Opinión | INTERNACIONAL
Trump: vengativo como Hitler, pero con rasgos infantiloides
Trump se ve rodeado de enemigos y persigue a quienquiera haya dicho algo contra su persona

El presidente de EEUU, Donald Trump / Europa Press/Contacto/Andrew Leyden
El presidente de EEUU, Donald Trump, es un personaje intolerante de toda crítica, narcisista y vengativo como Hitler, pero con rasgos infantiloides. Ése es el retrato psicológico que hace del político republicano el nonagenario psiquiatra Otto Kernberg, él mismo huido con sus padres a Chile desde la Alemania nacionalsocialista.
Según Kernberg, que trabajó a partir de 1961 como profesor de psiquiatría en la Cornell Univesity, de Nueva York, y fue también médico jefe del hospital presbiteriano de esa ciudad, Hitler era mucho más consecuente en la persecución de sus objetivos. Como hoy Trump, el Führer no toleraba las críticas, y si alguien trataba de criticarle, inmediatamente se volvía colérico y se deshacía de él, explica Kernberg en una entrevista con el semanario alemán Der Spiegel.
Ambos son personajes "narcisistas", que "infravaloran la realidad a la vez que sobrevaloran su propio poder", añade el psiquiatra, que pone como ejemplo, en el caso de Hitler, que "sus generales podrían haberle advertido" del peligro de atacar a Rusia.
Pero "o tenían tanto miedo de él o le consideraban alguien tan poderoso" que no osaron decirle lo difícil que sería "derrotar un país enorme como la Unión Soviética, en un momento además en que EEUU estaba a punto de entrar en la guerra".
No sé al lector, pero a este columnista, la falta del sentido de la realidad de Hitler le recuerda lo que sucede ahora, salvadas por supuesto todas las distancias, con el presidente ucraniano y sus aliados europeos.

Interior de una edición original de 'Mein Kampf', el libro de Hitler. / Archivo
Trump muestra al menos como político importantes "rasgos de un peligroso narcisismo", explica también Kernberg, entre ellos la necesidad de mostrar su poder, todo ello unido a "agresividad y sed de venganza". Trump se ve rodeado de enemigos y persigue a quienquiera haya dicho algo contra su persona, añade el psiquiatra estadounidense, según el cual otro rasgo que le caracteriza es "la falta de honestidad con la que combate a sus supuestos enemigos".
"Para él, lo importante es ganar, sin que le importen los métodos para conseguirlo. Sus partidarios le admiran también por el valor con que miente". "Trump les transmite la imagen de que lucha por la buena causa, que combate a una sociedad hostil y mentirosa, por la que ellos mismos se sienten amenazados, y lo hace con sus mismos métodos".
"Cuando niega el cambio climático o declara a los científicos enemigos del Estado, a ojos de sus partidarios demuestra sobre todo valentía". Es también interesante el análisis que hace Kernberg de la fascinación que parecen sentir muchos por el "hombre fuerte" aunque sea alguien que, como Trump, miente y polariza.
"Es lo que en psicología (profunda) conocemos como un gran grupo regresivo: quienes lo integran tienen la sensación de que otros controlan el mundo, que son sus víctimas y tienen que rebelarse" contra esa situación. "Con frecuencia a uno de ellos se le encomienda la tarea de luchar contra ese mundo hostil", explica Kernberg, según el cual "no es un comportamiento propio de adultos, sino más bien infantil, en el que pueden caer quienes sienten gran estrés al tiempo que miedo". "Esa sensación de impotencia es en cierto modo un subproducto de la democracia: uno no está satisfecho con las decisiones de la mayoría y siente que no se le escucha".
Esos que el psiquiatra llama "grupos regresivos" buscan siempre a algún líder. Se ha investigado, explica, a grupos de ese tipo compuestos por centenar y medio de personas, que rápidamente anhelaban un "liderazgo narcisista o paranoico". Por suerte para Estados Unidos, dice Kernberg, no triunfó la rebelión abierta contra la democracia cuando Trump se negó a reconocer su derrota frente al demócrata Joe Biden. "La sociedad estaba mal organizada y Trump no fue capaz de ponerse al frente de un movimiento revolucionario y antidemocrático", explica el psiquiatra.
Trump tiene al mismo tiempo un gran instinto para reconocer lo que quiere la gente, y convertirlo en "mensaje", agrega Kernberg, pero "le falta constancia. Hace grandes promesas, que no sigue hasta el final". Una de esas promesas fue la de acabar en un día la guerra de Ucrania, pero Trump tiene, según el psiquiatra, "miedo a Putin". "No se atreve a enfrentarse a él y ha de disimularlo para que continúe la impresión de poder” que quiere transmitir en todo momento, explica el psiquiatra.
"Podía Trump haber obligado a Putin a poner fin a la guerra de Ucrania, enviando armas más potentes, algo que no hizo. En su lugar, hace declaraciones ridículas, casi infantiles, como la de lo decepcionado que está del presidente ruso". "Y se enfrenta, en cambio, concluye Kernberg, a países pequeños como Colombia o Venezuela, lo que le permite mostrarse como un hombre poderoso".
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