casi al final de año, 4 y 5 de noviembre, se celebrará en Madrid la XXX Cumbre Iberoamericana, crucial para el futuro y la permanencia del proyecto después del lamentable desenlace de la Cumbre anterior, en Cuenca, Ecuador. Una vez más la fragmentación imperante en América Latina y la mala relación interpersonal entre algunos de sus presidentes complica enormemente, cuando no hace imposible, avanzar en cualquier tema de la agenda regional e internacional. Este podría ser otro caso.

Por todo esto habrá que estar muy atento a la evolución de la coyuntura regional y a la evolución de sus procesos políticos, sociales y económicos. Lamentablemente esta Ventana, que últimamente acudía puntual a su cita semanal para intentar echar un poco de luz sobre el continente, se cierra. Espero que en algún momento próximo pueda volver a entreabrirse. Mientras tanto, solo me queda desearles a mis queridos lectores un muy feliz 2026.